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¿Dónde están las sandalias que usó Jesús?

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Una curiosa reliquia olvidada con el tiempo, que depara a los científicos muchas sorpresas

Peor aún, quien mira las Sandalias de Cristo con mirada científica, duda inmediatamente.

Pues lo que hay en el relicario es una especie de suela ricamente decorada con un sublime árbol de la vida con hojas de oro.

“A ambos lados de la artística suela hay dos sandalias también decoradas ricamente con placas de oro, que más se parecen a un ornamento de coronación que a los objetos de Judea del siglo I, tiempo de Cristo. Desde este punto de vista, todo parece apuntar a una falsificación fantasiosa y hasta chocante del siglo VIII”, arte en el que destacaban los falsificadores de Constantinopla.

Fragmentos das Sandálias de Cristo, encastoados em sandálias de coroação
Fragmentos das Sandálias de Cristo, encastoados em sandálias de coroação

Además, al acudir a los certificados de la reliquia (documentos que garantizan su origen), los especialistas verificaron que en momento alguno se habla de sandalias de Jesús.

Al contrario, los documentos dicen solo “Particulae Sandaliis SS. Salvatoris”. O sea, “Partes de las sandalias del Santísimo Salvador”.

Así, queda claro que sólo algunas partes de las sandalias de Cristo están allí, incorporadas en el interior de las pantuflas  riquísimas en arte y oro.

Pero, para la ciencia, esto es muy insuficiente. ¿Dónde están esas partes no visibles a simple vista? ¿Cómo saber si de hecho son lo que dicen ser?

Análisis científico

Intervino entonces el profesor de genética Gérard Lucotte, para estudiar con criterios modernos las valiosísimas y complicadas piezas.

Él presentó por primera vez sus resultados en una conferencia científica realizada en abril de 2011 en Argenteuil, ciudad hoy integrada en la gran París.

El Prof. Lucotte informó que el análisis químico reveló la presencia de minerales de silicato, incluidos montmorillonita, feldespato, silicato de magnesio y sulfato de calcio, que son característicos del desierto.

La presencia de óxido de hierro también indicaba una región árida como el origen de las partes consideradas de la época que podrían ser fragmentos de las Sandalias de Jesús.

“Aún más reveladores – explicó el Prof. Lucotte – son los trazos de titanio, elemento relativamente raro. Lo encontramos en esta composición en un ambiente rico en hierro conocido como ‘Tierra Roja’, principalmente en un lugar en la tierra: la región que rodea Jerusalén”.

De los análisis, prosigue el especialista, se desprende claramente que bajo los adornos dorados del relicario se encuentran “partículas auténticas de Jerusalén”, que en el siglo VIII ya eran veneradas como reliquias de las Sandalias de Cristo.

En lugares perfectamente identificados se encuentran partes en cuero de la suela de las sandalias con pedacitos de cordones.

Para presentar de modo representativo el valor extraordinario de estas relíquias de Jesús, fueron incrustadas en un calzado real de la época carolíngia.

Testimonios históricos

Los testimonios históricos son de la mayor importancia. Como los muchos dejados por santa Elena (*250 +330), madre del emperador Constantino, que trajo personalmente de Palestina todos los objetos relacionados con Jesús, hacia el año 325.

Santa Elena envió muchas reliquias a Roma, mientras que otras quedaron en Constantinopla.

Un peregrino inglés del siglo XII dejó escrito que vio en esa capital, además de la Corona de Espinas, el manto y el instrumento de la flagelación, las sandalias de Jesús (cf. Gerhard Kuhnke: “Rome et le linceul – scandale à Turin”, p. 32f). En el catálogo de Mesarita figuran también las sandalias.

Relicário aberto das Sandálias de Cristo, Prüm, Alemanha

Como es posible que Jesús tuviese más de un par de sandalias, aún quedan por esclarecer muchos e importantes detalles.

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