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Los consejos del Papa para salir del egoísmo y del «yo con yo por mí y para mí»

POPE FRANCIS GENERAL AUDIENCE
Antoine Mekary | ALETEIA | I.MEDIA
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El Pontífice enseña la oración de la liberación para cuando nos sentimos oprimidos en la audiencia general del miércoles 

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«La vida cristiana no es simplemente un obedecer normas y cumplir deberes, tampoco depende solo de nuestra fuerza de voluntad, sino que es una respuesta agradecida a un Padre generoso que nos ama y nos libera”, dijo el Papa Francisco este miércoles 27 de junio durante la audiencia general en la Plaza de San Pedro. 

El Papa prosiguió su ciclo de catequesis dedicadas a los diez mandamientos y se centró sobre el tema: El amor de Dios precede la ley y les da sentido (Deuteronomio 4, 32-35).

En su intervención exhortó a una oración de liberación que como un grito de auxilio llegue a Dios, quien nos libera. Esto significa también ser agradecidos, vivir con alegría y ver las cosas que Dios ha hecho en la vida de cada uno.

Cuando las cosas no salen bien

“Nosotros no podemos salvarnos únicamente con nuestras propias fuerzas, pero podemos gritar pidiendo ayuda”, insistió. Dios es un “Padre bueno” que tiene “palabras amorosas dirigidas a su pueblo para que camine bien. Las diez palabras (decálogo) inician así: 2 “Yo soy el Señor, tu Dios, el que te sacó de Egipto, país de la esclavitud”. 

“Dios jamás pide sin dar antes…primero salva”, expresó. “El Dios de Israel antes salva, después pide confianza. Es decir: El Decálogo comienza con la generosidad de Dios”. 

El Obispo de Roma predicó que Dios en su primera declaración (“Yo soy el Señor, tu Dios”) indica una relación de pertenencia para con su pueblo. 

Dios no es un extraño: es tu Dios. Esto ilumina todo el Decálogo y descubre también el secreto de la acción cristiana…Cristo es el amado del Padre y nos ama desde ese amor”. 

¿Cuando las cosas no salen bien? Cuando el punto de partida somos nosotros mismos y, en cambio, sería mejor iniciar desde la gratitud, advirtió, Francisco. 

¿A donde llega quien inicia de sí mismo? preguntó. “Quien inicia de sí mismo, pues llega a sí mismo. Es incapaz de hacer camino, regresa siempre sobre sí mismo. Precisamente es esa actitud egoísta”. 

“Bromeando la gente dice: ¡Eh! Esa persona es un yo con yo, por mí y para mí. Sale de sí mismo y regresa a sí mismo”, dijo el papa Francisco al margen de las hojas preparadas. 

¿La vida es solo para perseguir deberes? 

“La vida cristiana es sobre todo la respuesta agradecida a un padre generoso. Los cristianos que persiguen solo los ‘deberes’ denuncian que no tienen una experiencia personal de ese Dios que es “nuestro”. – ‘Yo tengo que hacer esto, y aquello’ – Solo deberes. ¡Pero, te hace falta algo!”. 

Francisco sostuvo que el fundamento no es el deber sino “el amor de Dios Padre, que primero da y después ordena”. 

Así, sostuvo que poner en primer lugar la “ley” antes que la “relación” no facilita “el camino de la fe”.  

¿Cómo puede un joven desear de ser cristiano si partimos de obligaciones, compromisos, coherencias y no de la liberación? 

El Papa insistió en que los mandamientos son un “camino de liberación”, no una masa de reglas y obligaciones. Una “liberación del propio egoísmo, y te libran” pues es el “amor de Dios” que te impulsa y hace seguir adelante. 

¿Cómo salir del egoísmo?

“La formación cristiana no está basada en la fuerza de voluntad, sino en recibir la salvación”, pues significa “dejarse amar”, sostuvo. 

«Primero la salvación, Dios salva su pueblo en el Mar Rojo, y sucesivamente, en el monte Sinaí le dice que debe hacer”, añadió. 

Para salir del egoísmo, el Papa invita a ser agradecidos con Dios. “Dios es un Padre amoroso con su pueblo”, así invita a buscar el agradecimiento del corazón por sus obras en nuestra vida.

Ejercicio del agradecimiento

Francisco propone un pequeño ejercicio en el silencio: “Cada uno responda en su corazón. ¿Cuántas cosas bellas ha hecho Dios por mí?”

“Cada uno de ustedes responda en silencio a la pregunta”, invitó, en esta ocasión, a los 12000 fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro.

“Esta es la liberación de Dios…Dios hace tantas cosas lindas y nos libera”. Francisco admite que pueden haber personas que no han pasado por esta experiencia de liberación. 

“Esto puede suceder, podría ser que mirándose adentro se halle solo un sentido del deber, una espiritualidad de siervos (esclavos) y no de hijos”. 

¿Entonces, qué hacer? El Papa insta a ver lo que hizo el pueblo del Éxodo. Pasaron muchos años, ellos, los israelitas, se lamentaban bajo la esclavitud. “Gritaron, y los gritos de auxilio de los esclavos llegaron a Dios”. 

El grito de auxilio

El Papa insta a gritar a Dios por nuestra esclavitud. Pues, “nosotros no nos salvamos solos. Pero, de nosotros puede salir un grito de auxilio: Señor, sálvame. Señor, enséñame el camino. Señor, acaríciame. Señor, dame un poco de alegría”.

“Este es un grito de auxilio”, añadió. Un grito que pide ser salvados del “egoísmo, del pecado, de las cadenas de la esclavitud”. 

Se trata de “un grito de auxilio” que es “oración”, es “consciencia de aquello que oprime” y no nos “deja libres dentro de nosotros mismo”.

Las mejores imágenes de Papa Francisco durante la Audiencia General:

«Sálvame, ayúdame, libérame”.

La oración de la liberación indicada por el Papa: Señor, «Sálvame, ayúdame, libérame”. 

“Dios quiere romper nuestras cadenas. Dios no nos ha llamado a la vida para quedar oprimidos, sino para ser libres y vivir con gratitud. Obedientes con alegría a Dios que nos ha dado tanto, infinitamente más de lo que jamás podemos darle a él”. 

“Es bello esto. Qué Dios siempre sea bendecido por todo lo que ha hecho y hace y hará en nosotros. ¡Gracias!”, concluyó. 

Por último, saludó a los presentes e invitó a que recordando “todo lo bueno que Dios ha hecho en nosotros respondamos con libertad y alegría a la llamada de Dios, que nos ama y nos libra de nuestras esclavitudes para que podamos vivir como sus hijos amados”. 

Enfermos

Antes de la audiencia el Papa fue a saludar a los enfermos que observaron la audiencia desde el aula Pablo VI del Vaticano, adyacente a la Plaza de San Pedro, a través de pantallas gigantes, para protegerlos del viento y de la canícula de sol del verano. 

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