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Monjas y prostitución: Así salvan la vida de miles de mujeres esclavas

MALALA
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El trabajo de las religiosas en países pobres como República Dominicana

La trata y explotación sexual de las mujeres, para el estúpidamente llamado “oficio más antiguo del mundo”, crece cada año. Y se ceba sobre todo en los países con tantos problemas por la instauración de una dictadura, como Venezuela, o en los países pobres, como República Dominicana.

Pero este país caribeño, junto con las congregaciones femeninas Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, Adoratrices y Hermanas del Sagrado Corazón, han abierto un boquete en el muro de la indiferencia hacia las mujeres en situación de prostitución y trata; una luz de unión en El Caribe, en medio de tanta oscuridad machista y mercantilista.

Las tres congregaciones femeninas negociaron entre sí y luego obtuvieron el visto bueno de parte de la fiscalía de Trata y Tráfico de Personas del gobierno de República Dominicana, para que les cediera la posibilidad de regentear la Casa Malala, una casa de acogida que lleva el nombre de la activista pakistaní Malala Yousafzai.

La intención del proyecto Casa Malala –cuyo nombre va a ser respetado, sobre todo por la labor de Malala de llevar educación a las mujeres de Pakistán– es doble: dar una oportunidad de vida en una residencia guiada por hermanas especializadas en atención, acogida y reinserción social a las víctimas dominicanas de prostitución y trata, así como atender al elevado número de mujeres venezolanas que entran en el país como víctimas de trata con fines de explotación sexual.

Atentas a las constantes peticiones del Papa Francisco, quien ha señalado a la trata de personas como una de las más aberrantes esclavitudes modernas, las tres congregaciones involucradas en este proyecto dan un ejemplo (modesto, pero ejemplo al fin y al cabo) de lo que significa la unión en la fe católica.

En el portal de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, la hermana Nieves de la Cruz, oblata en República Dominicana explica que la Casa Malala “era un hogar de acogida regentado por el Estado, pero intuíamos que faltaba la atención y acogida que requieren este tipo de proyectos”.

Lejos de mantenerse a distancia las tres congregaciones femeninas decidieron darle una respuesta a este drama humano. “Tenemos muchas migraciones de mujeres venezolanas en el país, la mayoría de ellas víctimas de trata, que se localizan por medio de las múltiples redadas contra la trata que se realizan tanto en calles como en locales” de República Dominicana, dice la hermana Nieves.

Como un símbolo doliente de la enorme crisis por la que atraviesa Venezuela, las mujeres venezolanas que huyen a República Dominicana son fáciles presas de las redes de trata. “Muchas de ellas son mujeres profesionales, preparadas, madres… Pero todas tienen la desesperanza en su mirada y el deseo de establecerse económicamente para poder enviar dinero a su familia, aunque por el momento están en situación irregular en República Dominicana”, indica la hermana Nieves.

“Pero no todas son mujeres adultas, ya en los últimos años han aumentado los casos de todas las edades, incluyendo niñas y adolescentes”, asevera la religiosa. Sin embargo, República Dominicana no es el lugar de destino. A veces tan solo es de paso. “Muchas mujeres son tratadas por grandes mafias hacia otros países como Panamá, Ecuador, Colombia, Chile e incluso España y Líbano”, reconoce la hermana Nieves de la Cruz.

Las hermanas de las tres congregaciones se percataron que el problema las rebasaba si trabajaban en solitario. Primero atender a las mujeres y, en seguida, darles una residencia, exigía involucrar a las religiosas que, como las Oblatas del Santísimo Redentor (fundadas en el siglo XIX por la Madre Antonia María de la Misericordia y José Benito Sierra), tuvieran en su modelo de atención ser “Buena Noticia del Reino para las mujeres que ejercen prostitución y/o son víctimas de trata para la explotación sexual”.

Finalmente, son “monjas a pie de calle”, cuyo trabajo callado es enormemente significativo. Y más aún cuando hacen de la unión una fuerza para negociar con el gobierno, en este caso el de República Dominicana, y darle un servicio a la sociedad que el propio gobierno jamás podría llevar a cabo.

Con información de: http://www.hermanasoblatas.org/

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