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Dos mujeres: El triunfo del amor y el perdón

DOS MUJERES
A Contracorriente Films
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La película, protagonizada por la prestigiosa Catherine Deneuve, pasó por la última Muestra de Cine Espiritual de Cataluña y supone una emotiva historia de amor, amistad y perdón

A principios de año, el sacerdote experto en cine, Peio Sánchez, elaboraba una lista de las doce películas imprescindibles del cine espiritual que llegarían a lo largo del 2018 (http://www.periodistadigital.com/religion/arte/2018/01/01/feliz-ano-2018-de-cine-12-meses-12-peliculas-religion-iglesia-cine-espiritual-peio-sanchez.shtml). En el número siete aparecía un título curioso en tanto se calificaba como “cine espiritual” aunque no diera esa impresión al primer golpe de vista. Se trata del drama francés Dos mujeres (Martin Provost, 2017). Sin embargo, algo debía de tener esta película de Martin Provost porque, aunque no tenga un guion, en principio demasiado “espiritual”, había pasado incluso por la Muestra de Cine Espiritual de Cataluña.

El film nos cuenta la historia de Claire (Catherine Frot), una matrona que se dedica con pasión y dedicación a traer vida al mundo. Un día Claire, una mujer madura sin pareja conocida y con una vida bastante solitaria, conoce a Béatrice (Catherine Deneuve), la ex amante de su padre. La vida de Claire da un vuelco brutal al no comprender qué hace entrando en su vida la mujer con la que su padre engañó a su madre.

Sin embargo, muy pronto aunque con paso lento, Dos mujeres va tejiendo una amistad entre dos personas, que al fin y al cabo, estaban solas hasta este momento. Lo que comenzó siendo una incómoda colisión entre dos personajes opuestos se va convirtiendo poco a poco en una historia de complicidad y sobre todo, de perdón.  Es un perdón que parece casi imposible, ya que uno de los personajes, de una manera u otra, ha sido responsable de quitarle la vida a los padres de una de sus protagonistas. 

Conforme avanza la película y pese a su tono dramático, lo cierto es que Dos mujeres consigue diluir entre sus imágenes cierto tono optimista, de alegría de vivir, y esto sin caer en lo facilón. Detalles como que Claire rechace trabajar en un hospital demasiado frío e impersonal donde el trato con las pacientes es casi inexistente porque de lo que se trata es de hace caja con la llegada de una vida al mundo o la imagen del viento agitando las copas de los árboles, invitan a cierta comprensión contemplativa del mundo y de la vida.

Las casi dos horas que dura la película se pasan como un suspiro. No hay efectos especiales, ni sexo, ni violencia gratuita y sin embargo el relato avanza con fluidez sin apartar la mirada de lo que en el fondo es su temática de fondo, la alegría, o la suerte, de vivir.

Ana Arévalo

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