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Cómo ver si mi director espiritual no me está ayudando

Paul Matthew Photography/Shutterstock
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Anomalías del acompañamiento espiritual ante las que conviene plantearse un cambio

Conviene plantearse acabar con un acompañamiento cuando, entre otras cosas, el director espiritual ha hecho una o varias de las siguientes anomalías:

1. Ha hecho público algo que se le ha confiado.

2. Ha incumplido repetidamente con los encuentros.

3. Hace breves los encuentros y/o los va distanciando cada vez más.

4. No demuestra interés en lo que la persona dirigida le confía.

5. Se indispone, se molesta o se enfada durante los encuentros.

6. No le muestra la verdad a la persona o le justifica su superficialidad o sus errores.

7. Exige cosas descabelladas, ilógicas, desproporcionadas.

8. Refleja banalidad en las orientaciones y la persona, en consecuencia, nota que no avanza en su camino de fe.

9. Confunde el acompañamiento espiritual con sesiones de psicología.

10. Rebaja la doctrina católica, anula o, en el mejor de los casos, banaliza algún aspecto de la misma.

11. Comienza poco a poco a demostrar algún interés afectivo hacia la persona dirigida.

12. Se parcializa de plano hacia alguna espiritualidad específica de su agrado.

13. Desmotiva de plano, por algún prejuicio, algún tipo de vocación, espiritualidad o carisma.

14. Muestra un trato no paternal, afable, o gentil que genere confianza.

15. Ha incurrido en alguna grave incoherencia.

16. No sabe manejar el estrés que el dirigido en algún momento pueda originar.

17. Ha exigido algún cobro global por su servicio, aunque sea de manera simbólica; o pide algún cobro periódico por pequeño que sea.

Así mismo conviene plantearse renunciar a un acompañamiento espiritual cuando, entre otras cosas, la persona dirigida:

1. Tiene graves problemas psicológicos o psiquiátricos.

2. Nunca tiene en cuenta las propuestas u orientaciones.

3. No cumple con los encuentros establecidos ni por horario ni por frecuencia.

4. Comienza a establecer una relación afectiva o de dependencia.

5. No se centra en su propia persona.

6. Se enfada o se molesta cuando se le propone alguna penitencia, renuncia o sacrificio; o ve estas propuestas como inútiles.

7. No es sincera y niega, oculta o tergiversa todo.

8. Siempre tiene prisa en acabar los encuentros.

9. Cree que el acompañamiento espiritual es sólo para una circunstancia concreta de la vida y no está dispuesto a mantenerla.

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