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¿En el amor no hay edad?

Wavebreakmedia
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El proceso y las edades de la vida, no son las mismas que el proceso y las edades del amor

Se cuenta de un caballero que después de una feliz vida matrimonial quedo viudo a los 55 años. De noble espíritu, bien parecido y aparentando sin lugar a dudas algunos años menos.

Dos años después se descubre atraído por su joven y atractiva secretaria de 34 años y considera la posibilidad de hacérselo notar.  Titubea, pues es honesto, no quiere engañar ni ser engañado. A su aun joven secretaria la situación no lo disgusta y corresponde a su interés, lo que lo vuelve asiduo al gimnasio, a las cremas faciales; así como a modificar su forma de vestir, teñirse las canas y cambiar su peinado disimulando su incipiente calvicie.

Poco a poco se abren al trato afectivo y se enamoran.

El impulso y deseo de estar juntos irrumpe con fuerza en sus vidas. La dinámica unitiva de un amor que se asoma es real, pero su potencia no es absoluta por mucho que ambos lo ansíen. Lo cierto es que las posibilidades biosomáticas del enamorado y las de la joven amada son diferentes, y establecen distancias y limites determinantes.

Eso no les impide iniciar un formal noviazgo.

La energía incansable y el despertar continuo a nuevas emociones sin importar esfuerzos físicos o desvelos de la novia, tratan de ser emulados por el enamorado quien siente ya una cierta pérdida de capacidad para actividades deleitables, mientras disimula un cansino caminar y algunos achaques físicos.

Saltando por encima de esa valla y con autentico amor, después de un año se deciden por el matrimonio y son felices, solo que pocos años después los tiempos biológicos de sus diferentes edades acusan aún más sus efectos.

En un caso así no sería raro que el enamorado tenga la tentación de recuperar la juventud perdida, pero es inútil, ya que el amor no da el poder recuperar los antiguos niveles de testosterona, ni sus antiguos efectos. De la misma manera, por el más sublime sentimiento y deseos de desaparecer tal circunstancia, a la amada no le sería posible anticipar los niveles de estrógenos de la menopausia y sus efectos sobre el entero organismo.

Luego… ¿Aun así es posible el crecimiento continuo del amor conyugal?

La respuesta es…  sí. 

Es posible, porque aun cuando el enamorado está consciente de que su cuerpo masculino ya no es el cuerpo de su juventud por mucho que se esfuerce, puede sin embargo ser conmovido desde la estructura y dinámica que el amor conyugal, de suyo contiene y culmina solo con la muerte.

Una estructura y una dinámica que contienen en si una potencia vivificadora esencial, un “además” que entra en juego si cada uno toma en cuenta esos datos biosomáticos  y sus consecuencias, y no pretende imponer al otro el marco biosomático particular de su juventud o de su vejez .

Pueden de esa manera hasta el final de sus vidas, desde un plano donde los sentidos van cediendo espacio a una dinámica de darse y acogerse desde la plena humanidad del ser varón y mujer en un cada vez mayor entrelazamiento afectivo. 

Lo lograran si evitan que en su dinámica unitiva pretendan igualar o uniformar sus edades sobre un modo juvenil o sobre un modelo viejo de uno de los enamorados, ya que la unión de amor no es en esencia una realidad biológica, ni una de sus edades.

Es decir, comprendiendo, asumiendo y respetando esas diferencias, para configurar una forma de unión posible y no ilusoria. 

El amor no tiene “edad” en el sentido de que a cualquier edad biosomática es posible amarse, es decir, que es posible vivir un proceso unitivo aun cuando quienes se aman tengan edades divergentes o ambos sean ancianos.

Bien se puede decir que muchos matrimonios de ancianos saben más del amor que los jóvenes, porque la unión de amor no tiene edad, aunque los que se amen sí.

Si por el contrario, los personajes de nuestra historia se exigieran anomalías biológicas y orgánicas, en tal caso la unión comenzaría a padecer las consecuencias del irrealismo, ya que comportamientos tan inadecuados como imposibles son destructores en vez de enriquecedores. 

Las edades biosomáticas siguen el ciclo de surgir, alcanzar una cima y decaer hasta morir. Este ciclo no es el del amor. El amor también es un proceso y tiene etapas, pero la estructura de dicho proceso y la dinámica de sus fases contienen una esencia y una finalidad intrínseca y propia.

Sin embargo, entre ambos procesos existe un sinfín de conexiones y reciprocas influencias que pueden ofrecer diferentes grados de dificultad, sobre todo cuando una de ellas busca imponerse sobre la otra.

Por Orfa Astorga de Lira.

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