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P. Hermógenes, mártir por defender el derecho al agua de los pueblos de América 

HERMOGENES
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Fecha de nacimiento: 16 de septiembre de 1928. Lugar de nacimiento: Ciudad Vieja, Sacatepéquez, Guatemala. Ordenación sacerdotal: 7 de noviembre de 1954, en Guatemala. Párroco de San José Pinula desde el 28 de noviembre de 1966. Fecha de su muerte: 30 de junio de 1978. Lugar: Aldea San Luis, San José Pinula, Guatemala.
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El Papa podría promover la beatificación del siervo de Dios guatemalteco, mártir por el “res­pe­to del agua como ele­men­to pre­cio­so y el ac­ce­so al agua como de­re­cho hu­mano”, con motivo del próximo Sínodo sobre la Amazonía 2019

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Padre Hermógenes es un sacerdote mártir guatemalteco muy querido por la población en general, fue asesinado en cercanías a la Aldea San Luis y se preocupaba por los más pobres de todo San José de Pinula, habitantes de mayoría indígena maya. La gente lo recuerda porque el ‘padrecito’  dio la vida por defender el derecho de su pueblo al acceso al agua. 

Este testimonio que viene de la ‘periferia’ que tanto promueve el Papa Francisco también encarna con su memoria el men­sa­je del pontífice para la Jor­na­da Mun­dial de Ora­ción por el cui­da­do de la Crea­ción 2018, que se ce­le­bró este 1 de sep­tiem­bre 2018, so­bre dos as­pec­tos del agua: “El res­pe­to del agua como ele­men­to pre­cio­so y el ac­ce­so al agua como de­re­cho hu­mano”. 

Quizás si en el futuro, en el santoral romano se inscriba el nombre de padre Hermógenes como protector del derecho al agua de todos los pueblos de América. Además, se espera que su causa de beatificación se acelere con motivo del próximo Sínodo sobre la Amazonía en el año 2019. Sin embargo, estos procesos pueden durar meses, años y hasta siglos. 

De hecho, el arzobispo Metropolitano de Santiago Guatemala, monseñor Oscar Julio Vian Morales, con el decreto 121-08-17 promovió la difusión de la devoción de la causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios, Eufemio Hermógenes López Coarchita (16 septiembre de 1928-30 de junio 1978), que se encuentra en la fase romana. 

Cada año el 30 de junio se recuerda la vida de ese humilde cura que servia a la causa de la fe y su apoyo no solo al pueblo donde era párroco, San José de Pinula (desde el 28 de noviembre de 1966), sino también a los campesinos de la montaña y las comunidades indígenas aledañas. No había cumplido los cincuenta años cuando fue vilmente asesinado en 1978. 

El sacerdote nació en Ciudad Vieja, Sacatepéquez, Guatemala, allí visitamos la Iglesia donde está expuesto su retrato para alimentar la memoria del pueblo; con 15 años entró al Seminario menor en Guatemala y ordenado sacerdote el 7 de noviembre de 1954 por el Arzobispo Monseñor Mariano Rossell Arellano. 

Al llegar a San José Pinula, el 28 de noviembre de 1966, para ser por primera vez párroco, se esmeró por atender las necesidades de los últimos, los necesitados y sin excepción se prodigaba por crear comunidad, cuantas los fieles más ancianos. Sin embargo, pronto se dio cuenta que la realidad era injusta para su gente, y que su misión pastoral tenía también que abarcar la misión social.  

Padre Hermógenes combatió las causas de la pobreza del pueblo y las situaciones de marginación. De esto dan cuenta sus escritos, su Diario, publicado en junio de 2003, los cuadernos donde anotaba sus visitas a los enfermos, el buen número de cartas a autoridades eclesiásticas y civiles. «Señor Jesús: vivo muy contento con ser Sacerdote […]Concédeme salud, para gastar mi vida en tu santo servicio», escribía en su diario. 

