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La emotiva carta del obispo que deja todo para convertirse en monje trapense

LORENZO VOLTOLINI
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“No huyo del mundo, sino que entro en él desde una dimensión distinta, la dimensión contemplativa", afirma. Descubre también este monasterio, lugar de paz, en imágenes.

Lorenzo Voltolini, arzobispo de Portoviejo, Ecuador, sorprendió dando un portazo. Nacido el 20 de mayo de 1948 en Poncarale (Brescia-Italia), luego de ser ordenado sacerdote fue enviado como misionero a Ecuador para trabajar en la dióceseis de Latacunga.

Con el transcurso de los años el papa Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Portovejo y posteriormente, en 2007, fue nombrado arzobispo de esa arquidiócesis por Benedicto XVI. En los últimos días, luego de unos 25 años como obispo, el papa Francisco aceptó su renuncia por límite de edad (70 años).

Sin embargo, lo que hasta aquí podría presentarse como un recorrido común como misionero, sacerdote y obispo en una región de América del Sur, en los últimos días se transformó en noticia al trascender su decisión, un tanto particular -y que nada tiene que ver con temas de escándalos, acusaciones o crisis de fe- confirmada a través de una emotiva carta reproducida, por ejemplo, por la Conferencia Episcopal Ecuatoriana.

“Me siento bastante cansado espiritualmente, y pienso que muchos lo hayan notado, sobre todo después del terremoto del 2016, que ha convulsionado el ritmo de mi vida y la de toda la Arquidiócesis di Portoviejo. Pienso sea sabio dejar a otro más joven e capaz de administrar una Iglesia local in crisis positiva di crecimiento”, expresa.

Voltolini cuenta que desde el año 2007 ha estado frecuentando con mayor asiduidad el monasterio trapense de Santa María del Paraíso en Salcedo, provincia de Cotopaxi, un maravilloso lugar de paz que puedes descubrir aquí en imágenes:

 

“Al presentar las renuncia, he contado al Santo Padre también este hecho y él me ha concedido esta gracia, por eso, en noviembre, entraré al monasterio para ser un monje más de Santa María del Paraíso”, señala Voltolini, al tiempo de anunciar que su aceptación como monje de la comunidad.

“La vida misionera y la de obispo me han hecho entender que, sin la oración y una vida interior profunda, la Iglesia no progresa ni sobrevive (…) Ahora estaré a disposición de todos, más que cuando párroco u obispo, porque en la vida  contemplativa podré llegar a todos en el Señor con un auxilio que les refrescará a ustedes en la fe y me preparará a mí al encuentro con Dios para siempre”, añade en otro pasaje de la carta.

“Agradezco y recuerdo a todos. No huyo del mundo, sino que entro en él desde una dimensión distinta, la dimensión contemplativa”, concluye el obispo que dio un portazo, pero no para escaparse, sino para servir a todos de otra manera.

Lea la carta completa aquí:

Portoviejo 14 de septiembre del 2018

11vo aniversario de Arzobispo de Portoviejo

Yo prefiero el paraíso!!!

Queridos amigos

El Santo Padre ha aceptado mi renuncia de Arzobispo de Portoviejo que le presenté todavía el pasado mes de julio.

Tengo “solo” 70 años, de los cuales he vivido 11 en Poncarale, 15 en Seminario, 5 a Passirano como vicario parroquial, 14 a Latacunga como párroco y cerca de 25 in Portoviejo. 44 años de sacerdocio de los cuales cerca de 25 come obispo.

Me siento bastante cansado espiritualmente, y pienso que muchos lo hayan notado, sobre todo después del terremoto del 2016, que ha convulsionado el ritmo de mi vida y la de toda la Arquidiócesis di Portoviejo.

Pienso sea sabio dejar a otro más joven e capaz de administrar una Iglesia local in crisis positiva di crecimiento.

Desde el año 2007 he frecuentado regularmente cada año el monasterio trapense de Santa María del Paraíso en Salcedo, provincia de Cotopaxi, Ecuador, cerca de la parroquia que me confiaron como párroco en Latacunga. En el año 2014 presenté al Superior del monasterio el pedido formal para ser aceptado, cuando se me concediera, en la comunidad monástica, no come huésped sino come miembro monje de  la comunidad.

Al presentar las renuncia, he contado al Santo Padre también este hecho y él me ha concedido esta gracia, por eso, en noviembre, entraré al monasterio para ser un monje más de Santa María del Paraíso.

Espero poder visitar Italia, antes de entrar al noviciado, después del postulantado, para despedirme de todos porque no sé si, una vez hecho monje (sin dejar de ser obispo, naturalmente), podré volver a Italia.

Pido a todos un recuerdo especial en sus oraciones. Por lo que a mí me concierne, prometo que estarán siempre presentes en mis oraciones que, en el monasterio ocupan más de cinco horas cada día. Los tendré conmigo también en el trabajo manual y en las actividades monásticas.

Cuando vine al Ecuador no pensaba absolutamente en el monasterio, porque nunca había estado viviendo en uno. Sin embargo la vida misionera y la de obispo me han hecho entender que, sin la oración y una vida interior profunda, la Iglesia no progresa ni sobrevive.

Ahora estaré a disposición de todos, más que cuando párroco u obispo, porque en la vida  contemplativa podré llegar a todos en el Señor con un auxilio que les refrescará a ustedes en la fe y me preparará a mí al encuentro con Dios para siempre.

El superior de la comunidad que me recibirá, un día dijo, en broma, a un Obispo: “Usted que ha vivido tanto tiempo como Obispo, venga al monasterio para morir como cristiano”. Cuando me contaron de esa invitación hecha a otro yo me dije en seguida: “esa invitación es para mí”, y ahora el Señor está realizando lo que pensé.

Agradezco y recuerdo a todos. No huyo del mundo, sino que entro en él desde una dimensión distinta, la dimensión contemplativa.

Con san Felipe Neri digo con toda alegría: “Yo prefiero el Paraíso”. Amén.

Siempre más de todos y para todos

+ Lorenzo Voltolini

Del Paraíso

 

 

 

 

 

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