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El Papa a los periodistas sobre la acusación de ocultar abusos sexuales: “juzguen ustedes”

POPE FRANCIS,MMWMOF,PRAYING
HANDOUT | WMOF18 | MAXWELL | AFP
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A la vuelta de Irlanda, en el vuelo papal, el Papa respondió a las preguntas sobre la carta del ex nuncio mons. Viganò

Una jornada doblemente intensa la que concluyó ayer para el Papa Francisco. Un segundo día denso de catequesis profundísimas sobre el valor de la familia en Dublín, donde Francisco se entregó a un auditorio difícil en una tierra antes muy católica pero que ahora está recuperándose de los recientes escándalos que han afectado a una iglesia demasiado anclada a las glorias del pasado y poco atenta a los horrores del presente.

Al mismo tiempo, esa mañana, se hacía pública al mismo tiempo en varios medios de todo el mundo una carta llena de acusaciones contra el pontífice de el ex nuncio en Estados Unidos, monseñor Carlo Maria Viganò, arzobispo ya conocido en los medios de comunicación por el caso Vatileaks.

A su vuelta de Irlanda, en su acostumbrado coloquio con la prensa, Bergoglio afrontó la cuestión de las acusaciones: “Leí esta mañana ese comunicado de Viganò. Digo sinceramente questo: léanlo ustedes atentamente y hagan su juicio personal. Yo no diré una palabra sobre esto. Creo que el documento habla por sí solo. Ustedes tienen la capacidad periodística suficiente para sacar conclusiones, con su madurez profesional”.

Intentemos comprender si esas acusaciones tienen fundamento o plausibilidad.

Monseñor Carlo Maria Viganò, obispo que quería hacer carrera en la Curia, decidió comunicar al mundo su versión de los hechos, con un documento de unas 11 páginas en donde reconstruiría que la Santa Sede tenía conocimiento de toda la cuestión de McCarrick al menos desde el 2000, es decir, siendo Juan Pablo II reinante, y que fue quien le promovió a finales de ese año a arzobispo de Washington y quien le creó cardenal el año siguiente: ya se sabía entonces – dice el obispo – que el prelado invitaba a sus seminaristas a dormir con él en su casa de la playa.

Viganò, en su escrito, acusa a muchos altos miembros de la Curia de todas las “gestiones” pasadas y presentes. Acusa a algunos cardenales, en particular a los secretarios de Estado Angelo Sodano y Tarcisio Bertone, y a los ex sustitutos Leonardo Sandri y Fernando Filoni, que en su opinión no tomaron las disposiciones oportunas contra McCarrick.

Especialmente, acusa a Sodano de haber aprovechado el estado de salud de Juan Pablo II para hacerle aprobar el nombramiento y sobre todo la púrpura cardenalicia. Pero en 2000, el año del Jubileo, el pontífice estaba mal físicamente pero era mentalmente lúcido, como 2 millones de jóvenes católicos presentes en Tor Vergata pueden atestiguar.

Además, el cardenal Giovanni Battista Re – que según Viganò, como neo-Prefecto de la Congregación de los obispos se opuso por escrito al nombramiento de McCarrick – era una persona muy cercana al Papa y al secretario del Papa Wojtyla, monseñor Stanislaw Dziwisz. ¿Por qué entonces nadie habló al Papa de las acusaciones contra el candidato al arzobispado de Washington y por qué nadie bloqueó el siguiente nombramiento de cardenal? 

Según Viganò, Benedicto XVI tomó medidas contra McCarrick, pero en secreto, un comportamiento difícilmente explicable, especialmente si se considera que Ratzinger habría tomado esta decisión entre 2009 y 2010 y no habría levantado una ceja viendo que la misma era ignorada por el interesado. Recordemos que Benedicto XVI estuvo en el cargo hasta 2013: ¿cómo podía no saber que se le desobedecía? ¿Y por qué no habría hecho nada? Y en tercer lugar, ¿por qué tomaría una medida “secreta” si tenía que ser un medicinal para la Iglesia?

Viganò dice que el Papa Francisco ha seguido encubriendo a la persona de McCarrick, y sin embargo, la única sanción efectiva y pública contra él ha sido la que ha tomado el pontífice argentino, despojándole de la púrpura e imponiéndole una vida de retiro. ¿Cómo se concilia esta severidad con el presunto laxismo que Viganò denuncia?

No hay que olvidar que en estos casos, la buena fe de quien acusa es tan importante como las propias acusaciones. Viganò habla con cinco años de retraso desde su último coloquio con Francisco. ¿Por qué ha esperado tanto?

