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¿Donald Trump realmente quiere conquistar el espacio?

Mandel Ngan | AFP
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Los sueños espaciales del presidente de EE.UU. preocupan a los rusos, que prometen “una dura respuesta” en caso de violación estadounidense del tratado internacional de 1967

Si dependiera únicamente del presidente estadunidense Donald Trump, los Estados Unidos pronto tendrían una fuerza espacial. Donald Trump ordenó al Departamento de Defensa y al Pentágono el 18 de junio que iniciaran el proceso necesario “para crear una fuerza espacial como sexta rama de las fuerzas armadas”. La creación de una US Space Force no tendría precedentes en la medida en que la organización del ejército estadounidense no ha evolucionado desde 1947 y la creación de cinco fuerzas distintas [1].

“Para defender Estados Unidos, una simple presencia en el espacio no basta, debemos tener un dominio estadounidense en el espacio”, declaró Donald Trump el pasado 18 de junio, antes de una reunión del US Space Council, el consejo espacial creado en 1989 por George H. W. Bush, luego disuelto en 1993 y reactivado en junio de 2017. “Por tanto pido al Departamento de Defensa y al Pentágono que inicien de inmediato el proceso necesario para crear una fuerza espacial como sexta rama de las fuerzas armadas estadounidenses”, ordenó el presidente, afirmando una vez más: “tendremos la fuerza aérea y la fuerza espacial, separadas pero iguales”.

Un debate lejos de ser sencillo

No es la primera vez que el presidente de los Estados Unidos aborda la cuestión de la creación de una fuerza espacial. “Nos estamos haciendo muy grandes en el espacio, tanto militarmente como por otras razones, y estamos pensando seriamente en una Fuerza Espacial”, avanzó ya el pasado 1 de mayo durante una ceremonia en la Casa Blanca. El 13 de marzo, durante su visita a la Estación Aérea del Cuerpo de Marines de Miramar en San Diego, California, dijo a los militares: “Mi nueva estrategia nacional reconoce el espacio como una posible zona de guerra, al igual que la tierra, el aire y el mar, incluso podríamos tener una fuerza espacial”. En el mismo mes de marzo, el vicepresidente de administración de Trump y presidente del Consejo Nacional del Espacio, Mike Pence, explicó en el Wall Street Journal que la Luna sigue siendo un “objetivo estratégico vital” para Estados Unidos, cuya dominación debe “ser tan importante en el aire como en la tierra”. En esa ocasión, el vicepresidente también hizo una advertencia a los adversarios de Estados Unidos sospechosos de interferir o piratear las transmisiones satelitales cada vez con más frecuencia.

Pero Trump no lo tiene todo ganado. La creación de la nueva fuerza armada requiere necesariamente la aprobación del Pentágono —el Departamento de Defensa de Estados Unidos— y del Congreso de Washington. Y como señala Garrett M. Graff en Wired, este proceso “no será fácil”. El verano pasado, el Congreso rechazó esta idea apoyada por dos miembros del Partido Republicano, Mike Rogers (Alabama) y Mac Thornberry (Texas). El secretario de Defensa Jim Mattis también se opuso a la propuesta. “No quiero añadir una fuerza armada separada que probablemente tenga un enfoque más estrecho e incluso provinciano de las operaciones espaciales”, escribió a Mike Turner, miembro de la Cámara de Representantes del Estado de Ohio.

La carrera armamentista espacial ya ha comenzado

En relación a la propuesta de Donald Trump, se necesita un debate público, valora el historiador Barry Strauss, profesor de la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York. Este debate, si se lleva a cabo, será “muy polémico”, expresó en la web Space.com, porque “aunque las cuestiones logísticas son polémicas, también lo son las cuestiones de financiación”, recordando que los recursos son limitados. Y además, “¿para qué se necesita una fuerza espacial? ¿Qué otra cosa podría hacer una fuerza espacial que no haga ya la Fuerza Aérea de los EE.UU.?”, se pregunta Joan Johnson-Freese, profesora del Departamento de Asuntos de Seguridad Nacional de la Escuela de Guerra Naval de Estados Unidos en Newport (Rhode Island), según cita Space.com. Johnson-Freese es escéptica en cuanto a la idea misma del presidente Trump de “dominar” el espacio. ¿Se puede dominar el espacio, dado que es infinito?

En los medios de comunicación prevalece el temor a que la creación de una Space Force sea solo el primer paso de una nueva carrera armamentista en el espacio, o más bien una “guerra fría espacial”, como escribe Ramin Skibba en Politico.com. Pero la cuestión es, ¿no ha empezado ya esta carrera? De hecho, explica Garrett M. Graff, un acontecimiento del 11 de enero de 2007 ya repartió las cartas. Ese día, China probó con éxito un misil antisatélite. El misil balístico fue disparado desde el centro espacial chino en Xichang, Sichuan, destruyendo un viejo satélite meteorológico en desuso. Esta prueba “lo cambia todo”, comentó el general William Shelton, de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Porque si los chinos pueden destruir un viejo satélite propio, también pueden deshacerse de los satélites de los demás, y eso inquieta profundamente al ejército estadounidense.

Temores sobre el sistema GPS

El mundo actual depende cada vez más de los satélites. Esto es especialmente cierto para los Estados Unidos y probablemente aún más para sus fuerzas armadas. Y es que los satélites son hoy insustituibles en diversos ámbitos de la vida, y no solamente en la comunicación y la navegación, tanto militar como civil. El Sistema de Posicionamiento Global (GPS, Global Positioning System) es sin duda una joya del funcionamiento por satélite, “la herramienta más indispensable jamás concebida por el ser humano”, señala Garrett M. Graff en Wired. Lanzado en la década de 1970 y plenamente operativo desde 1994, el GPS funciona en teléfonos móviles y tarjetas de crédito. “Cualquier avería del sistema GPS amenaza con sumir en el caos la economía mundial”, añade Graff.

