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Caso Romanones: Eran inocentes, pero ¿quién repara ahora el daño causado?

POPE FRANCIS
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El Papa ha recibido a los tres sacerdotes españoles absueltos de pederastia por la justicia civil y les ha pedido perdón

El papa Francisco ha pedido perdón hasta en tres ocasiones a los tres sacerdotes que fueron implicados en el mayor escándalo de supuesta pederastia en España, conocido como “el clan Romanones”. Tras dos años y medio de instrucción por parte de la fiscalía y de la judicatura, el tribunal que juzgó los declaró inocentes, y de modo particular al llamado “jefe de clan” el sacerdote Román, párroco de la parroquia de san Juan María Vianney.

¿Por qué el Papa ha pedido perdón? Los hechos ocurrieron cuando un joven de 24 años, llamado “Daniel” –nombre supuesto—escribió al Papa denunciando haber sido víctima de abusos sexuales y violación, por parte del jefe del “clan”, el padre Román V., de 61 años, y de tocamientos al igual que otros monaguillos, por parte de los tres sacerdotes y de encubridor laico, un profesor de Religión.

El papa Francisco le respondió diciendo que denunciara los hechos ante la justicia y ante el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez Fernández. Le pidió perdón en nombre de la Iglesia y posteriormente le llamó por teléfono. El joven denunciante dijo que era un fiel supernumerario de la prelatura del Opus Dei.

El arzobispo pidió perdón públicamente en un acto penitencial en el que se tendió al suelo en la catedral en señal de penitencia. Paralelamente la gente había aireado toda clase de improperios, insultos, calumnias con desprecio de lo sagrado: mientras informaban del caso de pederastia, la televisión del Estado, TVE, daba las imágenes del padre Román celebrando misa y en el momento de la consagración. Fue todo un escándalo. La Asociación PRODENI, que defiende los derechos de los niños, se posicionó contra los sacerdotes. En las paredes de la parroquia aparecieron pintadas contra los “pederastas”.

Cuando la justicia civil, previa a la canónica, imputó al sacerdote principal, padre Román, el arzobispo de Gramada lo suspendió “a divinis”, es decir que le suspendió de todas sus funciones sacerdotales, ante el escándalo que se había originado. Mientras tanto, el padre Román permanecía en silencio, incluso cuando los medios de comunicación y la opinión de los fieles daban por seguras sus prácticas de pederastia. 

Toda la prensa sensacionalista o no, amarilla o no, se volcó informando día a día del tema y ninguna pensó alguna vez que el padre Román podría ser absuelto. Era culpable, no cabía la menor duda. Eran los juicios paralelos, donde el pueblo dicta sentencias sin esperar que la acción de la justicia pruebe los hechos inculpatorios. Algunos medios católicos también eran acusadores e incluso pidieron la dimisión del arzobispo de Granada. No ocurrió.

Paralelamente el fiscal y los magistrados de la Audiencia de Granada iban investigando los hechos tomando declaraciones a todo el entorno de los sacerdotes. El joven acusador, de 24 años, que denunciaba hechos de cuando tenía entre 14 y 17 años) entró en algunas contradicciones y versiones distintas para narrar los hechos que denunciaba. Entre los declarantes nadie aportó pruebas directamente, ni los peritos tampoco, contra los sacerdotes. El padre Román seguía siempre en silencio y con un rostro sereno. Fue su calvario, su largo calvario. 

Los otros sacerdotes y el profesor de Religión fueron excluidos de la causa, dado que los abusos sexuales por los que eran imputados habían prescrito. Pero no había prescrito el caso de “penetración” del que se acusaba al padre Román. El fiscal pidió 15 años de prisión y la acusación particular 26 años para el padre Román. 

La justicia española es lenta, y tuvieron que pasar 27 meses hasta la celebración del juicio. Mientras, la iglesia en Granada sufría y rezaba. Al fin, el fiscal retiró su acusación por falta de pruebas. La sentencia, que salió en abril pasado, absolvió al padre Román del delito de “penetración” carnal (las demás acusaciones de prácticas sexuales habían prescrito), por la falta de credibilidad del acusador “Daniel”, que hoy tiene 27 años. El tribunal ha condenado a “Daniel” a pagar las costas judiciales. El joven no recurrió la sentencia ante el Tribunal Supremo. 

A los sacerdotes, en 2017 se les levantó la suspensión “a divinis”. El 12 de julio pasado visitaron al Papa Francisco en Santa Marta que les pidió perdón en tres ocasiones, y ha quedado reunirse con ellos el próximo mes de octubre para celebrar juntos la Eucaristía. Con ello los sacerdotes quedan completamente rehabilitados.

Una acusación, un juicio mediático, una condena mediática con la ley del pueblo y no de los tribunales, es fácil. Será difícil ahora, por no decir imposible, limpiar la vida de estos sacerdotes, porque cuando tanta tinta se ha escrito en contra de ellos siempre queda algo. Los juicios mediáticos son largos, con verdades, medias verdades, falsedades y especulaciones de todo tipo. La sentencia es una sola vez, una noticia, un día. 

¿Algún medio se ha retractado de cuanto dijo en contra del padre Román? Ninguno. Es más, algunos tienen todavía levantadas ciertas sospechas. Esperemos que la segunda visita de estos sacerdotes al Papa limpie definitivamente la imagen y el buen nombre de los tres sacerdotes, y que puedan cumplir como les dijo el papa Francisco: “seguid adelante, con generosidad, como cualquier sacerdote”. 

 

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