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¿Qué sería del Mundial de Fútbol sin la inmigración?

KHEDIRA
Shutterstock-Marco Iacobucci EPP
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El fútbol es un lenguaje común y universal que todo el mundo entiende

Si sus padres o ellos mismos no hubiesen cruzado las fronteras e iniciado una nueva vida en una nueva tierra no estarían representando a sus países. Vaya alguien a decirle a Romelu Lukaku, de quien hemos hablado aquí, probablemente una de las dos o tres figuras del Mundial hasta ahora, que es congoleño y no belga.

Diganle a Breel Embolo que no es suizo, que desde los cinco años no vive en Camerún, país del que se fue con su madre y hermano y al que vuelve frecuentemente “para no olvidar las diferencias que existen entre los dos lugares”. Desde los 19 años, comprometido con sus raíces, lleva adelante una fundación para ayudar a niños refugiados en Suiza y a discapacitados en Perú y Camerún. En 2009, sin Embolo, Suiza obtuvo el primer logro deportivo importante de su historia con la Copa Mundial sub 17, con un plantel integrado en dos tercios por descendientes de inmigrantes.

Diganle a Danny Welbeck, de nombre completo Daniel Nii Tackie Menslah Welbeck, hijo de ghaneses, que no represente a los colores de Inglaterra, país que lo vio nacer y en la que creció y llegó a la gloria deportiva.

O a Sammy Khedira, hijo de tunecinos, que no represente a Alemania junto con Mesut Özil, descendiente de turcos, y Jérôme Agyenim Boateng, hijo de un ghanés. Alemania no hubiese vivido alguno de sus momentos futbolísticos más importantes de su ya de por sí rica historia deportiva de no ser por estos estelares representantes de una Alemania que abraza desde hace años, a pesar de muchos, la acogida al inmigrante.

En Francia son Paul Pogba, Kylian Mbappé, Nabil Fekir, Samuel Umiti, N’Golo Kanté, entre varios más, los encargados de hacer soñar a Francia con una nueva Copa del Mundo. Nadie llevó a la gloria al fútbol francés como el descendiente de argelinos Zinedine Zidane, estrella absoluta de la Copa de 1998, que alzó con la ayuda de un franco-argentino, David Trezeguet.

En el fútbol las fronteras se unen, y las oportunidades dadas por los pueblos se agradecen y retribuyen. En muchos casos hay detrás historias de superación y persecución. En otras, simplemente la consolidación de la nueva patria adoptiva de muchas familias. El fútbol profesional que por estos días atrae la atención de todo el mundo tiene muchísimos frentes poco transparentes y oscuros, pero en términos de apoyo al migrante y a ruptura de prejuicios raciales merece mucho reconocimiento.

Football connect

Entre los múltiples programas de desarrollo a través del fútbol en todo el mundo, se destaca Football Connect, un programa que en Suiza organiza sesiones de entrenamiento para migrantes de múltiples nacionalidades como Eritrea, Afghanistan y Siria. Es el fútbol el lenguaje común para muchos niños recién llegados a ese país, lo primero que les permite comenzar a romper las barreras para su inclusión, describen sus responsables. Son más de 200 chicos que hablan múltiples lenguas, pero juegan a la misma: el fútbol.

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