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Sotanas para sacerdotes hechas de plástico reciclado: las iglesias y el reto de la contaminación

PRIEST COLLAR
Pascal DelocheI Leemage
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La lucha por la preservación de la creación se convierte en un compromiso ecuménico cada vez más concreto

La Iglesia de Inglaterra se une a la batalla contra el plástico. Lo refiere el Telegraph en un artículo publicado el pasado 26 de mayo.

Según informa el diario londinense, la firma de vestimenta eclesiástica Butler & Butler ha lanzado la primera sotana en fibra de poliéster de calidad obtenida al 100% de botellas de plástico reciclado.

La sastrería, muy sensible a la temática del comercio eco-solidario o fair trade, obtiene el tejido, que es más sutil que el poliéster tradicional, de la India.

El reto: aumentar la conciencia

La idea de producir vestimentas eclesiásticas de plástico reciclado nació a raíz del enorme interés suscitado por la serie de documentales The Blue Planet (El planeta azul) de la BBC, en la que el conocido naturalista y presentador inglés David Attenborough se detiene en varios aspectos de la vida marina, entre ellos el impacto de la actividad humana y de la catástrofe-plástica sobre los ecosistemas pelágicos.

Ya con motivo de la pasada Cuaresma, la Church of England se había hecho promotora de la campaña anti plástico, invitando a los fieles — como una especie de “gesto ecológico” — a renunciar al consumo de productos de plástico.

Según la responsable de las políticas ambientales de la Iglesia de Inglaterra, Ruth Knight, citada por el sitio BBC News, el objetivo de la Lent Challenge — así se llamaba la campaña de Cuaresma — era “aumentar nuestra conciencia de cuánto dependemos del plástico monouso y ponernos a prueba para ver cómo podemos reducir este uso”.

El compromiso del Papa Francisco

Con sus iniciativas ambientales, la Iglesia de Inglaterra está en óptima compañía. De hecho, en su carta encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común (2015) el papa Francisco subrayaba la importancia de lo que llama “la educación ambiental”, la cual “puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias” (211).

Por lo demás, con ocasión de la I Jornada Mundial de los Pobres, el Pontífice recibió, el pasado noviembre, a los fundadores de la Plastic Bank, David Katz y Shaun Frankson, que han puesto en marcha un sistema (con la consiguiente app) para recoger el plástico de los océanos y convertirlo en beneficios destinados a las poblaciones más pobres.

Una montaña de  8.300 millones de toneladas de plástico

A pesar de su enorme practicidad y utilidad en la vida cotidiana, el plástico es un material muy problemático desde el punto de vista ambiental. Desde un estudio dirigido por Roland Geyer, de la University of California, Santa Barbara (UCSB), surge por ejemplo que el hombre moderno ha producido en el curso de los últimos 65 años una montaña de plástico más de 8.300 millones de toneladas, del que el 70%, es decir 6.300 millones de toneladas, se convierten en basura.

De esta enorme mole, cada año unos 8 millones de toneladas — se trata de un escenario “medio” — terminan en el mar, con tendencia en aumento, así revela otra búsqueda publicada en febrero del 2015 en la conocida revista Science. De hecho, advierten los autores del estudio, para 2025 podrían acabar en el océano 17,5 millones de toneladas anuales.

El impacto de toda esta masa de plástico es enorme. En los mares y océanos de nuestro planeta — mar Tirreno incluído — se han formado auténticas islas de plástico, del que el Pacific Trash Vortex es quizás el ejemplo más eclatante.

Según los datos de la fundación holandesa Ocean Cleanup (traducido “La limpieza del océano”), este enorme parche de basura acumulada a medio camino entre las costas californianas y las islas Hawaii, no solo es grande como tres veces la superficie de Francia, sino también 16 veces más alta de lo que se pensaba anteriormente.

Aunque las piezas más grandes (o sea, de más de 50 cm) constituyen mas de la mitad de esta “sopa” (el 53%) — impresionan las imágenes de animales atrapados en las redes de pescar abandonadas o muertos después de ingerir plástico [1] –, preocupa la cifra de los llamados microplásticos: son 1,8 trillones de pedazos. No son mortales para la fauna marina, pero acaban también en la cadena alimentaria, y al final, en nuestros platos.

La catástrofe-plástico ha alcanzado también a los mares del océano Ártico. Lo confirman los datos recogidos entre la primavera de 2014 y el verano de 2015 por los investigadores del Alfred-Wegener-Institut (AWI) de Bremerhaven, en Alemania, durante tres expediciones a bordo de la nave científica y rompehielos Polarstern.

En un solo litro de hielo ártico — esto han descubierto — pueden ocultarse más de 12.000 microfragmentos de plástico. Muchos son infinitesimalmente pequeños, de apenas 11 micras, es decir, la sexta parte de un cabello humano, cuyo diámetro varía entre los 65 y los 78 µm.

“Las partículas más pequeñas pueden ser facilmente ingeridas por los microorganismos árticos, como los ciliados (Ciliophora, ndr), pero también por los copépodos”, advierte Ilka Peeken, coautora del estudio e investigadora del AWI.

El cáncer de las playas

De otra investigación, esta vez del ENEA — la Agencia italiana para las nuevas tecnologías, la energía y el desarrollo económico sostenible –, se desprende que el 80% de la basura recogida en las playas de Italia es plástico. Según las estimaciones, al menos 100 millones de bastoncillos para limpiar las orejas contaminan las playas italianas.

Así que hay que actuar. A esta conclusión llega también la Comisión Europea, que ha propuesto el lunes 28 de mayo una nueva directiva destinada a prohibir o reducir entre otros los envases de un solo uso, desde las pajitas para las bebidas y los cubiertos de plástico, a los bastoncillos para las orejas. También se preven restricciones sobre las botellas de plástico, introduciendo un sistema de rellenado, y sobre las redes de pesca, previstas por Bruselas para antes de las próximas elecciones europeas, programadas para mayo de 2019.

En los meses pasados ya se habían puesto manos a la obra tanto la primera ministra británica Theresa May como el gobierno escocés de Nicola Sturgeon, para limitar el plástico de usar y tirar.

——

[1] Recentísimo es el caso de un globicéfalo — llamado también ballena pelota — muerto el viernes 1 de junio en Thailandia. Según el Daily Mail, en el estómago del desafortunado animal, los veterinarios descubrieron más de 80 bolsas de plástico, con un peso total de unos 8 kg.

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