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3 santas que conocieron el dolor del aborto espontáneo

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Chloe Langr - publicado el 02/09/18

Si te ha pasado a ti, recurre a estas mujeres, que conocen personalmente tu angustia

Aunque el aborto espontáneo sea una angustia que experimenta una de cada cuatro mujeres, perder a nuestro hijo a las ocho semanas de gestación fue increíblemente aislante.

A pesar de que casi todas las mujeres con las que interactué en la sala de emergencias mientras estaba abortando sabían exactamente por lo que estaba pasando, después de regresar a casa desde el hospital, no sabía a quién acudir.

La mayoría de las mujeres que conocía parecían operar según una “regla de las 12 semanas”: no mencionaron que estaban embarazadas hasta que el primer trimestre quedó atrás, en caso de que surgiera un problema en las primeras etapas del embarazo.

Como resultado, no sabía a quién acudir para procesar mi dolor.

Aunque llevé el dolor de nuestro aborto espontáneo al diálogo y a la oración con mi esposo, él y yo procesamos la muerte de Marion de manera diferente.

Yo deseaba estar rodeada de una comunidad de mujeres que supieran por lo que estaba pasando, pero me costaba encontrar mujeres que quisieran conversar del tema conmigo.

Un inmenso consuelo para sanar después de perder a nuestro hijo fue saber que no estaba sola, si miraba a las santas en el Cielo.

Si estás experimentando el dolor de perder a un hijo o una hija a causa de un aborto espontáneo, que sepas que no estás sola: estás rodeada por una gran nube de testigos que saben exactamente el dolor que siente tu corazón. Aquí hay tres santas a las que acudir para llorar la pérdida de tu querido hijo:

Santa Gianna Beretta Molla (1922-1962, Italia)

En los primeros cuatro años de su matrimonio, Gianna y Pietro tuvieron tres hijos: Pierluigi, Mariolina y Laura.

“El amor de Pietro y Gianna era profundo, pero no era fácil, porque Pietro estaba fuera mucho tiempo. Tenía que viajar mucho debido a su trabajo en una empresa de cerillas”, escribe el padre Thomas Rosica, un amigo cercano de la familia Molla.

“Cuando lees las cartas de amor que se enviaban, a veces tienes la sensación de que también hubo momentos de gran dolor porque él estaba lejos y ella estaba criando a los niños”.

Sin embargo, en los siguientes dos años Gianna perdería a dos niños en sendos abortos. Quedó embarazada de nuevo en 1961, pero el embarazo vino con complicaciones.

Cuando tenía ocho semanas de embarazo, su médico se dio cuenta de que Gianna había desarrollado un fibroma uterino.

Aunque el tumor no era canceroso, el médico recomendó que Gianna se sometiera a cirugía para la extirpación inmediata del tumor.

Su médico también recomendó que Gianna y Pietro abortaran a su hijo para garantizar que Gianna se recuperaba, o que se sometiera a una histerectomía que, igualmente, mataría a su hijo.

Gianna optó por una cirugía que solo extirpara el tumor y la operación fue un éxito. Sin embargo, cuando Gianna dio a luz a su cuarto hijo, una niña, Gianna Emanuela, un Viernes Santo, desarrolló una infección séptica.

Una semana después, Gianna murió de peritonitis séptica. El amor sacrificial por su hija impulsó a su querido amigo, el sacerdote Olinto Marella, a iniciar un movimiento popular comunitario para la causa de su canonización en los años 1960.

JOANNA BERETTA MOLLA

Apenas 16 años después de la muerte de Gianna, una mujer brasileña rezó por su intercesión pidiendo ayuda durante un embarazo plagado de complicaciones. Milagrosamente, la moribunda mujer embarazada se recuperó.

El milagro llamó la atención del papa Pablo VI. Más tarde, Gianna fue beatificada por el papa san Juan Pablo II en 1994.

En su misa de canonización en 2004, el esposo de Gianna y sus tres hijos vivos estuvieron presentes para presenciar cómo el Papa declaraba a su esposa y madre una santa.


JOANNA BERETTA MOLLA

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Reflexionando sobre la vida de Gianna, san Juan Pablo II recordó una carta que Gianna había escrito a Pietro antes de casarse.

En la carta, ella escribió: “El amor es el sentimiento más hermoso que el Señor ha puesto en el alma de los hombres y las mujeres”.

