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Colombia y el triunfo de Duque: El factor clave será la implementación de la paz

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Las elecciones en Colombia dieron un triunfo claro a Duque, pero consolidaron a Petro como el jefe indiscutible de una oposición que arranca con más de 8 millones de votos

Iván Duque y el partido de Centro Democrático ganaron la segunda vuelta en las presidenciales colombianas. Gustavo Petro obtuvo una votación importante pero la ventaja del vencedor era clara y contundente. Apenas 4% de votos en blanco y prácticamente sin votos nulos. Un proceso limpio que no dejó lugar a duda sobre la decisión de las mayorías colombianas.

Iván Duque es un tipo joven que en tiempo récord ha llegado a la presidencia. Uribe está detrás y a los lados. Entra a jugar a hora el uribismo. Rodrigo Londoño leyó un comunicado público del partido político de la exguerrilla en el que le pidió al presidente electo Iván Duque reunirse para hablar sobre la implementación del Acuerdo de Paz.

Afirmó que no se deben burlar los compromisos adquiridos. Fue tajante el nuevo jefe del Estado colombiano cuando una pregunta rozó el álgido tema: “No haremos trizas el acuerdo pero la paz que añoramos reclama correcciones”. Se propone “no gobernar con odios”, lo que deja la puerta abierta para entendimientos que le harán falta para sensibilizar al 42% de la coalición encabezada por Petro. Los primeros cien días son clave y la opinión pública los seguirá milimétricamente. Pero ya sabemos que las lunas de miel, por estos lados, no duran mucho. Habrá que poner manos a la obra, conseguir alianzas y afinar propuestas.

Petro, con más de ocho millones de votos, se convirtió en el candidato de izquierda que ha estado más cerca de llegar a la Presidencia de la República. A partir de allí, la derrota no es para Petro un escenario fatal, sino que, por el contrario, lo pone automáticamente como un aventajado en el futuro electoral de Colombia. Tiene 56 años y una bancada propia de cinco senadores —incluyéndolo— y dos representantes a la Cámara, además, con las curules de la Alianza Verde, el Polo Democrático y la FARC serán el 25 % del Senado. Es hoy el dirigente más fuerte de la oposición política.

Hay otra imagen fresca en el gobierno: Marta Lucía Ramírez. Fue la primera mujer en ocupar el cargo de ministra de Defensa y ahora se convierte en la primera mujer en ocupar el segundo cargo más importante del país. Es abogada, tiene 63 años, sabe de comercio exterior, ha sido embajadora, con un postgrado en el Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard y buen manejo de la diplomacia y la política interior.

Le dijo al diario El Espectador: “Me encantaría trabajar, sobre todo, con un gabinete donde ojalá logremos que haya un 50% de mujeres. Que haya gente técnica, que no llegue al gabinete porque es parte de una maquinaria política ni un clan familiar”.

Después de ocho años de Juan Manuel Santos, Iván Duque tendrá la oportunidad de redefinir las relaciones con la comunidad internacional.

Expertos en la temática opinan que el nuevo gobierno permitirá una mayor afinidad entre Bogotá y Washington en una serie de temas, especialmente sobre las políticas económicas y la crisis de Venezuela. Duque estaría más abierto a seguir un enfoque más tradicional, basado en la ley y el orden, para el desafío de las drogas. Pero Duque también dejó claro que no quiere que la relación con Washington sea completamente “narcotizada”, como lo fue en la década de 1990.

Otras opiniones prevén una relación con Venezuela más tensa de lo que ya está. Podríamos volver a aquellos tiempos de fuertes tensiones que se vivieron, sobre todo, a partir de 2008-2009 con el gobierno de Uribe Vélez, pero esta vez en el marco del Grupo de Lima. Se avizora un mayor grado de aislamiento regional de Venezuela y un papel protagónico de Colombia en ese sentido, que impulse incluso a nuevas sanciones contra el régimen de Maduro. Además de eso, Duque ha dicho que Colombia debe salir definitivamente de la Unasur (*), algo que según él fue un mecanismo que se creó para proteger la dictadura venezolana”.

