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‘La mejor banda marcial del mundo’, el conmovedor ejemplo de estos niños afrocolombianos

COLOMBIA
Gentileza James Tenorio Angulo
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Un video grabado por un joven activista cultural se popularizó en las redes sociales y convirtió a niños de un pequeño pueblo en personajes de primera plana

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El video los muestra con toda naturalidad. Niños modestamente vestidos, tarros plásticos que suenan como bombos, cajones de madera parecidos a redoblantes, cajas de cartón que aparentan ser tambores y palos rústicos en lugar de baquetas. El telón fondo, una calle polvorienta y el sonido ambiente, una banda marcial bien acompasada.

Esta escena sin montajes que sorprendió a miles internautas la protagonizan once niños de Magüí Payán, un pobrísimo pueblo del Pacífico colombiano conocido hasta hoy por su abandono y los severos golpes de la violencia de guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes.

La idea de subir un video a YouTube surgió hace dos años cuando a James Tenorio Angulo ―comunicador y promotor de la cultura local― le pareció importante mostrar a los pequeños de origen afrocolombiano interpretando, sin la dirección de un adulto, sus rústicos instrumentos y marchando marcialmente, como si hubieran estudiado en una academia militar.

 

 

«En 2016, cuando vi tocar a esos niños, que en ese entonces tenían entre siete y catorce años, se me ocurrió hacer un video y ponerle por nombre ‘La mejor banda marcial del mundo», relató a Aleteia este joven que lidera la Fundación Jóvenes Educadores. Para James esa denominación no fue exagerada ya que su propósito inicial era mostrarle al mundo que con material reciclable y mucha creatividad por parte de niños muy pobres, se podían hacer «cosas grandes, entre ellas, un grupo musical que podía sonar como una banda marcial bien organizada».

Los elementos utilizados estaban botados en las calles del pueblo y en el basurero municipal. Se trataba de tanques de gasolina, cajas de madera para empacar mercancías, botellones rotos que alguna vez conservaron agua, tapas de cocina retorcidas por el uso y grandes trozos de madera. Aunque fueron los niños quienes los adecuaron para que parecieran y sonaran como instrumentos, el trabajo musical y el paso marcial estuvieron a cargo de jóvenes vinculados a la fundación, entre ellos David Hurtado, el instructor de la banda, de apenas 17 años de edad.

 

COLOMBIA
Gentileza James Tenorio Angulo

 

Con el video, James también logró que personas de diferentes lugares donaran algunos instrumentos indispensables «para poner a sonar a la banda como una banda marcial pero de verdad». Al mismo tiempo escribió un mensaje que plasmó la sensación de olvido de su comunidad: «Somos un pueblo abandonado por el Estado, pero aquí estamos presentes con la niñez recreativa que impulsa ideas para hacer lo que más le gusta, sin importar las comodidades para hacerlo».

El proyecto no creció como se esperaba debido al poco interés de las autoridades culturales y de los padres de familia, pero meses después ―sin que el grupo de unos 30 niños y adolescentes se desintegrara ni la Fundación Jóvenes Educadores desmayara― aparecieron otras donaciones, aunque fue a comienzos de agosto de 2018 cuando el video resucitó y se volvió viral en YouTube, Twitter y Facebook.

 

 

‘La mejor banda’ en Bogotá

De las redes sociales, el desfile de niños pasó a los grandes medios de comunicación y llegó hasta el recién posesionado Gobierno que a través del Ejército los invitó al reconocimiento militar del nuevo ministro de Defensa, Guillermo Botero. Por primera vez algunos de los protagonistas del video y nuevos compañeros salieron de su pueblo y viajaron en un avión militar que los llevó la fría Bogotá y este martes ―como si fueran estrellas― fueron aplaudidos durante una imponente ceremonia encabezada por el presidente de Colombia, Iván Duque Márquez; el gabinete ministerial; los mandos militares y unos 2.000 invitados.

Al final del evento, el presidente saludó a los músicos y les obsequió instrumentos de marca: bombos, redoblantes, timbas, tamboras, platillos, triángulos, liras y trompetas. Inesperadamente, sin haber ensayado ni probado sus regalos, el grupo improvisó con gran calidad un toque y una marcha que sorprendieron al auditorio.

 

 

Gracias a estos niños y sus pintorescos instrumentos, los colombianos supieron de este pueblo perdido al suroeste del país, a más de 280 kilómetros de Pasto, la capital de Nariño, y por lo menos a 850 kilómetros por tierra desde Bogotá. Por ellos también se pudo conocer que Magüí Payán carece de acueducto y alcantarillado y que padecen el azote del narcotráfico, los paramilitares, la guerrilla y la minería ilegal.

De manera inexplicable, el activista cultural de 22 años que hizo visible a la ‘Mejor banda marcial del mundo’, fue marginado del viaje a Bogotá. Tampoco lo hicieron varios de los niños que hace dos años hicieron por su pueblo lo que no ha hecho ningún gobernante. En su lugar viajaron otros niños y algunos adolescentes que no hacían parte del proceso iniciado por Fundación Jóvenes Educadores.

James no está resentido ni amargado por su exclusión. «Al contrario ―sostiene― me enorgullece que mi pueblo ahora sea visible ante el mundo y me emociona saber que gracias al video, a la tarea de la fundación y a los anuncios de las autoridades culturales, el proceso musical y formativo tendrá continuidad. Eso es lo más importante».

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