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Uruguay, el pequeño país con 3 millones de habitantes que invita a soñar a lo grande

© aeneastudio
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El país sudamericano sorprendió por su destreza en la Copa del Mundo. Dar lo mejor de uno mismo hasta el final

¿Uruguay está para campeón del mundo? La pregunta comenzó a sonar con más fuerza entre grupos de amigos, redes sociales y medios de comunicación luego de que la selección uruguaya de fútbol le ganara al Portugal de Cristiano Ronaldo por octavos de final de la Copa del Mundo.

Para los más memoriosos, tanto la pregunta como su respuesta quizás no signifiquen mucho, pues Uruguay sabe lo que se siente ser el mejor del mundo en fútbol.

La selección uruguaya ganó el primer Mundial organizado por la FIFA en 1930 (celebrado en Uruguay), algo que se repitió en 1950 en Brasil y el recordado “Maracanazo”. En este último caso, una auténtica épica deportiva que curiosamente había sido conducida como DT por “Juancito” López, un hombre con fuertes convicciones religiosas -hasta sus últimos días estuvo vinculado a la congregación salesiana-, cuyo testimonio de fe es recordado por muchos hasta el día de hoy.

 

¿Milagro o convicción?

Sin embargo, la pregunta que más ruido genera por estas horas va por otro lado y tiene que ver con la curiosidad que genera un pequeño país sudamericano de poco más de 3 millones de habitantes que a lo largo de los años se ha destacado a nivel internacional por la constante puesta en escena de jugadores de élite, además de seguir “golpeando la mesa” como protagonista y animador de eventos de este tipo.

Basta escuchar alguna conferencia de prensa del “Maestro” Óscar Washington Tabárez, actual técnico de Uruguay, o las declaraciones de los jugadores como para empezar a develar el misterio.

“Feliz, muy contento por lo que pasó hoy. Dios quiera que no sea nada (…) Es emocionante, no hay palabras para describir esto. Hay que seguir soñando”, expresó al final del encuentro un emocionado Edinson Cavani, gestor del triunfo de Uruguay, hombre también de convicciones religiosas que tuvo que dejar la cancha tras sufrir una lesión.

“La nota distintiva es la entrega inconmensurable que tuvieron todos los jugadores dentro del campo y eso es parte del fútbol para nosotros (…) La tuvimos difícil”, señaló Tabárez luego de finalizado el encuentro.

Precisamente, en Uruguay lo que prima es la convicción, el respeto a la autoridad, la humildad, la entrega, el sacrificio, la generosidad, el orgullo por la camiseta y fortaleza grupal: no o dar nada por perdido, además de un largo proceso respaldado por el trabajo y la continuidad.

Uruguay finalmente cayó este viernes 6 de julio en cuartos de final contra Francia y parece que el sueño se perdió. Pero “El Maestro” fue el primero en dar ánimo tras la derrota y marcar la cancha al señalar que “así como se terminó un sueño, vendrán otros”.

“Así como se termina un sueño, vendrán otros en Copas Américas y partidos de clasificación, y vamos a pelear por conseguirlos. Duele perder, pero quizás esta es nuestra realidad y hoy no la pudimos superar”, expresó.

Por su parte, Cavani, a lo grande, se despidió del Mundial con una frase llena de fe y convicción:

 

 

 

 

Todos aspectos que de alguna manera también se dan la mano con aquello de “Dar lo mejor de uno mismo”, documento sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona humana, que el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida ha preparado con el objetivo de resaltar el papel de la Iglesia en el mundo del deporte.

“Los grandes objetivos, en el deporte como en la vida, los logramos juntos, en equipo!”, escribía el papa Francisco en el mensaje publicado el pasado 1 junio de 2018.

 

Y a eso también le hizo honor el propio Ronaldo, quien con un gesto solidario conmovió ante la lesión de Cavani ayudándole a salir del campo de juego abrazándolo.

 

 

Uruguay -donde también el fútbol muchas veces se confunde con religión por ser un país con tradición de laico por excelencia donde el deporte se encarga muchas veces de ocupar espacios vacíos a la hora de la trascendencia- se celebró el avance en la Copa del Mundo y el resto del planeta aplaudió.

Es que cada partido de Uruguay  suele dejar calles llenas de colorido, reuniones familiares y hasta al cardenal uruguayo Daniel Sturla -como sucedió luego del partido contra Portugal-  subiendo fotos a redes festejando junto a Gonzalo Aemilius, aquel cura joven que lo hizo famoso Francisco a pocas horas de haber sido elegido Papa en 2013 tras mencionarlo en público durante una de sus primeras misas por su labor como director de un liceo -el Jubilar- dedicado a trabajo con jóvenes en situación de vulnerabilidad.

 

 

Hoy todos hablan de Uruguay –nación donde los niños suelen “nacer” con un balón debajo de los brazos gracias al gran arraigo en cuanto a la identidad y lo cultural que tiene el fútbol-  por su convicción, confianza y trabajo en equipo dentro de un campo de juego.

 

 

Pero al igual que sucedió alguna vez en el pasado, y tal vez como lección o ejemplo para aquel que se sorprende con todo esto, en la actualidad queda reafirmado que para los más chicos -sea un país como Uruguay o cualquier persona-  también es posible soñar a lo grande cuando se tiene la certeza de que siempre se dará lo mejor de uno mismo hasta el final. Y si un sueño se termina, Dios mediante, seguramente vendrá otro.

Actualizado 6 de julio de 2018

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