Mientras que Rusia con Glonass, China con BeiDou y Europa con Galileo han desarrollado sus propios sistemas de posicionamiento por satélite, Estados Unidos es quizás el más vulnerable. De hecho, no solo tiene muchos satélites en órbita —una treintena solo para el sistema GPS—, sino que muchos de ellos tienen ya una cierta antigüedad, como ha reconocido el propio general Shelton, que los ha descrito como “arcaicos”. Algunos satélites GPS son incluso más viejos que las personas que los manejan. Hace algún tiempo, informa Garrett M. Graff, todo el sistema GPS era manejado por dos jóvenes miembros de la Fuerza Aérea de Estados Unidos de apenas 19 años de edad, mientras que su jefe, el teniente coronel Peter Norski, tenía apenas 30 años. Las fuerzas armadas estadounidenses harían bien en volver a aprender a trabajar unwired, es decir, sin la ayuda del GPS.

Las amenazas contra los satélites

Existen cuatro métodos para poner un satélite fuera de servicio, explica Todd Harrison, director del Proyecto de Seguridad Aeroespacial del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington D.C. El primero, utilizado por China en 2007, es un ataque cinético físico, es decir, la destrucción del satélite con un arma ASAT o antisatélite. El segundo método consiste en silenciar el satélite sin tocarlo físicamente, por ejemplo con microondas o rayos láser.

El tercer método es el ataque electromagnético, que bloquea las transmisiones por satélite. Por ejemplo, unos 1.000 aviones y 700 barcos reportaron problemas con su señal GPS cerca de Corea del Norte en 2016. Se sospecha que Piongyang había comprado bloqueadores de señal GPS (jammers) a Rusia. Otro método electromagnético es la táctica del spoofing, que consiste en dar información falsa al satélite objetivo. El último método es el ataque informático o ciberataque. El pasado mes de enero, según informa Symantec, la empresa de software del antivirus Norton, los hackers chinos se introdujeron en satélites utilizados por empresas estadounidenses y asiáticas. Infectaron los ordenadores que controlaban los satélites y podrían haber cambiado de órbita e incluso interrumpido el tráfico de datos.

Los residuos espaciales son la última gran amenaza para un satélite. También llamado basura en órbita, es un fenómeno que ha experimentado un vertiginoso aumento en los últimos años. Cuando hablamos de residuos espaciales, estamos hablando de fragmentos bastante grandes, es decir, de deshechos espaciales reales, como pedazos de satélites explotados o etapas de cohetes o herramientas perdidas durante misiones espaciales —por ejemplo, una cámara de fotos que perdió el astronauta estadounidense Michael Collins— o fragmentos mucho más pequeños, como polvo o brillo de pintura. Estos últimos, los llamados microescombros, crean nubes cuya acción abrasiva es motivo de gran preocupación.

Si, según ciertos cálculos, el número de desechos espaciales en órbita supera los 100 millones, la prueba antisatélite realizada por China en 2007 causó 150.000 nuevos fragmentos, pequeños y no tan pequeños, que a su vez dañaron gravemente y probablemente inutilizaron el satélite ruso Blits en 2013. Y en 2009, un satélite ruso en desuso colisionó con el satélite de telecomunicaciones estadounidense Iridium, cuyo impacto causó una nube de al menos 500 nuevos fragmentos.

En la cabeza de Donald Trump

Queda una gran pregunta: ¿cuál es exactamente el plan del presidente Trump? Por el momento lo ignoramos. Este proyecto corresponde a la “seguridad nacional”, escribe Ramin Skibba. El presidente de los Estados Unidos, subrayó Skibba, no especificó, por ejemplo, si esta Fuerza Espacial de los Estados Unidos continuaría las actividades de la Fuerza Aérea estadounidense o iniciaría otras nuevas, como el desarrollo de nuevos sistemas de armas ofensivas o defensivas.

En cierto sentido, Estados Unidos ya tiene sistemas ASAT. En 1985, un misil ASM-135 ASAT lanzado por un caza F-15 puso en órbita un vehículo que, a más de 500 kilómetros de altitud, interceptó y destruyó el antiguo satélite americano Solwind P78-1. Durante la cancelación de este programa, un misil SM-3 del USS Lake Erie, un crucero de misiles Aegis de la clase Ticonderoga, destruyó en 2008 el satélite fuera de control US-193 a una altitud de 240 kilómetros.

Rusia ya ha reaccionado a la iniciativa Trump, prometiendo una “dura respuesta” en caso de violación por parte de los Estados Unidos del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre, en vigor desde 1967, que rige las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio exterior o extra-atmosférico. “Si Estados Unidos se retira de los acuerdos de 1967 que prohíben el despliegue de armas nucleares en el espacio, [esta decisión] requeriría una respuesta contundente por parte de nuestro país, pero también de otros Estados; se trataría de preservar la seguridad internacional”, advirtió el presidente del Consejo de Defensa y Seguridad de Rusia, Viktor Bondarev.

[1] Las otras ramas son: US Army (ejército de tierra), US Navy (marina), US Marine Corps (cuerpo de marines), US Air Force (fuerza aérea) y la US Coast Guard (guardia costera).

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