Recibe Aleteia gratis directamente por email
Cada día, noticias que dan esperanza: ¡recibe Aleteia por email!
¡Inscribete!

¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

¿Qué es lo conyugal del amor?

PARA TRZYMA SIĘ ZA RĘCE
Pablo Heimplatz/Unsplash | CC0
Comparte

Encontremos su significado en este testimonio de vida que ha llegado a nuestro consultorio

Cuando en un trámite me preguntaron el nombre de mi cónyuge, pensé en lo común que se ha vuelto el usar esta palabra neutra en lugar de esposa o esposo.

El término se refiere a la unión entre varón y mujer por la institución del matrimonio, y también puede significar “uncidos por el mismo yugo”.

Me quedé meditando que ambos significados han aplicado en el desarrollo de mi vida matrimonial, en la que puedo imaginar a mi esposo y a mi jalando un carruaje por sinuosos caminos en los que hemos hecho paradas para descansar un poco y ponernos de acuerdo en la mejor forma de seguir avanzando ante su dificultad, para luego volvernos a uncir al yugo y seguir jalando esforzadamente unidos por el amor.

¿Qué hace conyugal un amor?

En nuestros primeros años de matrimonio el predominio de lo sensitivo fue un fuerte y normal componente, por lo que en las primeras tensiones y dificultades de nuestra relación apelábamos al íntimo abrazo para recuperar el tono amoroso del día a día. Solo que persistían nuestras reales diferencias sin que las resolviéramos y comenzaron a abrirse brechas.

Ignorábamos heridas que podían infectarse. 

Fue después de una severa crisis, (una vez más uno de los dos hubo de pedir perdón, y la oportunidad de recomenzar con la voluntad de entregar lo mejor de sí), cuando reconocimos que nadie da lo que no tiene y que era muy importante formarnos en la realidad del matrimonio e identificar de mejor manera como habíamos llegado al mismo, con una idea equivocada.

Y asistimos a medios de formación para el matrimonio donde comprendimos dos importantes aspectos.

Photo by Becca Tapert on Unsplash

1. La autoposesión para la autodonación

Admitimos había un orden en el amor por el que había que transitar: de ver al otro como un bien para uno mismo a verlo como un bien en sí mismo. Y eso solo podía ser adquiriendo las virtudes necesarias para convertirnos en el mayor bien del uno para el otro, es decir haciendo méritos para merecer. 

Que sexo no es lo mismo que la entera sexualidad que abarca a toda la persona en su apertura y donación hacia el otro al conyugar el amor.

Hablamos de ello y lo hicimos cada vez que fue necesario cuando uno de los dos fallaba, sobre todo para recordarnos que la más de las veces, por ver tan cerca nuestros defectos nos olvidábamos de amarnos.

Siempre parados el uno frente al otro.

La autoposesión y la autodonación permiten conyugar la amabilidad específica del ser humanidad como mujer y como varón.

Cuando digo que dialogamos parados frente a frente, no hablo solo del dialogo inteligente entre dos personas que se aman, sino del que se da para captar plenamente lo que podemos aportar con nuestra propia naturaleza e identidad a través del otro, precisamente porque a través del espejo del otro captamos con mayor hondura lo igual y lo desemejante de nuestra plena sexualidad como varón y como mujer.

RANDKA W DOMU
Shutterstock

2. La confianza

Es necesario poner todo lo propio en manos de alguien querido en quien confiamos plenamente, solo así se da la entrega recíproca y con ella la unión. Cuando ambos son capaces de dar y recibir en un don recíproco, la confianza ya es un modo de donación.

Y comenzamos a descubrir otras formas de manifestar ternura y delicadeza en las que se encontraban íntimamente implicados toda nuestra humanidad tanto en lo sensitivo y lo espiritual, lo mismo en la alegría de vivir como en la abnegación y el sacrificio.

A descubrirnos mutuamente al entregar lo mío como lo tuyo en todas las diferencias naturales como: fuerza física, resistencia, delicadeza, estaturas, sensibilidad, emocionalidad, formas de imaginar, de movimientos, psicología y competencias ante los problemas prácticos y teóricos, más tantas otras diferencias corpóreas y psíquicas que son razón de bondad en la complementariedad y el mayor bien de los esposos.

A amar el cuerpo y el espíritu del otro como si fuera el propio.

Como dos piezas que van encajando cada vez más, hasta fundirse en una.

El amor conyugal aun cuando los contiene, no es propiamente un sentimiento, ni la libido o un impulso irresistible, aun cuando se pueda confundir en alguna etapa del matrimonio. 

No lo es, porque su característica principal es la tendencia de la voluntad a integrar armónicamente todo el complejo de las fuerzas sensitivas y espirituales que concurrieron en la atracción natural a unirse en el matrimonio.

Para conservarlas, restaurarlas y acrecentarlas en orden al mayor bien de los esposos.

Tal es la plataforma necesaria para el despliegue del amor conyugal, que aparece así, como la auténtica apertura personal al otro.

Por Orfa Astorga de Lira.

Consúltanos en: consultorio@aleteia.org 

Boletín de Noticias
Recibe gratis Aleteia.
Los lectores como usted contribuyen a la misión de Aleteia

Desde nuestros inicios en 2012, los lectores de Aleteia han crecido rápidamente en todo el mundo. Nuestro equipo está comprometido con la misión de proporcionar artículos que enriquezcan, inspiren y nutran la vida católica. Por eso queremos que nuestros artículos sean de libre acceso para todos, pero necesitamos su ayuda para hacerlo. El periodismo de calidad tiene un costo (más de lo que la venta de publicidad en Aleteia puede cubrir). Por eso, los lectores como USTED son fundamentales, aunque donen incluso tan poco como 3$ al mes.