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¿Tienes a un enfermo en familia? No dejes para mañana el ir a visitarle…

PATIENT

Photographee.eu - Shutterstock

Orfa Astorga - publicado el 21/08/18

¡Cuántos no han lamentado no haberse podido despedir de sus seres queridos, con eso de "ya iré cuando pueda"!

Hubo un tiempo en que me comportaba como si fuera inmortal, pensando que siempre tendría el tiempo y la oportunidad para hacer las cosas que eran verdaderamente importantes en otro momento.

Así pensaba, hasta el día en que estando en un viaje de negocios, recibí la noticia de la muerte de mi queridísimo hermano, a quien siempre traté estrechamente, y, sin embargo, por absurdos motivos no visité en sus últimos días en su lecho de enfermo.

– Discúlpame -le había dicho por teléfono-, he estado muy ocupado, pero en cuanto pueda estoy contigo, tú sabes que en esto de los negocios a veces el tiempo es oro.

– ¡No, hombre! –me contestó– el tiempo siempre es gloria.

Era un hombre de fe.

Tenía una gran deuda afectiva con él, y sé muy bien que se quedó esperando el cumplimiento de mi promesa, misma que pospuse sin imaginar su gravedad.

Mi equivocada actitud, además de dolerme mucho, me hizo ver que él tenía razón en cuanto a que la vida en su extensión, es la suma finita de instantes irrepetibles que solo se presentan una vez, y yo elegí en su momento hacer algo menos importante que acudir a su lado.

Por eso sé que siempre recordaré entre muchas cosas que me enseñó el testimonio de su vida, la conversación que sostuvimos cuando se enteró de que tenía una grave e incurable enfermedad:

– Es curioso –me dijo con irónica seriedad–, hasta hoy el suceso más importante en el pasado de mi vida es haber nacido, y sin embargo no me consta personalmente, así que he tenido que recurrir con fe humana al acta de nacimiento y a ciertos testigos para creer que fue tal cual que entré en el tiempo de mi existencia.

Luego agregó viéndome a los ojos con su característica sonrisa:

–También pienso que el segundo suceso más importante en la vida de toda persona es la muerte, y que a diferencia del primero, si somos responsables de nuestra existencia, podremos asumirla con verdadero sentido personal.

Y con gravedad concluyó: siempre es posible, mientras se viva.

Mi hermano admitió haber venido “de atrás”, cuando movido por el orgullo y el egoísmo había cometido graves errores que finalmente movieron su conciencia a una conversión hacia el amor. Fue de tal forma que a partir de entonces su felicidad siempre pasó por hacer felices a los demás.

Se convirtió así en un hombre de un un corazón sensible, en el que se conjugaba una capacidad de amar que lo hacía vulnerable a decir sí, siempre que podía. Pero estaba dotado igualmente con un sentido de dignidad que lo hacía ser fuerte para decir no cuando era necesario.

Y viniendo de atrás supo progresar en el amor.

Supo engarzar lo que quedó en su pasado con lo que vivía en el presente, esforzándose en proyectarlo hacia el esperanzado futuro.

Para mi hermano en su conversión, nada impedía revalorizar y confirmar los hechos positivos de su pasado en un íntimo examen del presente: “qué he hecho bien, qué he hecho mal, y qué puedo hacer mejor”.

Igualmente, supo renegar de los hechos negativos de su pasado, dotándolos de un sentido nuevo al desarrollar virtudes con una heroicidad que de otra forma quizá no se habría planteado.

Fue por ello que, sin deprimirse, perseveró hacia su destino final a través del trabajo fecundo, los amores hermosos y el sufrimiento asumido.

Viviendo cada instante presente con sabor de eternidad.

  • A través de su trabajo pensando en dejar un mundo mejor poniendo su granito de arena.
  • Amando intensamente el mundo, en la naturaleza, la bondad y su belleza,
  • Acogiendo al prójimo y sobre todo a su familia con un amor sacrificado, diario, hecho de mil detalles de comprensión, de sacrificio silencioso, de entrega que no se nota.
  • Abrazando libremente el inevitable destino.

Tengo la certeza de que la muerte no lo tomó por sorpresa sino lleno de esperanza, y se fue con la paz y la tranquilidad de quien solo se cambia de casa.

Supo acoger su muerte con verdadero sentido personal.

El presente es el único tiempo existencial del hombre porque únicamente en el se puede ejercer la acción y la decisión, únicamente desde él se puede modificar el signo del sentido del pasado y modelar los inciertos contenidos del futuro. El presente es, por lo tanto, el tiempo del hombre por excelencia, un presente que equivocadamente unas veces se vive más teñido de pasado y otras de futuro (Víctor Frankl).

Consúltanos a: consultorio@aleteia.org

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