Como es sabido, monseñor Viganò nunca digirió el no haber recibido una promoción a cargos en la Curia, en particular en la Gobernación de la Ciudad del Vaticano, puesto que ambicionaba y por el cual mintió a Benedicto XVI cuando el pontífice lo nombró nuncio en EE.UU., después de que las acusaciones lanzadas por él sobre la corrupción en la Gobernación (el caso Vatileaks) se demostraron sin fundamento:

Viganò, para resistirse a su traslado, apeló directamente al Papa y adujo como impedimento la necesaria y obligada asistencia en que estaba comprometido con su hermano, gravemente enfermo y prácticamente incapaz de entender y de expresar su voluntad.

El 7 de julio de 2011, el nuncio escribió al Papa Ratzinger: “Me angustia el hecho de que, teniendo que cuidar personalmente de un hermano mío sacerdote más anciano que ha quedado gravemente impedido por un ictus que lo está debilitando progresivamente, también mentalmente, yo tenga que partir ahora, cuando ya veía poder resolver en pocos meses este problema familiar que tanto me preocupa”.

En realidad, las investigaciones y el testimonio directo de Lorenzo Viganò [el hermano en cuestión], apoyada por documentos de actividad académica, contratos de alquiler, usuarios y otros, muestran una situación completamente diversa. Lorenzo sostiene sin medias tintas que su hermano “escribió falsamente al Papa”, pues vive desde hace décadas en Chicago con absoluta autonomía y nunca ha sido atendido por su hermano, con el que además – por la fecha de la carta – había interrumpido toda relación desde hacía más de dos años, en enero de 2009. “En 1996 – explica – sufrí un ictus, pero poco después volví a mi independencia y, aunque con alguna dificultad física (una hemiparesia izquierda) volví a la vida normal y a los estudios en Chicago” (Corriere della Sera, 16 marzo 2013).

Pero ¿por qué esta reticencia a dejar Roma? Porque lejos de la Curia, las posibilidades de recibir un cargo de prestigio se reducirían enormemente. Probablemente Viganò no perdona a Francisco haber perdido su cómodo apartamento en el Vaticano, según el vaticanista de TgCom24:

tras la vuelta de Estados Unidos, en 2016, el arzobispo volvió a su apartamento dentro de la Ciudad del Vaticano. Apartamento que durante el servicio diplomático en el extranjero no dejó a otro inquilino (como habría debido) pero que había logrado mantener en su poder, […]. Hace unos meses Bergoglio le dio el cese definitivo. No sólo de la Ciudad del Vaticano. El APSA (la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica) el dicasterio que gestiona todos los inmuebles de la Santa Sede, había encontrado al ex nuncio un nuevo acomodo en Via delle Erbe, donde viven otros nuncios retirados. Pero Francisco le hizo saber que sería mejor para él que volviera a su diócesis de origen (el monseñor es de Varese).

Monseñor Viganò, por lo tanto, pide la dimisión al Papa, aunque sabe cómo deben ser libres de la coacción para ser válida, de acuerdo con el derecho canónico, y la impresión general es que ese desencuentro entre las diferentes corrientes de la Iglesia de Roma aún no ha disminuido.

Desde su vuelta a Roma, Viganò se ha visto a menudo con los “Cardenales de los Dubia” (contra Amoris Laetitia) y ha participado en reuniones y conferencias con grupos explicícita y claramente contra Francisco (HuffPost). Según la agencia Ansa, tras este movimiento de Viganò podría estar también la “longa manus” de parte del episcopado americano, que no aceta la línea dura emprendida por Francisco contra los representantes del clero que se han manchado de lo que el mismo Bergoglio define “crímenes” (Rep).

Por ahora, la estrategia pretende deslegitimar, poner bajo presión a Bergoglio exactamente igual que se hizo con Ratzinger, afectado precisamente por la tormenta provocada por las declaraciones sin fundamento de Viganò. Benedicto, como Francisco, estaba intentando hacer limpieza y poner orden en los asuntos vaticanos, pero encontró resistencia, la misma que encuentra el papa argentino.

La decisión de Benedicto de renunciar a su cargo demostró que existía un problema y que quien remara en contra asumía una grave responsabilidad: en vez de ayudar a Pedro a gobernar la Barca de la Iglesia, le saboteaba. Ahora esta tormenta, por el momento elegido – un viaje tan delicado como la Irlanda de los abusos – intenta presionar para “medir el efecto de una tempestad mediática no solo sobre Francisco, sino sobre el colegio cardenalicio, sobre el episcopado, sobre los teólogos; luego se verá” afirma Alberto Melloni en Repubblica.

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