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Prohibido jugar a policías y ladrones; mejor jugar a pintar como Van Gogh o Frida Kahlo

MEXICO
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Tamaulipas pone en marcha una iniciativa para educar contra la violencia a los niños

El Estado norteño de Tamaulipas (México), limítrofe con el Estado de Texas (Estados Unidos) es una de las entidades más horadadas por el narcotráfico y la delincuencia organizada en el país.

Cuna del tristemente célebre “Cártel del Golfo” y bastión de “Los Zetas”, Tamaulipas se ha convertido en un constante dolor de cabeza para sus habitantes. Es una región donde los niños aprenden, junto con las primeras letras, a protegerse de las balaceras.

Sin embargo, un grupo de madres de familia, junto con la supervisora de preescolar en la Zona Escolar que comprende los poblados de Nuevo Morelos y Antiguo Morelos, Ana Lilia de la Cruz, han plantado cara a la reproducción de la violencia y ya no permiten que los pequeños jueguen, por ejemplo, “a policías y ladrones”.

En esta región que ocupa el centro-sur de Tamaulipas, dar otras opciones a los pequeños es difícil. No hay museos ni teatros, no hay parques ni sitios de recreación. “Hay miedo y balas”, dicen los colonos. Pero De la Cruz y las mamás de los alumnos y alumnas de preescolar han ideado algo diferente. Algo que sí pueden hacer: estimular su creatividad.

Un sitio peligroso

De acuerdo con la clasificación de 2017 sobre los municipios más violentos de México, elaborado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Publica y Justicia Penal, Asociación Civil, Tamaulipas cuenta con ocho localidades con graves problemas de inseguridad, entre ellas la zona donde trabaja y supervisa Ana Lilia. Muchas familias se han ido de las comunidades atacadas por el crimen organizado, pero ella se quedará en la zona, pues su principal motivación es que los niños sigan aprendiendo.

“No es que no tengamos miedo, pero es como les decimos a los padres, es importante que los niños asistan a la escuela. Estamos viviendo esto como sociedad pero hay que enfrentarlo”, explica De la Cruz al portal web de periodismo mexicano “Animal Político”

Ahí llegó a trabajar en marzo de 2017. En la Zona Escolar número 71, tiene bajo su supervisión diez escuelas preescolares, catorce educadoras y 396 alumnos. La asociación civil Mexicanos Primero la eligió para estar entre quienes recibieron el Premio ABC, un reconocimiento otorgado cada año a docentes con una labor ejemplar.

La estrategia de esta supervisora es la unidad con el equipo de las escuelas y con las familias de los alumnos, trabajo duro y enseñar a los niños opciones distintas a la violencia. Junto con los profesores elabora las actividades alternativas que se hacen en cada clase, por lo que siempre está pendiente de los retos que surgen una vez que se implementan en las aulas.

Responsabilidad compartida

“Todos hemos asumido la responsabilidad de que los niños asistan a la escuela y aprendan. Pero también de que en las clases se sientan a gusto y puedan expresarse. Ellos escuchan las pláticas de los mayores. Saben lo que se vive en la región. Así que queremos que en la escuela escuchen otras cosas, se interesen en eso y estén contentos”, dice Ana Lilia de la Cruz a “Animal Político”.

Entre sus logros, dice, ya ha hecho posible que los alumnos de sus preescolares hablen de las pinturas del pinto Fernando Botero o de la mexicana Frida Kahlo.

“Hacemos actividades donde ellos reproducen obras de arte. Un alumno reprodujo muy bien “La Noche Estrellada” de Van Gogh… Luego la gente cree que porque viven en comunidades no pueden hacer esas cosas. Pero sí se les da el espacio, la oportunidad, claro que pueden”, afirma De la Cruz

Para lograr ese impacto, los docentes y Ana Lilia mantienen a los padres involucrados en las actividades de la escuela. “No los llamamos para que vengan a limpiar los vidrios o cosas así, como solía hacerse. Ahora trabajamos directo con ellos en la cuestión pedagógica. El padre debe ser parte del aprendizaje de los niños”, subraya a “Animal Político”.

Padres e hijos

Los viernes, por ejemplo, una mamá acude a leer un cuento. Pero es algo que se prepara con anticipación entre la lectora y los profesores. Cuando llega al salón la invitada sabe que, después de narrar la historia, hará un cuestionamiento dirigido para ver qué aprendieron los alumnos de la lectura.

“Con eso los niños no solo aprenden, les da mucha seguridad ver a sus padres haciendo una actividad que por lo general solo hacen sus profesores”, explica la maestra y supervisora de preescolar al portal web mexicano.

Las maestras les explican a las madres cómo hacer ese cuestionamiento dirigido y están presentes durante la actividad para apoyar en cualquier duda.

“Algunas mamás hasta vienen disfrazadas de los personajes del cuento que van a leer. Se va corriendo la voz de que una hizo tal cosa durante la actividad y se genera una competencia sana. Y sí, son personas de comunidades, pero, otra vez, si se les da la oportunidad, lo hacen”.

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