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¿Sabes qué tipo de inteligencia tienes?

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No hay solo un tipo de inteligencia. Identificarlos y conocerlos permite, en un entorno profesional, comprender mejor y comunicarse

Los gerentes con un equipo a su cargo, se ven normalmente rodeados de gente con personalidades muy variadas, tanto en el carácter como en su tipo la inteligencia. Aunque poco conocidos, los diferentes tipos de inteligencia son una sólida clave de comprensión que permite evitar malentendidos durante las reuniones, ayudar a los empleados a progresar, u ofrecer un discurso que pueda obtener mayor apoyo.

Howard Gardner es profesor de Psicología en la Universidad de Harvard que ha estudiado estas inteligencias múltiples. Identificó ocho tipos distintos gracias a los cuales comprendemos el mundo que nos rodea y resolvemos los problemas que encontramos. Si bien todos ellos están a nuestra disposición, usualmente sólo desarrollamos tres o cuatro, siendo uno  el más dominante.

Según él, el objetivo de la escuela debería ser el desarrollo de todas y cada una de estas formas de inteligencia. Su enfoque puede ayudar a entender muchas dificultades que encontramos hoy en día en el sistema educativo con sus modelos de aprendizaje, o en las empresas, con la composición de equipos.

El primer tipo que describe es la inteligencia lingüística-verbal. Por ella se entiende la capacidad de utilizar palabras de manera efectiva, tanto oralmente como por escrito. “Nos permite tener una reflexión y cierta retrospectiva sobre las situaciones, así como definir correctamente nuestros objetivos gracias a las construcciones verbales, detalla Victoire Dégez en su obra Regards de leaders: mieux xommuniquer en situation d’autorité. No podemos manejar ideas sin las palabras que les corresponden”.

Se observa especialmente en escritores, traductores, periodistas o incluso juristas. Si se da en  personas que aman leer, contar o escuchar historias, que hablan con facilidad o que presentan una buena memoria para los datos y nombres, ésta se trabaja igualmente. “A través de la lectura, discursos, presentaciones orales o informes, podemos desarrollar este tipo de inteligencia”, nos dice un instructor.

La inteligencia lógico-matemática, muy valorada en nuestra sociedad, es la capacidad para calcular, estimar, resolver pruebas lógicas y problemas matemáticos o científicos. La persona categoriza mentalmente, piensa de manera secuencial y metódica. Maneja cifras y funciona por hipótesis.

Pierre, ingeniero de formación, se reconoce perfectamente en este perfil: “Este tipo de inteligencia se valora mucho en nuestro sector, pero más generalmente en todos los oficios científicos, así como en las finanzas. La persona viene a poseer un pensamiento deductivo, es decir, que tal hecho conlleva aquel otro, y ama los problemas que implican la lógica”.  Para fomentarla, nada mejor que los cálculos mentales, juegos de números o resolver enigmas.

La inteligencia corporal-cenestésica se activa cuando utilizamos nuestro cuerpo para expresar una idea, una emoción o para conducirse. El cerebro ajusta los gestos en función de la imagen directriz que proyecta. Es esencial en todos los oficios de tipo manual: deportistas, artistas, artesanos, cirujanos… La reconocemos en aquellas personas que tienen, por ejemplo, necesidad de moverse, tocar, coger cosas con sus manos y juguetear con ellas. Los cursos de teatro, juegos de rol, o incluso el bricolaje y el ejercicio físico son buenas maneras de estimular este tipo de inteligencia.

La inteligencia espacial no es otra que la capacidad de pensar en tres dimensiones, y se requiere para tener una representación espacial del mundo. La observamos en personas que son sensibles a las formas y colores, que se saben situar en el espacio, que aprenden por medio de imágenes, gráficos o ilustraciones.

Esta visualización “privilegiada” de los puntos de referencia es útil en muchas profesiones como los arquitectos, navegantes, geógrafos o pilotos. La realización de soportes gráficos o el montaje de películas son medios para desarrollarla, así como la conducción de automóviles, la pintura o la práctica de deportes de tabla.

La inteligencia interpersonal o social no es otra que la facilidad para relacionarnos con otras personas de manera apropiada. Potencia la empatía y la cooperación. Esta inteligencia es necesaria para resolver conflictos y malentendidos, o para negociar asuntos de mutuo beneficio.

“Promovemos estos perfiles en nuestros equipos comerciales, nos confía un directivo de un gran grupo de distribución. Pero también es una competencia que exigimos a nuestros gerentes; aquellos que la dominan pueden evitar muchos conflictos”.

A diferencia de la inteligencia interpersonal, la inteligencia intrapersonal es la capacidad para conocerse bien a uno mismo, para comprender sus emociones y verbalizar fácilmente sus acciones. La persona que la goza tiene generalmente buena estima de sí mismo, tiene autodisciplina y posee un agudo sentido de autocrítica. Guardarse tiempo para uno mismo, escribir un diario o meditar, pueden ayudar a desarrollarla.

La inteligencia musical se entiende por la capacidad de pensar en términos de ritmo y melodía, reconocer piezas musicales, recordarlas, interpretarlas o incluso crearlas. Ocupa un lugar especial en aquellos que tocan un instrumento, componen canciones o, simplemente, viven intensas emociones cuando escuchan música. Mozart es el arquetipo de esta forma de inteligencia.

La inteligencia naturalista es la aptitud de seleccionar, clasificar y organizar los objetos. Este enfoque un tanto enciclopédico aporta una sensibilidad especial a la naturaleza y a lo vivo: flora, fauna, anatomía…

El enfoque de Gardner tiene en cuenta también una última categoría: la inteligencia existencial, también llamada inteligencia espiritual, que se define por la aptitud para cuestionarse el sentido y origen de las cosas. Pero para él, no se trata de una inteligencia en el sentido propio, ya que «impregna» las otras inteligencias citadas arriba.

“De nuevo, cada persona asocia varias formas de inteligencia y su combinación puede ser más o menos adaptada para su oficio o función, nos recuerda un instructor. La inteligencia lógico-matemática, aunque es esencial para ser un buen técnico, no es necesariamente la más adecuada para ser gerente si no se encuentra en combinación con las inteligencias verbal y emocional”.

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