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¿Por qué un sacerdote o un seminarista no denuncian el acoso sexual de un superior?

SEMINARIAN
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Las difíciles preguntas que surgen tras el procesamiento del cardenal McCarrick

La pregunta que se hace todo el mundo católico en Estados Unidos, a partir de las acusaciones contra Theodore McCarrick, ex arzobispo de Washington, de abusar de un menor de edad y acosar sexualmente a seminaristas y jóvenes sacerdotes es justamente esta: ¿por qué no lo denunciaron en su momento?

El sacerdote jesuita y director de la revista América, James Martin, da seis razones por las que no se denuncia; razones, dice, basadas en su propia experiencia y en muchas conversaciones con clérigos y miembros de órdenes religiosas a lo largo de los años.

La primera de ellas es que al seminarista o al sacerdote se le etiquete como un “quejoso” o un “alborotador”. Por otra parte, está el deseo de evitar el “escándalo” en una institución a la que las personas se han comprometido y de la que se enorgullecen.

En segundo lugar, dice el padre Martin, existe el temor de que se le pida no “tomar las cosas tan en serio”. Especialmente si el hostigamiento ha continuado durante años y es ampliamente “conocido”, como aparentemente lo fue en el caso de Theodore McCarrick, otros que han sido hostigados o los superiores que lo han sabido pueden alejarlo o minimizarlo como algo que “simplemente sucede”.

En tercer plano, continúa su exposición el sacerdote jesuita, “existe el temor de ser despedido cuando uno lo informa”. Y en el cuarto plano existe el temor a la hostilidad de las personas con las que uno trabaja o, en algunos casos, con las que uno vive.

Por lo tanto, la persona acosada puede decirse a sí misma (o en el caso de las mujeres religiosas): “No vale la pena”.

En quinto lugar, el padre Martin subraya que existe el temor de una simpatía equivocada para el abusador o el acosador.

Muchos abusadores o acosadores son narcisistas y expertos en cambiar el enfoque del abuso o acoso que cometieron a lo difícil que es su vida a raíz de lidiar con demandas o su remoción del ministerio. En otras palabras: “Pobre padre tal y cual”.

Finalmente, en sexto lugar, el padre Martin señala que “existe el temor de la reacción de otras personas que no informaron el abuso o el acoso en el pasado”.

Otros sacerdotes, seminaristas o religiosos que han sido acosados (o incluso abusados) y que no han hablado, “pueden sentir una intensa mezcla de emociones que a veces se traduce en enojo en el que ahora informa”.

El padre Martin resalta que se está venciendo el miedo y que, ojalá, esta victoria se haga “por amor a la Iglesia”, porque, como nos recuerda el Nuevo Testamento, el amor perfecto expulsa el miedo.

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