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Por qué es importante no pelear delante de los hijos

FIGHTING COUPLE
Shutterstock
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Los psicólogos han descubierto que evitar el comportamiento negativo en tiempos de estrés es mejor que compensarlo con gestos positivos

Mis padres tienen una regla fundamental que establecieron al principio de su matrimonio: no discutir delante de sus hijos. Pueden estar en desacuerdo, debatir o incluso frustrarse visiblemente entre ellos, pero nunca dejan que eso se convierta en una pelea mientras estemos en la misma habitación.

Durante un tiempo (cuando era veinteañera y lo sabía absolutamente todo), pensé que era una forma inútil, si no destructiva, de criarnos. Como nunca habíamos visto a nuestros padres discutir, pensaba que no estábamos preparados para la realidad del matrimonio. Realmente pensé que nos habían hecho un flaco favor al no gritarse mutuamente frente a nosotros. Es decir, ¿de qué otra manera se suponía que íbamos a aprender que la gente casada discute, se enfada y se grita? ¿Y que encuentran una forma de superarlo y seguir juntos de todos modos?

Ahora que vivo mis 30, soy consciente de que no sé absolutamente nada. Por ejemplo, no entendí completamente hasta ahora que mis padres no solo tienen una regla sobre la manera en que se tratan mutuamente delante de nosotros, sus hijos, y que aplican una vez que hemos salido por la puerta.

No esperan a que no haya testigos para luego empezar el concurso de gritos; simplemente no se gritan entre sí. No están de acuerdo, a veces discuten, se ponen tensos y de mal humor, pero mantienen esas emociones a raya y evitan que se conviertan en una pelea que lo arrase todo. No se tratan mal, no importa cómo se sientan.

Y eso no es un intento de mantener una falsa fachada para nosotros sobre lo que significa estar casados… Lo que hacían (y siguen haciendo) era modelar para nosotros la forma en que debíamos tratar a la gente, a todas las personas, pero especialmente a nuestros futuros cónyuges.

Según parece, mis padres eran unos adelantados a su tiempo. La revista Thrive Global informa que los psicólogos están empezando a darse cuenta de que cuando se trata de relaciones, no tratarse mal el uno al otro es más importante que las acciones positivas:

En una publicación para Journal of Family Psychology, Keith Sanford, profesor de psicología y neurociencia, y la doctoranda Alannah Shelby Rivers llegaron a una conclusión importante después de estudiar a más de 400 parejas casadas o que convivían: contener las emociones negativas durante momentos de estrés es mejor para tu relación que mostrar un comportamiento positivo.

Como dice Sanford: “Cuando la gente se enfrenta a situaciones estresantes de la vida, son especialmente sensibles al comportamiento negativo de sus parejas, como cuando un compañero parece tender a la discusión, es demasiado emocional, retraído o no hace algo que se esperaba que hiciera. Por el contrario, son menos sensibles al comportamiento positivo, como darse consuelo mutuamente…”.

Hemos evolucionado para percibir de forma destacada valores atípicos en nuestro entorno. Ver a los vecinos caminar por la calle (con suerte) inspira calma y comodidad. Un extraño corriendo a toda velocidad mientras mira hacia atrás nos enciende una alarma. Se inicia el sistema de lucha, huida o parálisis.

Esto es efectivamente lo que sucede cuando una pareja está siendo demasiado crítica o abiertamente cruel contigo. Aunque que los pequeños gestos románticos son dulces, simplemente no tienen el poder de imprimirse en tu conciencia con la misma intensidad que lo hacen los comportamientos negativos.

Todo parece muy obvio cuando se presenta de esta manera. Todos recordamos las palabras duras con detalles vívidos y a veces insoportables, mientras que las palabras amables y los cumplidos tienden a correr por nuestra memoria como el agua que fluye.

Por supuesto, la manera más efectiva de proteger un matrimonio sería protegerse mutuamente de experimentar hostilidad y dejar que ese dolor se entreteja subconscientemente en el tejido del matrimonio. Los desacuerdos son una cosa, incluso las discusiones son a veces inevitables. Pero pelear, retirarse o participar en cualquier tipo de comportamiento con la intención de herir emocionalmente al cónyuge es como sabotear tu propia relación. Las flores y las joyas —o un televisor nuevo y una comida casera— no pueden curar esas heridas o borrar la huella dejada por un comportamiento negativo.

Sinceramente me pregunto cómo pude haber pensado que mis padres pasaron por la vida evitando todas las palabras de riñas que querían decir hasta después de estar todos los hijos metidos en la cama.

Aparte del hecho de que es ridículo, debí haberme dado cuenta de que la manera en que mis padres se tratan entre sí es muy similar a la manera en que nos tratan a nosotros y a sus hermanos, padres y amigos. Hacen lo mejor que pueden para no dejar que sus emociones se descontrolen y no enojarse, porque ya sabían a los 20 años lo que yo tardé una década más en aprender: las palabras no se pueden deshacer.

Las acciones no se pueden borrar. Y el perdón no borra el dolor ni deshace el daño que un momento de ira puede causar. Así que la mejor manera de proteger vuestro matrimonio, o cualquier relación, es comenzar y terminar con control.

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