David Kerpel, historiador, analista y periodista en Jerusalén, dijo a AFP: “Duque apoyó abiertamente que Jerusalén sea la capital del Estado de Israel. Duque también apoyó el TLC con Israel. Así que, sin duda, un gobierno suyo tendría buenas relaciones con el de Benjamin Netanyahu. Sin embargo, el candidato también ha dicho durante una entrevista que la solución del conflicto y el camino para la paz en Oriente Medio es la “solución anhelada” de la conformación de dos Estados entre Israel y Palestina, algo que hablaría de un reconocimiento para los Palestinos y que es un tema sensible para los intereses de Israel”.

Santos, con el proceso de paz andando y un premio Nobel en su haber, tiene una imagen muy fuerte en Europa. Habrá que hilar fino. Macron ha dicho: “Para los europeos un acuerdo de paz, a pesar de que ha habido problemas y retardos en la implementación, es intrínsecamente algo muy positivo que hay que defender. Sin duda ese eje marcará las relaciones entre Colombia, Francia y Europa en los años por venir”.

Para los analistas chilenos las relaciones bilaterales van a ser mucho más fluidas. Habrá una afinidad ideológica con el presidente Sebastián Piñera, de derechas. Obviamente los patrones de comercio y de hacer de la Alianza del Pacífico una plataforma meramente comercial, no van a ser discutidas o puestas bajo tela de juicio, sino que, al contrario, serán asumidas y profundizadas.

Si Duque, como es lógico suponer, reproduce los métodos del expresidente Álvaro Uribe, no se pueden esperar grandes cambios. En el caso de Brasil, el nuevo presidente continuará con una política de cooperación política, económica y militar con ese país.

En Argentina concluyen que el nuevo presidente de Colombia enfrenta tres desafíos internos y tres retos externos. Adentro, la implementación del proceso de paz, la reducción del fenómeno de las drogas y el imperativo del crecimiento económico. En lo internacional, serán claves los vínculos con Estados Unidos, Venezuela y Nicaragua. México es una gran interrogante: si el triunfo es para López Obrador, retomará una posición de no intervención en el proceso venezolano?

Sin duda, el factor clave será la implementación del proceso de paz, un proceso en el que muchos países han invertido tiempo y dinero. Desde el Reino Unido, especialistas en historia latinoamericana han adelantado que “si hay problemas con eso podría afectar la continuación de inversión extranjera, particularmente en lo que concierne a las personas que acaban de empezar a invertir en el país”. Es comprensible, entonces, el cuidado con que Duque aborda el tema aún siendo parte del uribismo, los grandes críticos del proceso de paz, tal y como se planteó con Santos.

Pero el centro de todas las preocupaciones es el régimen de Maduro, que se ha convertido en un peligro para el continente. La numerosa salida de venezolanos hacia otros países representa una carga que cada día será más compleja. Los nexos denunciados de importantes jefes políticos chavo-maduristas con el terrorismo internacional y el negocio de la droga representa un riesgo demasiado evidente y costoso.

Lo que pasa en Colombia, pasa en Venezuela y viceversa. Hemos sido el aliviadero de la guerrilla que, perseguida en Colombia, encuentra refugio en esta parte de la frontera. Seguimos siendo el mullido colchón para todo Alí Babá en fuga. Ahora, son los venezolanos los que van hacia el vecino país, buscando comida, medicinas y una vida más digna que la que ofrece el socialismo del siglo XXI.

A pesar de la incertidumbre que se abre con el tema del proceso de paz colombiano, en Caracas hay recelo oficialista y entusiasmo por parte de los sectores democráticos. Santos fue un aliado para la defensa de los derechos humanos y la recuperación de las libertades en Venezuela, además de conducir un gobierno que ha prestado facilidades para la llegada y asistencia humanitaria de los venezolanos que huyen de la peor crisis que el país haya conocido. No tiene por qué ser diferente con Duque. ¿Cuáles serán los bemoles? Amanecerá y veremos.

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