El Papa destacó la vida sacrificial que Gianna llevó, diciendo: “El sacrificio extremo que coronó su vida testimonia que solo se realiza a sí mismo quien tiene la valentía de entregarse totalmente a Dios y a los hermanos”.

Santa Celia Martin (1831-1877, Francia)

No sabía mucho sobre la historia de Celia Martin (o Celia Guérin, por su apellido de soltera) antes de experimentar mi aborto espontáneo. Lo poco que sabía de ella giraba en torno a su hija más famosa, santa Teresa de Lisieux.

Pero, además de la Pequeña Flor, Celia era madre de otros ocho hijos. Cinco de sus hijas crecieron hasta convertirse en hermanas religiosas, pero Celia y su esposo Luis también lamentaron la pérdida de cuatro hijos.

Tres de ellos fallecieron en su primer año de vida y perdieron otro a la edad de cinco años. Aunque perder hijos a causa de un aborto espontáneo o de una muerte prematura era una experiencia común en el siglo XIX, el honor y la dignidad que los Martin dieron a sus hijos es inspirador.

ZELIE MARTIN
Wikipedia PD

Zélie Martin (1831-1877) mother of Saint Thérèse de Lisieux.

Los Martin a menudo mencionaban a sus hijos en el Cielo durante las conversaciones con sus hijas vivas.

Aunque fallecieron antes de que naciera, Teresa escribió que la intercesión de sus hermanos mayores fue parte de la historia de su vocación y de su propio viaje al Cielo.

Poco después de la canonización de Luis y Celia, se encargó un icono de la primera pareja de casados que eran nombrados santos juntos en los tiempos modernos.

El icono representa a los nueve hijos Martin, enfatizando la dignidad que Luis y Celia se esforzaron por dar a cada uno de los hijos con los que Dios les había bendecido.

Después de que la cuñada de Celia también sufriera un aborto espontáneo, Celia contactó con ella a través de una carta.

Cuando tuve que cerrar los ojos de mis queridos hijos y enterrarlos, sentí un profundo dolor, pero siempre me resigné a ello”, escribió.

“No me arrepentí de los dolores y las penas que había soportado por ellos. Muchas personas me dijeron: ‘Hubiera sido mejor para ti si nunca los hubieras tenido’. No podía soportar ese tipo de charla. No creo que las penas y los problemas sufridos puedan compararse con la felicidad eterna de mis hijos con Dios. Además, no los he perdido para siempre; la vida es corta y está llena de cruces, y los encontraremos de nuevo en el Cielo. Sobre todo, fue con la muerte de mi primer hijo que sentí más profundamente la felicidad de tener un hijo en el Cielo, porque Dios me mostró de una manera notoria que Él aceptaba mi sacrificio. Por intercesión de mi pequeño ángel, recibí una gracia extraordinaria”.




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Santa Catalina de Suecia (1331-1381)

En 1331, santa Brígida dio a luz a su cuarta hija, Catalina. Catorce años más tarde, Catalina de Suecia se casó con Eggart von Kürnen, un noble alemán. Unida, la pareja se consagró a un matrimonio de castidad perpetua y los dos pasaban su tiempo viviendo las virtudes del Evangelio. Sin embargo, el esposo de Catalina falleció poco después y, aunque muchos hombres cortejaron a Catalina, ella dedicó el resto de su vida a servir a la Iglesia.

KATARZYNA SZWEDZKA
GReihalter/Wikipedia | CC BY-SA 3.0

Catalina viajó con su madre a través de Europa y sirvieron a los pobres que encontraron. Aunque ella nunca experimentó el dolor del aborto espontáneo, Catalina aconsejaba a las mujeres que habían sufrido un aborto espontáneo o que estaban experimentando complicaciones en su embarazo.

Una oración tradicional a santa Catalina dice: “Querida santa Catalina, patrona de quienes han sufrido un aborto espontáneo, tú conoces los peligros que esperan a los niños no natos. Por favor, intercede por mí para que pueda recibir curación por la pérdida que he sufrido. Mi alma se ha visto privada de paz y he olvidado lo que es la verdadera felicidad. Mientras lloro la pérdida de mi hijo/a, me pongo en las manos de Dios y pido fuerzas para aceptar Su voluntad en todas las cosas, para consolarme en mi dolor y para tener paz en mi pena. Gloriosa santa Catalina, escucha mis oraciones y pide a Dios que, a su debido tiempo, me conceda un bebé sano que se convierta en un verdadero hijo de Dios. Amén”.

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