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No más grasas y azúcares, ¿será el camino para estar más sanos y adelgazar?

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Pero en realidad los culpables, los que nos predisponen a sufrir más patologías no son estos nutrientes (grasas y carbohidratos) sino los alimentos que seleccionamos a diario

Mejorar nuestra alimentación nos lleva a modificar hábitos alimentarios, no es una tarea fácil, pero puede ser necesario para nuestra salud y espíritu hacerlo. Es un cambio de estilo de vida, progresivo, y en el cual se va aprendiendo en el camino y manejarnos con la convicción de que menos es más (menos cantidad y más calidad).

“La espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo” Laudato si 222, pag168. 

A veces un comienzo es mirar más las etiquetas, aunque no entendamos mucho, o elegir productos mejor calidad nutricional, como aquellos bajos en grasa o sin azúcar. 

Leemos en distintos sitios, pero muchas veces nos genera más dudas, debido a los diferentes criterios e información que se manejan acerca de que alimentos son realmente saludables o cuales deben ser los que tengo que incorporar en mi dieta.

Uno de las dudas muy recurrentes es “hay que dejar de comer grasas y azúcares porque son malos para el corazón”.

Las grasas se convirtieron en el enemigo de nuestra salud

 

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Una de las directrices dietéticas del Ministerio de Agricultura de Estados Unidos basada en un estudio científico en los años 80 recomendaba evitar el colesterol y grasas saturadas para prevenir la aparición de enfermedades cardiovasculares. Por lo que las grasas pasaron a ser un enemigo para la salud.

Como consecuencia, por ejemplo, consumir huevo pasó a ser como un veneno, y además de esto también se generó un aumento en la producción y masificación del consumo de productos light o bajos en grasas en las góndolas de los supermercados. Ahí fue que empezamos a comprar todo aquello que dijera “bajo o reducido en grasa”, pero no solo eso a la vez hizo aumentar el consumo de carbohidratos refinados y nos olvidamos del azúcar.

Sin embargo, a pesar de haber realizado esos cambios como consumir más productos bajos en grasa, continuo el mismo problema del aumento de la obesidad, diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

Nos podemos preguntar ¿serán entonces los carbohidratos los que dañan la salud?

Bueno, se sigue investigando hasta el día de hoy, pero surge la interrogante si tal vez los malos de la película son los carbohidratos, la consecuencia de esto, la aparición de dietas sin carbohidratos, y más productos ultraprocesados sin azúcar o reducidos.

Pero en realidad los culpables, los que nos predisponen a sufrir más patologías no son estos nutrientes (grasas y carbohidratos) sino los alimentos que seleccionamos a diario.

Lo que debemos buscar para llevar una alimentación saludable y bajar o mantener el peso es mejorar la calidad de lo que comemos y no centrarnos tanto en la cantidad. 

La dieta adecuada es aquella que podemos realizarla y mantenerla en el tiempo (no solo por un par de semanas), sin prescindir de alimentos tan importantes como frutas, hortalizas, entre muchos más.

¿Pero qué sucede con el consumo de las grasas saturadas y trans? 

No todos los ácidos grasos saturados tienen el mismo efecto sobre el perfil lipídico y riesgo cardiovascular. Se ha demostrado que un consumo de grasas saturadas en forma moderada no tiene mayor riesgo de hipercolesterolemia (colesterol alto) ni enfermedad cardiovascular.

No sucede lo mismo con las grasas trans, que si está demostrado un mayor riesgo de padecer enfermedad cardiovascular aterosclerótica al consumir elevadas cantidades de estos ácidos grasos. Por lo que se recomienda reducir su consumo en alimentos ultraprocesados a menos de 1% de las calorías totales.

¿Es recomendable hacer una dieta baja en grasas y carbohidratos?

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Sí se puede hacer una dieta baja en grasas o en carbohidratos, pero sin prescindir de ellos totalmente, porque nuestro organismo los necesita para cumplir adecuadamente muchas funciones, son una fuente energética y de nutrientes esenciales. 

Para ello lo importante es hacer una buena selección de alimentos que nos permita alcanzar nuestras necesidades energéticas, con grasas de buena calidad nutricional, carbohidratos complejos y evitando los carbohidratos refinados.

Cuanto menos mejor de: ultraprocesados como embutidos, bolletería, galletas, refrescos, zumos de frutas de caja, harinas refinadas, alimentos con cereales refinados, azúcar y alimentos que los contengan, golosinas, postres lácteos o yogures que son bajos en grasas pero tienen azúcar, papas chips, bebidas alcohólicas, entre otros. Esta demostrado su asociación entre su consumo con el aumento de peso corporal.

Alimentos a incluir y priorizar: 

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Los más importantes son los más simples, los que se encuentran en la tierra (frutas, vegetales tubérculos, cereales…), son los que no llevan etiquetas, son sanos, sabrosos, nutritivos, aquellos alimentos que son cultivados y cosechados con amor y esfuerzo de los agricultores.

Grasas de calidad son: los aceites crudos como el de oliva extra virgen, canola, de linaza, nueces, pescados grasos, palta, semillas de lino, de chía.

Carbohidratos complejos: los encontramos en frutas, hortalizas, tubérculos, cereales integrales (panes, arroz, pastas integrales), leguminosas (garbanzos, lentejas habas). 

Si vamos a consumir carnes (vacuna, cerdo o pollo) elegir siempre las magras, si es un lácteos enteros o descremados, un yogur natural sin azúcar y huevo es una muy buena alternativa en muchas preparaciones.

Las grasas a la alimentación le proporcionan sabor, saciedad y nutrientes esenciales, los carbohidratos nos dan la energía y la fibra necesaria para cumplir nuestras actividades diarias y el normal funcionamiento de nuestro organismo.

Muchas son las dietas que aparecen a diario para adelgazar y que nos garantizan buenos resultados en pocos días, pero pueden hacernos un daño a la salud y nos dejan con poco animo muchas veces de volver a intentarlo. 

Por ello lo ideal ante la duda recordar menos, es más. Y cuando queramos mejorar nuestra alimentación y/o la de nuestra familia acude a un nutricionista que te ayude, enseñe y brinde las herramientas para tomar decisiones más saludables.

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