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Obispos estadounidenses plantan cara a la decisión de negar asilo a quien huye de violencia doméstica o de las pandillas

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"El asilo es un instrumento para preservar el derecho a la vida" afirman los obispos

Nada más iniciar la reunión anual de primavera –el pasado 13 de junio– los obispos estadounidenses reunidos en Fort Lauderdale (Florida), dejaron en claro su condena a la decisión del Fiscal General de Estados Unidos, Jeff Sessions, que los solicitantes de asilo que huyen de la violencia doméstica o de pandillas no puedan encontrar protección en los Estados Unidos.

“En su esencia, el asilo es un instrumento para preservar el derecho a la vida”, se puede leer en la declaración de los obispos, En su repulsa a la decisión del Fiscal, instaron a los legisladores y tribunales del país a “respetar y mejorar, no a erosionar, el potencial de nuestro sistema de asilo para preservar y proteger el derecho a la vida”.

La propuesta migratoria de Sessions “despierta una gran preocupación porque potencialmente quita el asilo de muchas mujeres que carecen de protección adecuada”, subraya el comunicado conjunto de los obispos estadounidenses. “Estas mujeres vulnerables enfrentarán ahora el regreso a los peligros extremos de la violencia doméstica en su país de origen”, agrega.

La declaración formal fue leída por el cardenal Daniel N. DiNardo de Galveston-Houston, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) al inicio de la asamblea y logró concitar la unanimidad de los obispos estadounidenses.

El tema de fondo fue el anuncio de Sessions, el 11 de junio, mediante el cual negaba el asilo a todas las solicitantes de éste por violencia doméstica y a todos los que llegaran a Estados Unidos huyendo de las pandillas que operan en buena parte del territorio de Centroamérica.

Esta decisión “niega décadas de precedentes que han proporcionado protección a la violencia doméstica fugaz de las mujeres”, dijo DiNardo. “A menos que se anule, la decisión erosionará la capacidad del asilo para salvar vidas, particularmente en casos que involucran a solicitantes de asilo que son perseguidos por actores privados”.

La polémica se desató cuando Sessions revirtió la decisión de un tribunal de inmigración de conceder asilo a una mujer salvadoreña que dijo que había sido maltratada por su esposo. Para el Fiscal General de la administración de Trump, las leyes de asilo de Estados Unidos no pueden utilizarse para remediar “todas las desgracias”, incluida la violencia que sufre alguien en otro país u otras razones relacionadas con las “circunstancias sociales, económicas, familiares u otras circunstancias personales” de un individuo.

Una cardioesclerosis que invade Estados Unidos

Ell cardenal DiNardo se unió al obispo Joe S. Vásquez de Austin, Texas, presidente del Comité de Migración de la USCCB, “al condenar el uso continuado de la separación familiar en la frontera entre Estados Unidos y México como una política de cero tolerancia”, anunciada por Sessions al principio del mes de mayo pasado.

“Nuestro gobierno tiene la discreción en nuestras leyes para garantizar que los niños pequeños no sean separados de sus padres y expuestos a daños y traumas irreparables”, dijo el cardenal DiNardo. “Las familias son el elemento fundamental de nuestra sociedad y deben poder permanecer juntas.

“Si bien la protección de nuestras fronteras es importante, podemos y debemos hacerlo mejor como gobierno y como sociedad, para encontrar otras formas de garantizar esa seguridad; separar a los bebés de sus madres no es la respuesta y es inmoral”, concluyó Di Nardo

Por su parte, el cardenal Joseph W. Tobin de Newark, Nueva Jersey, dijo que la nueva política “es consistente con la cardiosclerosis” o endurecimiento del corazón estadounidense. Pidió una amplia discusión entre los obispos sobre cómo responder con mayor fortaleza ante estos hechos.

Una de las propuestas del cardenal Tobin fue que los obispos de Estados Unidos consideren enviar una delegación para inspeccionar los centros de detención que retienen a los niños “como un signo de nuestra respuesta pastoral y (de nuestra) protesta contra lo que se está haciendo a los niños”.

“Necesitan saber de nosotros”, dijo el obispo Nicholas DiMarzio de Brooklyn a la asamblea. “Hay un elemento de restriccionismo, algo basado en el racismo. Es difícil para las personas decidir lo que piensan al respecto. Pero de hecho eso es lo que estamos viendo. Esta es una situación de crisis”.

Finalmente, el obispo Jaime Soto, de Sacramento, California, expresó su preocupación por un “muy deliberado esfuerzo realizado por parte de la administración, particularmente el Departamento de Justicia para establecer regulaciones que realmente desafían la implementación de la ley de inmigración”.

Instó a todo el cuerpo de obispos a ser más activos para presionar al Congreso y a los tribunales para que comprendan los valores y las prácticas estadounidenses de larga data con respecto a la acogida de inmigrantes, y también para lograr alivio a 800.000 jóvenes que están en el DACA y que la presente administración los mantiene en vilo.

“Parece nefasto cómo el sistema de inmigración se está deshaciendo por las regulaciones cada vez más restrictivas que se están implementando”, dijo el obispo de Sacramento.

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