También el sacerdote tenía vena periodística pues formaba parte del equipo de redacción de un pequeño periódico de San José Pinula, llamado el Vocero Quincenal.

En el costado derecho de la iglesia del pueblo de San José Pinula están enterrados sus restos. En una urna muy bien adornada y cuidada por la gente, se encuentra la sotana negra y la estola con las manchas de su propia sangre, visibles los huecos de las balas (ver imágenes). 

“¡Mataron al Padre..! Mataron al Padre..!” corrió la voz entre los habitantes del pueblo que lloraban desesperados y las aldeas de San José Pinula, Fraijanes, Palencia, Santa Catarina Pinula eran surcos de procesión para ver el cuerpo martirizado. Como un Cristo de Viernes Santo fue llevado hasta la iglesia y puesto sobre el altar, que cuentan era provisional después del terremoto. San José Pinula se convirtió en aquel momento en un gran altar. 

Las mujeres lloraban, los hombres, algunos que dejaron la bebida gracias al ‘padrecito’ sollozaban de rabia y un pueblo enteró sintió frustración y orfandad. No obstante, San José de Pinula en la memoria de su sacerdote mártir encontró entereza y valor para seguir la lucha contra la impunidad. 

Detrás de un santo sacerdote – cuentan un custodio de la parroquia de la Iglesia de Pinula – hay una gran mujer, su mamá, que ha dado testimonio a la comunidad a pesar de su dolor: “Que Dios perdone a quienes han hecho esto con mi hijo”.

Cerca de Los Cerritos, en las inmediaciones de la Aldea San Luis, a cuatro kilómetros de San José Pinula en la carretera que conduce a Palencia, en la mañana del 30 de junio, unos individuos esperaban al ‘padrecito’ cuando regresaba de visitar a dos enfermos de su parroquia. Aún la justicia no ha esclarecido los hechos. 

Los asesinos pararon con artimañas al sacerdote que conducía su vehículo, un pik-up rojo, e inmediatamente descargaron sobre su pecho varios disparos para luego, a sangre fría, darle el tiro de gracia.

El pueblo no olvida – una señora de la Ciudad de Guatemala nos cuenta – que lo mataron por defender la vida de los más pequeños y pobres campesinos de las montañas de San José Pinula, por defender el derecho del agua y la tierra de la gente más humilde. 

Un sacerdote tachado de subversivo por oponerse al servicio militar forzado, que golpeaba a los jóvenes de las familias más pobres, y por oponerse a la esterilización de las mujeres, con el fin de llevar a cabo campañas de control natal. 

El P. Hermógenes había denunciado los intentos de una empresa privada por entubar el agua de los manantiales de San José Pinula con el fin de comercializarla en la capital de Guatemala. La gente estaba desesperada y habían comenzado a sabotear los sistemas de medición de agua que la empresa colocó en cada río.

El sacerdote temía por un desenlace violento y trató de mediar con las autoridades. Meses antes de su muerte, él había encabezado una caminata hacia la metrópoli. El alcalde se disgustó mucho con el discurso del ‘padrecito’ que terminó con esta frase del Evangelio: “Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico se salve” (Mt 19,24).

“¡Mataron al Padre..! Mataron al Padre..!”, gritó un pueblo herido, ahora desde los documentos de la fase romana de Beatificación, siguen resonando esas mismas voces que llaman al martirio de Padre Hermógenes que podría ser alzado a los altares como defensor del derecho al agua de los pueblos de América. Incluso podría ser que su causa se acelere con motivo del próximo sínodo de la Amazonía 2019. 

Un pastor que sintió y murió por su pueblo. En cierta ocasión, su vehículo se varó en el camino rural polvoriento y pedregoso. Alguien le ofreció un  mulo. «Gracias, pero no», contestó el P . Hermógenes; se quitó los zapatos, así descalzo, continuó su camino con estas palabras: «quiero caminar así, para sentir lo que sienten mis pinulas (así llamaba con cariño a los pobladores de San José Pinula) cuando caminan descalzos». 

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