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¿Qué falta en la lucha contra el porno? Un autor cree tener la respuesta

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Sobrellevarlo un tiempo no es suficiente…

“Señor, quiero ver”. Esta simple afirmación en el Evangelio de Lucas (Lucas 18,41) podría hacer que algunas personas se ruborizaran de vergüenza. ¿Por qué? Porque mucha gente se dice en el fondo de su corazón: “¡Solo voy a echar un vistazo!”, ¡Solo esta vez!”, “¡Solo una vez más!” o “¡Miraré cuando no haya nadie observando!”.  Estas pobres almas están atrapadas en una obsesión por la pornografía. ¿Pueden la fe y la ciencia ayudar a quienes luchan contra esto?

Les presento a Steve Pokorny, autor de Redeemed Vision: Setting the Blind Free from the Pornified Culture [Visión redimida: Liberando a los ciegos de la cultura pornificada] y fundador de Freedom Coaching, un sistema de tutoría individualizada diseñada para romper la atracción hacia las imágenes pornográficas. Tuve la suerte de entrevistarlo en The Catholic Current recientemente.

Titulado en teología y psicología y equipado con una franqueza que le permite hablar de las dificultades que él mismo ha superado, Pokorny ofrece esperanza, visión y una nueva forma de vida a aquellos que están al borde de la desesperación.

Aunque hay muchos consejos sólidos y muchos recursos disponibles para aquellos que luchan contra lo que Pokorny llama “imágenes pornificadas”, incluyendo software de filtrado y de responsabilidad, grupos de apoyo, terapia, dirección espiritual, etc., él insiste en que si se siguen a solas o incluso en grupo, es probable que sean insuficientes. ¿Qué es lo que falta?

“Estas técnicas no resuelven el problema; a menudo se convierten en meros mecanismos para sobrellevarlo, permitiendo que una persona simplemente se las arregle durante un periodo de tiempo”, insiste Pokorny.

La razón por la que la mayoría de las personas con fijación a la pornografía no experimentan una libertad sostenida y duradera es que nunca han aprendido a alcanzar formas saludables de intimidad”.

“Esto solo es posible a través de la recepción de una visión redimida del cuerpo humano. Aunque desde una perspectiva teológica cristiana la perfección definitiva y la pureza de visión solo se alcanzarán en el Cielo, creemos firmemente (y lo hemos experimentado nosotros mismos) que Jesucristo espera más de nosotros en esta vida que meros mecanismos para sobrellevar un problema”.

“‘¡Cristo nos libertó para que vivamos en libertad!’ (Gálatas 5,1). Su gracia puede hacer posible que hombres y mujeres experimenten una ‘visión redimida’ en una capacidad mayor de la que típicamente se supone que es posible”.

Me sentí tentado a preguntar: “¿Cómo es esa ‘visión redimida’?”.  Tal vez sería mejor preguntar: “¿Cómo es la ‘visión redimida’ y qué es lo que ve la ‘visión redimida’?”.

Pokorny aborda el tema citando a Paul Loverde, obispo emérito de la diócesis de Arlington, Virginia (EE.UU.).

“Nuestra visión natural en este mundo es el modelo para la visión sobrenatural en el próximo. Una vez que hemos distorsionado o dañado esa plantilla, ¿cómo entenderemos la realidad? Nuestro Señor nos ha dado el don de la vista con la intención de que podamos verlo a Él”.

Pokorny continúa diciendo que la raíz del problema del consumo de pornografía (algo que el individuo consume incluso cuando consume al individuo) es una necesidad de sanar nuestra visión del cuerpo humano.

Antes de su pecado, Adán y Eva estaban “desnudos, pero no sentían vergüenza” (Génesis 2,25). Podían mirarse mutuamente con inocencia, viendo que fueron hechos por Dios y para Dios, que fueron hechos para complementarse mutuamente, que fueron hechos buenos y hermosos.

El pecado envenenó su visión y comenzaron a mirarse el uno al otro con lujuria, como objetos más que como sujetos de reverencia y maravilla.

Pokorny insiste en que la gente puede volver a entrenar el cerebro para ver el cuerpo como Dios lo ha creado.

“Poco a poco, las raíces de nuestro falso deseo de imágenes pornificadas serán reemplazadas por el deseo de amor y belleza real dado por Dios”. De hecho, Pokorny insiste en que debemos “sumergirnos en la belleza”.

Eso me recordó a un banquete de bodas al que asistí una vez. Los músicos se acercaron a cada mesa y preguntaron por peticiones de canciones.

Un anciano pidió una canción de amor. Luego tomó las manos de su mujer, con la que llevaba casado 50 años, y, con lágrimas en el rostro, le dijo una y otra vez: “Para ti… para ti… para ti…”. Ella le respondió con unos ojos silenciosos pero elocuentes.

Esta maravillosa pareja había aprendido a ver como Dios quería que todos viéramos, que nos “sumergiéramos en la belleza” con gratitud, reverencia y amor.

Esta pareja sabía que, mientras se miraba mutuamente, estaba ante el umbral de tierra santa, preparándose para ver el rostro de Dios y vivir.

Esta pareja ilustra los buenos frutos de lo que aconseja Pokorny, que nos recuerda que la sanación duradera que se necesita es una liberación de la pornografía que solamente puede lograrse mediante la obra redentora de Cristo.

Cristo asumió él mismo nuestra naturaleza humana para sanar todo esto. Si llevamos nuestro pecado y nuestras heridas ante él, nuestra visión puede ser redimida.

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