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Papa Francisco: ¿Sabes cómo hacen las dictaduras para destruir a las personas?

© Shutterstock
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Homilía hoy en Casa Santa Marta

Si se quieren destruir instituciones o personas, se empieza por hablar mal de ellas. Se usa la seducción que el escándalo tiene en la comunicación. De esta “comunicación calumniosa”, el Papa Francisco pone en guardia hoy en la homilía en Casa Santa Marta.

Su reflexión parte de la historia de Nabot que cuenta hoy el primer Libro de los Reyes. El rey Ajab desea la viña de Nabot y le ofrece dinero. Pero ese terreno forma parte de la herencia de sus antepasados, y el hombre rechaza.

Entonces Ajab que era “caprichoso, hace como los niños cuando no obtienen lo que quieren: llora. Después, por consejo de su cruel esposa, Jezabel, lo hace acusar de falsedad, matar y tomar posesión de su viña. Nabot – observa el Papa – es un “mártir de la fidelidad a la herencia” que había recibido de sus padres: una herencia que iba más allá de la viña, “una herencia del corazón”.

Francisco afirma que la historia de Nabot es paradigmática de la historia de Jesús, de san Esteban y de todos los mártires que fueron condenados usando un escenario de calumnias. Pero es también paradigmática del modo de proceder de mucha gente de “tantos jefes de Estado o de gobierno”. Se empieza con una mentira, y “tras haber destruido tanto a una persona como a una situación con esa calumnia”, se juzga y se condena.

“También hoy, en muchos países, se usa este método: destruir la libre comunicación”.

Por ejemplo pensemos: hay una ley de los medios, de comunicación, se elimina esa ley; se da todo el aparato de la comunicación a una empresa, a una sociedad que calumnia, dice falsedades, debilita la vida democrática. Después vienen los jueces a juzgar a estas instituciones debilitadas, a estas personas destruidas, las condenan, y así avanza una dictadura. Las dictaduras, todas, empezaron así, adulterando la comunicación, poniendo la comunicación en manos de una persona sin escrúpulos, de un gobierno sin escrúpulos.

La seducción de los escándalos

“También en la vida cotidiana es así”, subraya Francisco: si se quiere destruir a una persona, “empiezo con la comunicación: hablar mal, calumniar, decir escándalos”.

Comunicar escándalos es algo que tiene una enorme seducción, una gran seducción. Se seduce con escándalos. Las buenas noticias no son seductoras: “Sí, es bueno lo que ha hecho”. Y pasa… Pero un escándalo: “¡Has visto! ¡Has visto a este! ¡Has visto ese lo que ha hecho! Esta situación… ¡No se puede seguir así!” Y así la comunicación crece, y esa persona, esa institución, ese país acaba en la ruina. No se juzga al final a las personas. Se juzga a la ruina de las personas o de las instituciones, porque no pueden defenderse.

“La seducción del escándalo en la comunicación, arrincona”, o sea, “destruye” como sucedió a Nabot que quería solo “ser fiel a la herencia de sus antepasados”, no malvenderla. Ejemplar en este sentido es también la historia de san Esteban, que hace un largo discurso para defenderse, pero los que lo acusan prefieren lapidarlo antes que escuchar la verdad. Muchas personas son destruidas por una comunicación malvada.

Muchas personas, muchos países destruidos por dictaduras malvadas y calumniosas. Pensemos por ejemplo en las dictaduras del siglo pasado. Pensemos en la persecución de los judíos, por ejemplo. Una comunicación calumniosa, contra los judíos; y terminaban en Auschwitz porque no merecían vivir. Oh… es un horror, pero un horror que sucede hoy: en las sociedades pequeñas, en las personas y en muchos países. El primer paso es apropiarse de la comunicación, y después la destrucción, el juicio, y la muerte.

El apóstol Santiago habla de la “capacidad destructiva de la comunicación malvada”. En conclusión, el Papa exhorta a releer la historia de Nabot en el cap. 21 del Primer Libro de los Reyes y a pensar “en tantas personas destruidas, en tantos países destruidos, en tantas dictaduras con ‘guante blanco’”, que han destruido países.

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