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Olot, la ciudad de los cuatro volcanes

GARROTXA
Fotografies: Arxiu Comarcal de la Garrotxa. Servei d’Imatges
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Situada al norte de Barcelona, es una ciudad tranquila inmersa en la zona volcánica de la Garrotxa (hoy inactiva). La imaginería religiosa, el arte y al gastronomía la convierten en un lugar ideal para el descanso familiar.

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No existe en el mundo otra ciudad que tenga en su interior 4 volcanes. La comarca de Olot (en la provincia de Girona) tiene varias señas de identidad y una de ellas son los cráteres, cerca de 40 en total. Todos ellos están inactivos, pero pisar tierra volcánica (muy fértil) desencadena la imaginación.

Estamos en el norte de Cataluña, España, en la comarca de la Garrotxa, y el mejor turismo que uno puede hacer es el del recorrido en coche, a pie, en moto, en bicicleta o a caballo, porque la naturaleza propone paradas contínuas para contemplar el paisaje.

Olot es el destino perfecto para hacer turismo familiar: hay naturaleza, arte, cultura religiosa y gastronomía. Es una ciudad tranquila, de tan solo 34.000 habitantes, que vive apartada de las masas y está a tan solo hora y media de Barcelona en automóvil. Ideal para una escapada de fin de semana y para descansar en verano, porque el clima es más fresco que en la calurosa Costa Brava.

En esta galería de fotos puedes hacer una breve visita virtual a Olot

Un paseo por el cráter

Es imprescindible una visita al volcán Montsacopa, que se encuentra en el casco urbano. Un paseo de menos de una hora conduce a la zona del cráter, que en la actualidad es tierra firme y alberga la iglesia de Sant Francesc: sí, sí, una iglesia en pleno cráter. Además, dispone de un restaurante abierto al público recientemente.

En la ciudad, el paseo por el centro permite visitar la colección de arte del Museu de la Garrotxa, que cuenta con tesoros de la pintura y la escultura del siglo XIX. No en vano Olot es escuela de paisajistas reconocidos hoy en el mercado internacional, entre ellos Joaquim Vayreda, y cuna de escultores como Miquel Blay o Josep Clarà. Las piezas del museo son una muestra de la maestría con que estos tratan la anatomía humana y la expresión corporal.

Este museo es también un núcleo de referencia para la Historia de la Publicidad porque en una de sus salas podemos ver carteles modernistas firmados por Ramon Casas, algunos de ellos.

Muy cerca el visitante encuentra el Mercado y la casa museo Can Trincheria, cuya sede es una de las cinco típicas “cases pairals” (casas de la estirpe) que se conservan en Olot. Uno puede imaginar la vida de los siglos XVIII y XIX en esta residencia similar a un palacete, en la que se llevaba una despreocupada vida económica, una intensa actividad laboral y un alto interés por la cultura y la vida religiosa.

En cuanto a arquitectura, el recorrido por el casco urbano recibe el regalo de varias casas modernistas (construidas a finales del XIX y comienzos del XX) que hoy se abren al público y ofrecen la unión de belleza y funcionalidad: Casa Gassiot o Solà Morales son dos ejemplos de ello.

La Virgen del Tura

La iglesia de Sant Esteve (con su espléndido retablo barroco), el claustro del Carme y el santuario de la Virgen del Tura son puntos imprescindibles, que dan cuenta de la actividad eclesiástica que se ha tenido en Olot a lo largo de los siglos. De la iglesia del Tura resulta impactante comprobar la Providencia que ha conservado la talla románica de la Virgen, mientras que el edificio fue destruido en el siglo XV por los terremotos y de nuevo en 1936 a causa de la persecución religiosa en la Guerra Civil.

Olot es famosa por la imaginería religiosa que ahí se fabrica, ya sea en proceso artesanal o mecanizado. Son famosas las esculturas de santos y los pesebres, con el tradicional Nacimiento que en muchos países se instala en los hogares en torno a la Navidad.

Desde 2007 puede visitarse el Museo de los Santos, un inmueble en el que uno descubre el arte y la tradición en imaginería religiosa que sigue impregnando la vida actual de Olot.

La ciudad y la comarca ofrecen rutas y excursiones que valen la pena: Besalú (ciudad medieval), Castellfollit de la Roca (un pueblo sobre un acantilado) y Santa Pau (con un pesebre viviente en Navidad) son los tres imprescindibles para abrir boca. Sin olvidar la Fageda d’en Jordà, un inmenso bosque de hayas que podría perfectamente ser escenario de “El Señor de los Anillos”. Es maravilloso a lo largo de todo el año, pero sin duda la temporada privilegiada para ver colores y tonalidades es el otoño.

La gastronomía acompaña al turista desde el primer momento. Las especialidades cárnicas (embutidos como el fuet, el bull o las butifarras de cerdo) son excelentes y las mongetes (judías) de Santa Pau son una delicatessen preciada por los restaurantes de estrella Michelin y asequible a la vez a todos los bolsillos.

Aquí disponen de webs con más información de interés:

Turismo de Olot: https://www.turismeolot.com/es/

Museos de Olot: https://museus.olot.cat/museu-garrotxa/

 

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