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El Papa: ¡Dios consuela a los que sufren, habiendo sufrido Él mismo!

© Antoine Mekary / ALETEIA
Pope Francis greets the crowd during his weekly general audience on February 10, 2016 at St Peter's square in Vatican.
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El Pontífice expresó su cercanía a quienes han sufrido mutilaciones o invalidez por su trabajo

El papa Francisco ha pedido solidaridad, recursos económicos e integración laboral y social para las personas que han sufrido mutilaciones o invalidez en su trabajo, además de exhortar a prevenir a nivel de salud y seguridad nuevos accidentes o situaciones de riesgo. Lo dijo este jueves 20 de septiembre de 2018 en la Sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano. 

El Obispo de Roma ha recibido hoy a medio día en audiencia a los miembros de la Asociación miembros de la Asociación Nacional de Trabajadores Mutilados e Inválidos (ANMIL) y les manifestó su apoyo y agradecimiento. 

El Papa expresó su cercanía a todos “aquellos que, en el trabajo, sufren un infortunio con consecuencias permanentes y debilitantes, viven en una particular situación de sufrimiento, especialmente cuando su discapacidad les impide seguir trabajando y mantenerse a sí mismos y a sus seres queridos, como solían hacer”. 

Entretanto, explicó que !Dios consuela a los que sufren, habiendo sufrido Él mismo, y se acerca a cada situación de indigencia y de humildad. Con su fuerza, todos están llamados a un compromiso activo de solidaridad y apoyo con  aquellos que son víctimas de accidentes en el trabajo; apoyo que debe extenderse a las familias, igualmente afectadas y necesitadas de confortación”. 

Aprovechó la ocasión para exhortar a que no falten las ayudas necesarias y gratuitas para aquellos que se han infortunado mientras trabajaban. La escasez de recursos que, justamente preocupa a  los gobiernos, no puede tocar ciertamente, ámbitos delicados como éste, porque los recortes deben afectar al despilfarro, ¡pero nunca hay que recortar la  solidaridad!”, expresó. 

Francisco insistió en lainserción o reintegración profesional y social” de estas personas. Pues, ellos todavía pueden dar “una contribución importante al mundo del trabajo, sino a involucrarlos activamente, haciendo uso de sus capacidades”. 

En este sentido, invitó a “superar la falaz y dañina equivalencia entre trabajo y productividad, que lleva a medir el valor de las personas en función de la cantidad de bienes o riqueza que producen, reduciéndolas a un sistema, y envileciendo su peculiaridad y riqueza personal”. 

El Papa pidió dignidad laboral que contrasta con “esta mirada enferma” que lleva “dentro de sí el germen de la explotación y la esclavitud, y hunde sus raíces en una concepción utilitaria de la persona humana”. 

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