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¿La quimiofobia nos está volviendo locos?

CHEMICS
Wavebreakmedia - Shutterstock
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Huir de los productos químicos para buscar lo natural se ha convertido en tendencia. Los científicos avisan de que es una moda fruto del desconocimiento y el marketing. Recuerdan que la alimentación y la industria son más seguras hoy gracias a la química.

Lea y pregúntese si daría a sus hijos un alimento con estos componentes : Agua, azúcar (fructosa), ácido ascórbico (E-300), ácido tónico, ácido palmítico, ácido cafeico, quercetina, sorbitol, metionina, cisteína, glicina, histidina, calcio, magnesio, azufre, fósforo y cloro. ¿Lo haría? ¿Seguro?

Pues bien, se trata de una manzana, y aún no están todos sus componentes. La idea de desnudar a una de las frutas estrella de nuestra dieta, desgranando su composición química, forma parte de una campaña contra la quimiofobia, una tendencia que en los últimos años busca vender al consumidor productos supuestamente más sanos quitando componentes de los mismos.

En el bote de mi quitaesmalte pone ‘sin acetato’ y ‘sin sustancias químicas’. Como si me quitara la laca de uñas con un poco de agua y la esencia de una planta. Lo mismo pasa con el champú sin fosfatos y sin parabenos. Hasta sin gluten lo he visto anunciado. La publicidad nos lleva por el camino del ‘champú sin champú’. ¿O del agua sin H20?

La moda sin conservantes nos obliga a buscar productos más caros pero con menores ratios de conservación. Lo queremos todo natural para sentirnos más seguros. Pero, ¿lo estás si te tumbas bajo el sol sin protección solar? ¿Y si le sube la fiebre al niño? ¿No le pones cloro a la piscina en verano? ¿No estamos tirando por la borda años de evolución, investigación y desarrollo?

Con las tendencias antiquímicos haciendo furor y la publicidad aprovechando el tirón, los químicos y farmaceúticos hacen frente común para llamarnos la atención. Un poco de cordura por favor. Ni la química es nuestra enemiga, ni vivimos en un mundo más inseguro por la utilización de productos químicos. Al revés.

El origen

La llamada quimiofobia apareció en los años 60. El DDT abrió la caja de Pandora. El uso de este pesticida, que incluso se rociaba directamente en la cabezas de los soldados para acabar con los piojos, se extendió por todo el planeta ayudando a fortalecer cultivos al salvarlos de plagas. Pero no era todo lo inocuo que parecía en un principio.

En 1962, la bióloga norteamericana Rachel Carson alertó de sus efectos tóxicos en su libro Primavera silenciosa. Había nacido con él la conciencia ecológica ante los químicos artificiales. Hace más de una década, en 2004 el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes orgánicos persistentes incluyó al DDT en su lista negra de sustancias tóxicas.

Pero de los años 60 hasta ahora el mundo de la química, y de la farmacéutica, ha evolucionado mucho. Y con ello, las agencias de seguridad y control de sustancias.

Recuerdan químicos y farmacéuticos que las sustancias químicas usadas con cabeza y siguiendo las normativa nos han llevado a una alimentación más segura siglo tras siglo.

“Incultura científica”

“Un aspecto preocupante de la quimiofobia es que en la sociedad ha quedado establecido que la palabra química tiene un carácter peyorativo”, explica en su artículo Historia contra la quimiofobia alimentaria el profesor José M. Mulet, licenciado en Química y doctor en Bioquímica y Biología molecular de la Universidad Politécnica de Valencia.

El profesor y divulgador, con varios libros sobre alimentación, apunta a un problema fundamental a la hora de hablar de la quimiofobia y la homeopatía: el desconocimiento de la ciencia. De hecho, incide en que conocer un puñado de ideas básicas científicas “nos serviría para reconocer que realmente nos están timando”. Por eso, asegura, es básico el trabajo de los profesores de ESO y Bachillerato.

También hace hincapié en la publicidad. “Desgraciadamente parece que entre los publicistas de productos alimentarios se ha impuesto la tendencia de demonizar la química”, señala el profesor y autor del libro. Los productos naturales, ¡vaya timo!

Y es más, dice que algunos anuncios le producen “vergüenza ajena” al ver cómo se promociona carne o pan sin nada de química. Ironiza con ello: “Por lo visto, la carne no era de terneras reales, sino de terneras espirituales”

De la misma opinión es el profesor José Manuel López Nicolás, del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Murcia, quien prefiere no usar el término quimiofobia.

No ve fobia sino “un miedo irracional hacia los productos químicos fruto de la incultura científica y de repulsivas campañas de marketing”. López Nicolás escribió una carta en su blog a un cocinero recordándole el nexo entre química y cocina cuando éste apareció en un anuncio de cerveza vendiéndola como elaborada “sólo con productos naturales”.

Explica el profesor la estricta regulación de la industria química, la seguridad de aditivos y sulfitos así como la necesidad de algunos conservantes en la alimentación. Y es que, al igual que la leche se convierte en queso o en yogur a través de un proceso químico, la cebada no se vuelve cerveza por arte de magia. ¿Qué es la fermentación sino un proceso químico?

Y es que, les guste o no a quienes la demonizan, todo es química. Hasta nosotros, sí, los seres humanos, al 100% naturales , somos 100% química. Y por cierto, el ácido ascórbico, el E-300 de la manzana cuya composición química abre este artículo, no es ni más ni menos que la vitamina C.

Tags:
consumo
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