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¿Cómo viven la sensualidad hombres y mujeres?

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Comprendiendo las diferencias para una armonía sexual

Muchos conflictos entre novios y luego entre cónyuges derivan de no conocer adecuadamente sus diferencias. La experiencia de la sensualidad es biológicamente diferente entre hombres y mujeres. 

El amor tiene dos aspectos: uno pasivo y otro activo. El pasivo consiste en la reacción que nos genera la otra persona y el activo es la respuesta que damos ante esa reacción que tenemos. 

La sensualidad forma parte del aspecto pasivo del amor que al ser la reacción a los valores del cuerpo del otro, entra en sintonía con la afectividad que es la reacción a los valores no sólo del cuerpo, sino a la manera de ser del otro.

Por naturaleza el varón es más activo sensualmente ante la reacción que le produce el cuerpo de la mujer, mientras que la mujer es más activa afectivamente en la manera en que el hombre es con ella, la cual incluye la ternura.

En otras palabras, ambos viven la sensualidad pero lo hacen de manera diversa.

Los ritmos de excitación sexual 

El hombre se excita sexualmente en forma rápida y una vez alcanzada la plenitud de la excitación (el orgasmo) se desexcita también en forma rápida. El orgasmo masculino es repentino, drástico y concentrado principalmente en el pene.

La mujer, en cambio, es más lenta tanto en la fase preparatoria como en la resolución de la misma. El orgasmo femenino se extiende por todo el clítoris, los labios genitales y el área pélvica; y luego del orgasmo, muchas veces tiende al diálogo con el varón mientras que él suele entrar a un estado de somnolencia.

Los disparadores de la excitación sexual 

En el varón son simples. Basta fundamentalmente el sentido de la vista. Es decir que la visión de la mujer en determinadas circunstancias, es suficiente para que se sienta estimulado. Los disparadores de la excitación de la mujer, en cambio, son más complejos y demandan la intervención de más sentidos. 

En esa activación de la excitación sexual de la mujer interviene un clima general de armonía y afecto en la relación personal y otros sentidos además de la vista: el oído al captar un tono de voz adecuado, el tacto al percibir la expresión de ternura, el olfato al captar una sensación de agrado.

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Jacob Lund - Shutterstock

El placer sexual 

El placer en el varón está directamente relacionado con el llenado de las vías seminales y su brusca contracción descomprimiendo la tensión sexual; mientras que el placer sexual en la mujer se vive a través de una progresiva acumulación de la tensión sexual.

La mujer cuenta con diferentes zonas erógenas, pero el clítoris es el órgano cuyo único propósito es el placer siendo la más sensible con una cantidad de entre 8.000 y 10.000 terminaciones nerviosas, lo cual explica el alto grado de excitabilidad femenina.

En el hombre, en cambio, aunque hay excitación el proceso es diferente. El glande del pene tiene entre 3.000 y 4.000 terminaciones nerviosas además de tener otros propósitos al estar directamente relacionado a su valor reproductivo y estar involucrado en el proceso de la orina.

La fase de preparación de la relación sexual 

El hombre puede interrumpir brevemente el proceso y seguidamente continuarlo, mientras que la interrupción de la mujer equivale a volver al momento cero de la relación sexual. Esto podría explicarse ya que el hombre al ser más rápido, aprende a esperar a la mujer.

Por eso en estas primeras etapas hay una presencia voluntaria que predispone a ambos a buscarse y encontrarse, pero ya en la fase del orgasmo aparece una reacción involuntaria, que no depende del cerebro, sino de las médulas y que es imposible frenar. 

Efectivamente si se logra detener es porque aún no se ha llegado a la instancia del orgasmo en sí. En el orgasmo, que es el momento de máximo placer, el hombre y la mujer pierden todo control y al hacerlo juntos permanecen en una unión profundamente íntima.

Como sabemos, no hay orgasmo en los animales desde el punto de vista del placer, sino que es sólo un instinto natural, pero en el ser humano la experiencia es diferente: el placer está presente y para ello ambos tienen que conocerse para que sea mutuo y logrado en armonía. 

El simple conocimiento sobre estas diversidades masculinas y femeninas, evitaría muchas desarmonías en las relaciones sexuales que hemos escuchado manifestar cuando una mujer dice “Él no piensa más que en eso” o un hombre expresa “Ella no me desea como hombre”.

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