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¿Realmente crees que se ha beneficiado a la mujer con la “revolución sexual”?

Alessandro Saponi-cc
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La propaganda dicta que la principal beneficiaria de la llamada “revolución sexual” que se inició en los sesenta del siglo pasado, ha sido la mujer. Pero, ¿es esto del todo cierto?

“El momento #Metoo: segundos pensamientos sobre la revolución sexual”, una conferencia patrocinada por el Foro de Mujeres Católicas y el Centro de Ética y Cultura de Notre Dame, así como por el Centro de Información Católica, el Centro de Ética y Política Pública y el Departamento de Cuestiones de la Vida de la Arquidiócesis de Washington, hizo pensar a algunas de las asistentes que la leyenda publicitaria tiene sus matices.

“Definitivamente me sentí desafiada, y por esa razón me alegro de haber venido”, dijo Allison, estudiante de filosofía y matemáticas en el Washington College, a Our Sunday Visitor (OSV). “Definitivamente tengo mucho en qué pensar”, agregó.

Allison hizo estos comentarios poco después de escuchar evidencias sobre los múltiples y extendidos efectos negativos de la “revolución sexual” presentados en la conferencia celebrada en Washington el pasado mes de mayo.

Confrontar la evidencia empírica

La conferencia se centró en los daños de la “revolución sexual” en las mujeres, pero también mencionó sus impactos negativos en hombres y niños. Los organizadores buscaban abrir puertas de comunicación e iniciar una conversación vital sobre el vínculo entre la revolución sexual y el movimiento #MeToo.

“Realmente solo queremos divulgar la información y plantear la cuestión para que incluso aquellos que difieren de nosotros desde una perspectiva moral o que no comparten nuestra fe religiosa, al menos tengan que confrontar la evidencia empírica”, dijo Kate O’Beirne, directora del Foro de Mujeres Católicas y una de las organizadoras de la conferencia.

“Más que nada, esperamos que aquellos que están fuera de la órbita religiosa reflexionen sobre por qué algunos de nosotras no hemos sido animadoras de la revolución sexual. En su mayor parte, no creo que la gente secular haya escuchado las críticas de la revolución sexual, pero a partir del Movimiento #MeToo, está claro que esto no es solo una preocupación religiosa. El problema del acoso sexual se extiende a todo el sistema”, dijo Mary Eberstadt, conferencista, autora e investigadora principal del Instituto Faith and Reason.

“Lo que estamos tratando de hacer en esta conferencia es… mirar los cambios más profundos y fundamentales en la sociedad que, en primer lugar, han hecho posible algo como el movimiento #MeToo”, recalcó Eberstadt.

Entendiendo los hechos

La conferencia de casi cuatro horas presentó datos sociológicos, psicológicos y médicos sobre los impactos negativos de la “revolución sexual”. El cardenal y arzobispo de Washington, Donald W. Wuerl, pronunció el discurso de apertura, seguido de la presentación de Mary Eberstadt, quien describió “El momento cultural”.

A continuación, un panel de tres médicos, entre ellos Suzanne Hollman, psicóloga clínica y decana académica y presidenta de programa en psicología clínica de la Divine Mercy University, habló sobre “La salud de la mujer: evidencia y preocupaciones”, presentando una avalancha de hallazgos médicos y psicológicos sobre los impactos reales de la “revolución sexual”.

Un segundo panel de expertos proporcionó más datos en sus presentaciones sobre “Explotación: un negocio en auge”. Helen Alvaré, profesora de derecho en la Facultad de Derecho Antonin Scalia en la Universidad George Mason y fundadora de WomenSpeakforThemselves.com, concluyó el evento con “Un camino adelante.”

Alvaré explicó por qué es tan importante difundir estos hallazgos: “La opinión popular todavía sostiene que la revolución sexual fue y sigue siendo amiga de las mujeres, pero la evidencia de esa conclusión no está allí… La renuencia a decir que los fenómenos #MeToo –acoso sexual, violación, etcétera– son un producto de la sexualización de la sociedad [y] el abaratamiento del sexo… es tan fuerte, que los principales medios simplemente no irán allí”.

“Creo que se lo debemos a las mujeres jóvenes”, afirmó Hollman. “Gran parte de la investigación que está surgiendo apunta a que hay un subconjunto definido de mujeres que no están disfrutando la cultura de la conexión, pero no están seguras de cómo salir de ella”.

Cambiando las ideas del juego

Allison fue una de varios estudiantes inscritas en un curso de verano titulado “Libertad en Estados Unidos”, que fueron llevados a la conferencia por su profesor, Joseph Prud’homme. “Cuando miramos la libertad, es importante poder entender la distinción entre libertad y licencia”, explicó Prud’homme a OSV. Llamó a la conferencia “excelente” y “magníficamente ejecutada”.

Laura, una estudiante de segundo año que estudia filosofía y ciencias políticas y que también está inscrita en la clase, dijo: “Esto definitivamente cambió la forma en que pensaba sobre muchos de los problemas. Realmente no entendí … cuán perturbados están realmente nuestros valores como sociedad. Y es triste decir que me parece que este es un problema que, a menos que lo solucionemos ahora, seguirá creciendo”.

Como dijo Eberstadt a OSV: “Lo que esperamos es que podamos crear una nueva alianza de hombres y mujeres racionales, cualquiera que sea su punto de vista político, para ver este registro empírico, entender que las cosas han salido mal, y que la revolución sexual no es algo que debamos dar por hecho. Es algo que debemos tratar como cualquier otro fenómeno social y preguntarnos, cuando nos duele, cómo podemos cambiar el juego”.

Un poco de números

Para asomarse un poco a lo que significa la “revolución sexual”, he aquí, tan solo, unos cuantos datos significativos, porque los números no mienten: en 1960 había dos enfermedades de transmisión sexual; ahora hay 25 y el porcentaje de los afectados está creciendo

La clamidia se ha duplicado entre 1990 y 2017 y 62 por ciento de las afectadas son mujeres. Por lo demás, 58 por ciento de los usuarios varones de pornografía tienen disfunciones eréctiles con las mujeres, pero no con la pornografía.

Por lo menos para pensar dónde están los orígenes del fenómeno #MeToo.

*Con información de Our Sunday Visitor*

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