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Guardabosques: Morir defendiendo la “casa común”

RANGER
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Un caso en Paraguay y una labor que también tiene riesgo de vida en Latinoamérica

La muerte de Rumildo Toledo González el pasado 18 de agosto, un paraguayo de 36 años que se desempeñaba como guardabosques en la Reserva Natural Privada Tapyta, departamento de Caazapá, aún genera estupor en el país sudamericano.

Sucedió mientras desempeñaba sus labores como custodio del bosque y entre los principales sospechosos, hay cinco detenidos, se encuentran cazadores furtivos. Junto a Rumildo también resultó herido de gravedad Artemio Villalba, de 21 años, también guardabosques.

Inmediatamente, desde diversas organizaciones vinculadas a la protección del medio ambiente hubo repercusión, ente ellas la Fundación Moisés Bertoni, a la que estaban vinculados.

“Estos hechos aislados de violencia extrema solamente logran galvanizar nuestro temperamento para seguir luchando como sociedad para reducir y eliminar a los delincuentes que quieren apoderarse ilícitamente del patrimonio de todos los paraguayos. ¡Que Dios guarde en su Gloria a Rumildo y que su legado sea un ejemplo para todos nosotros que lo sobrevivimos en esta causa para defender la naturaleza del Paraguay y del mundo!“, expresó la fundación.

 

 

Por su parte, a finales de agosto, desde el Ministerio del Interior de Paraguay se expresó compromiso para esclarecer el hecho luego de que trascendiera un encuentro con la fundación. Fue ahí donde su gerente general, Daniel Jacquet, sentenció: “El asesinato de Rumildo evidencia el peligro constante por el que atraviesan las áreas protegidas en el país y la riesgosa labor de los guardabosques, quienes protegen los recursos naturales que son patrimonio de todos los paraguayos”.

Lo acontecido con Rumildo deja en evidencia que la labor de guardabosques conlleva riesgo de vida no solo en Paraguay, sino también en Latinoamérica. No son líderes sociales –asesinatos más que recurrentes en los últimos tiempos en países como Colombia o Brasil- o defensores ambientales a ultranza, sino tan solo guardianes valientes y honestos de un rico patrimonio natural.

Pero lo acontecido con Rumildo o Villalba no ha sido aislado, pues en los últimos cinco años, recuerda ABC de Paraguay, fueron asesinados dos guardabosques más. En el caso de Rumildo, prosigue el medio paraguayo, era integrante de una familia de trabajadores del campo y se distinguía por su dedicación y responsabilidad. Amante de las cuestiones ambientales, vinculó la esta organización (asociación privada y sin fines de lucro que apuesta al concepto de desarrollo sostenible, el cual es entendido como el proceso de creación de valor ambiental, social y económico. Ver más aquí).

 

 

Detrás del drama y la sed de empoderamiento y hacerse con las riquezas naturales de parte de diversos grupos, están ellos, estos custodios de la “casa común”, quienes también merecen un recuerdo particular.

“Ser guardabosque significa ser patrullero, educador ambiental, guía de turistas, técnico en mantenimiento, mecánico, constructor, ‘auxiliante’ en caso de emergencias de pobladores vecinos, entre otras habilidades”, resaltó a ABC Hugo Mora, gerente de Desarrollo Territorial de la fundación, quien de alguna manera deja entrever que las amenazas, las presiones y la violencia son constantes en la vida de los guardaparques.

“El trabajo de cuidar la Reserva va creando adherentes, pero también detractores, entre aquellas personas dedicadas a actividades ilegales como la cacería, el robo de madera, y las plantaciones de marihuana, especialmente en la reserva ubicada en el departamento de Canindeyú”, agrega Mora, quien reconoce que el peligro es mayor para los guardabosques cuando detrás de estas actividades ilegales hay crimen organizado.

En tanto, en el horizonte, aún resta seguir generando conciencia con respecto a estos temas y que haya más personas dedicadas a tan noble tarea.

La vida en la reserva natural

En la Reserva Natural Tapytá, departamento de Caazapá, se han identificado 6 comunidades naturales, entre las que se incluyen: bosques de altura y estructura variable, sabanas arboladas, humedales, cuevas, ríos y nacientes, destaca la web de la fundación encargada de su custodia

En ella se pueden encontrar diversos mamíferos como el Aguará Guazú o zorro grande (Chrysocyon brachyurus), una esta especie amenazada protegida en Tapytá. También el Yaguarete’i o gato tigre (Leopardus wiedii), amenazada a nivel nacional e internacional.

En cuanto a las aves, Chopi Say’ju (Xanthopsar flavus), una amenazada habita en humedales con vegetación, pastizales naturales y áreas rurales, además del legendario Pájaro Campana (Procnias nudicollis), especie amenazada que habita en bosques altos, o el Tachuri Coludo (Culicivora caudacuta), especie amenazada que habita en sabanas y pastizales naturales secos y también húmedos, destaca la fundación.

 

Con información en base a ABC y Fundación Moisés Bertoni

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