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El niño merece ser tratado en serio aquí y ahora, no cuando crezca

En el libro “Kiedy znów będę mały” [“Cuando vuelva a ser pequeño”] [“When I’m Little again”], Janusz Korczak pinta con palabras simples el mundo visto a través de los ojos de un niño. El lector no encontrará aquí ni giros y vueltas de la acción, ni momentos emocionantes, ni dramas propios. Pero después de la lectura le será más difícil ignorar el llanto por encontrar un pájaro muerto o por perder a su mascota favorita.

Janusz Korczak: Pegar las alas a la humanidad

Durante una clase, el personaje principal está sentado en su asiento. La maestra lee acerca de los esquimales y sobre el hecho de que el invierno dura allí seis meses, que ellos construyen casas hechas de nieve, y en esas casas, cuando hace mucho frío, incluso pueden encender hogueras. El adulto sabe todo esto y más, pero la vida de los esquimales no le importa. El pequeño niño que escucha todo esto, ve a través de la imaginación las casas de hielo y le dan pena los pobres esquimales que se están congelando y no tienen un refugio adecuado.

Suena la campana, se puede salir al patio. ¿Quién será más rápido? Dos niños salen corriendo con toda la fuerza que tienen en sus piernas. Uno de ellos choca con ímpetu con el director. Oye que le van a llamar a su madre para que venga a la escuela. El niño tiene miedo y le pide que no le cuente nada a su madre esta vez. La maestra sonríe, quiere decir, no ha pasado nada. Esta vez el crimen no tendrá su castigo.

Dos compañeros de clase vuelven de la escuela. Un perro camina junto a ellos y se lame la nariz con la lengua. Los chicos se ven tentados de comprobar si una persona puede hacerlo también. Estiran sus lenguas lo más que se puede. Una mujer pasa y dice: “estúpidos niños, sacando sus lenguas”. “Los niños estúpidos” esconden sus lenguas y cambian de tema. Se preguntan cómo sería si pudieran volar. La pregunta es: ¿cómo pegarle las alas a la humanidad?

¿Se le debe mostrar el respeto a un niño?

Antes de entrar en casa, se paran en la escalera por un momento. Viene corriendo el portero y dice: “¿Qué estáis haciendo en la oscuridad? ¡Marchaos a casa!” La desconfianza es muy desagradable. ¿Por qué los adultos siempre miran a los niños con sospecha?

Los adultos siempre deben ser respetados y obedecidos. De hecho, ¿por qué? ¿Por qué hay que respetarlos siempre y a todos? “¿Y qué se supone que debe hacer Mundek, cuyo padre es un alcohólico?”- se pregunta el protagonista. ¿Por qué deberían los niños respetar a los mayores si los mayores no respetan a los niños?

¿Y cuando el profesor durante toda la clase se está metiendo el dedo en la nariz? ¿Para qué cortarse delante de sus alumnos? Y nos llaman mocosos. Sólo con tal de ofender y humillar. ¿No es de extrañar que cuando los niños crezcan irán por el mundo igualmente de enfurecidos? – pregunta.

Las lágrimas de los niños duelen de la misma manera

Los dramas de los niños no se toman en serio por adultos. Tampoco sus lágrimas. “Los niños lloran más a menudo que los adultos, no por ser lloricas, sino porque sus sentimientos son más profundos y sufren más” – escribe Korczak. Cuando el sufrimiento del niño es muy muy grande, sus lágrimas se secan. “Y cuando menos vas a llorar es cuando los adultos están enojados sin razón. Dejas caer la cabeza y no haces nada. A veces preguntan y no respondes. A veces quieres responder, y solo mueves tus labios y no puedes. Y ellos dicen que eres obstinado.” A veces la terquedad es la única defensa.

Un adulto lo pensará varias veces antes de reirse de otro adulto. Se preguntará si se conocen lo suficiente, si no se ofenderá o si sus palabras no serán inapropiadas. Pero se puede burlar de un niño con total impunidad. Todos a su alrededor se divertirán. El único avergonzado será el niño, pero su vergüenza también se puede convertir en un objeto de burla.

Un buen niño y obediente

El niño debe comportarse bien, ser educado, obediente, tranquilo, no problemático. De una lista muy larga de cosas que no deberían hacerse, forma parte, sin duda, meterse en peleas.

El matón de la clase una vez más se arroja encima de un compañero de clase que es menos fuerte que él. En este momento, un niño obediente irá a buscar a la profesora en el mejor de los casos. Un buen niño que defenderá espontáneamente a su compañero será considerado un niño malo. En fin, entró en la pelea, causó problemas, no fue pacífico.

 Un buen niño le prestará lápices de colores a su compañero. Éste, incluso sin querer, romperá estos lápices. En casa, los padres tratarán al niño bueno como a un niño travieso, y le gritarán que tendrán que gastar el dinero nuevamente en equipo nuevo. Lo harán de tal manera que el niño bueno se sentirá muy malo y muy culpable de haber ayudado a un amigo que le pidió ayuda.

!No, porque lo digo yo! – prohibiciones sin sentido

El personaje principal del libro de Korczak una vez más es travieso. Camina por la calle y encuentra un perrito. Se ve que el perro está hambriento, tiene frío y está asustado. ¿Que hacer? Mamá y papá probablemente no lo dejen tenerlo en casa. Él lo alimentaría con su propio dinero, él mismo renunciaría a los dulces.

Si un niño bueno trae un perro a casa, será un niño travieso porque causará problemas, porque sabía que no podía traer animales. En este momento, él siente una mayor responsabilidad por el perro, que un adulto por su familia. Teme preguntarles a sus padres sobre el problema, tiene miedo de pedirles que encuentren una solución, porque sus pequeños-grandes problemas han sido pasados por alto demasiadas veces.

Demasiadas veces escuchó las prohibiciones soltadas sin ningún sentido, solo para quitarse al niño de encima.

¿Por qué no?, ¿por qué? Porque algo puede suceder, porque prefieren estar tranquilos, porque es innecesario, ¿para qué? Después de todo, una cosa tan pequeña, nada importante. Él pregunta si puede salir con sus amigos. Espera. Los adultos no tienen que esperar tanto como los niños. Supongo que solo el prisionero a la espera que lo dejen libre, piensa.

Korczak sobre el niño: Es una persona respetable, aquí y ahora

El niño merece ser tratado en serio aquí y ahora, no cuando crezca.

Hay como dos vidas diferentes: la suya, seria y respetable y la nuestra, como si fuera una broma. Como son más pequeños y más débiles, son como juguetes. De ahí la falta de respeto. Los niños serán personas adultas en el futuro. Lo serán, así que aún no lo son. Y sin embargo, estamos aquí: vivimos, sentimos, sufrimos. Nuestros años de la infancia. Estos sí que son los años de la verdadera vida. ¿Por qué tenemos que esperar de vivirla también? ¿Están los adultos preparándose para la vejez? ¿Están desperdiciando su energía imprudentemente? ¿Están dispuestos a escuchar los gruñidos de los viejos gruñones? – Korczak pregunta al final de su libro.

El libro “Cuando vuelva a ser pequeño” puede verse como un acto de acusación contra los adultos. Sin embargo, este no era el propósito del autor. Es un incentivo para que los mayores se adentren en el mundo de los pequeños, para que sus corazones crezcan. Para alentarlos a comprender que un buen niño no siempre se corresponderá con la definición de un niño bueno. Un incentivo para no culpar al niño por ser un niño.

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