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Desde el comienzo del año, un sacerdote es asesinado cada nueve días en el mundo

PHILIPPINES - CRIME - Pirest
EZRA ACAYAN / NURPHOTO / AFP
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Por 18.ª vez desde principios de año, un sacerdote católico ha sido asesinado. El domingo 10 de junio, un nuevo asesinato confirmó el aumento de las amenazas a los sacerdotes en 2018

El ataque tuvo lugar el domingo 10 de junio. Eran alrededor de las 5 de la tarde, en la diócesis de Cabanatúan, Filipinas, cuando se efectuaron al menos tres disparos a través de la ventana de una pequeña iglesia en la provincia de Nueva Écija, en el norte del archipiélago. Estaba a punto de comenzar la misa dominical, celebrada por el padre Richmnond Nilo, párroco de la iglesia San Vicente Ferrer de Zaragoza (Filipinas). Con 43 años, el ministro de Dios murió en el acto. Los asesinos huyeron inmediatamente.

El padre Nilo había consagrado su vida a Dios a través del sacerdocio. Durante diecisiete años había servido a la diócesis con la misma fidelidad. Ese día, fue a acercarse al altar para celebrar la misa dominical, como siempre había hecho desde su ordenación. Su último Sacrificio. Además de ocupar un puesto clave en la diócesis — administrador financiero de la diócesis—, también era conocido por su participación activa en el apostolado hacia los sordomudos en su diócesis.

Este sacerdote católico es el tercero muerto a tiros en los últimos meses en Filipinas, después del padre Mark Anthony Yuaga Ventura, de 37 años, en abril, y del padre Marcelito Páez, en diciembre pasado. Apenas cuatro días antes de este último atentado, el padre Rey Urmeneneta, antiguo capellán, había sido herido en un intento de asesinato en la ciudad de Calamba, al sur de Manila. Según las cifras de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París, Filipinas cuenta con 85 millones de fieles católicos, es decir, el 80% de la población. De modo que el archipiélago ocupa el tercer lugar entre los países de mayoría católica, después de Brasil y México.

Impunidad

Por su parte, la conferencia episcopal del país —que lamenta una pérdida irreparable para la diócesis— condena en los términos más enérgicos la escalada de violencia y la cultura de impunidad que reina en Filipinas. Cualquiera que sea el motivo, explican los obispos de la conferencia, matar a un sacerdote no es únicamente un gesto anticristiano, sino también “antifilipino”. “Exigimos justicia”, reclaman, “así como una investigación exhaustiva e imparcial del asunto y una rápida resolución”.

Aunque aún no ha pasado la mitad del año, la Iglesia católica en todo el mundo ya está de luto por el asesinato de su 18.º sacerdote. Cada nueve días, un inocente es asesinado porque ha elegido comprometerse plenamente a seguir los pasos de Cristo. Una cifra alarmante que supera todas las estadísticas precedentes. Desde 2010, 125 sacerdotes han sido asesinados en todo el mundo, una media de 15 por año, una media que ya se ha superado dolorosamente en los seis meses que van de 2018.

África y América son los primeros continentes afectados —siete sacerdotes asesinados en cada uno desde el comienzo del año en curso— luego viene Asia con tres muertos, incluyendo dos en las Filipinas. Finalmente, el padre Alain-Florent Gandoulou, capellán de la comunidad católica francófona de Berlín (Alemania) fue asesinado a la edad de 54 años.

Demostración de fuerza

El asesinato de un sacerdote constituye un ejemplo o demostración de poder. Aunque algunos asesinatos siguen siendo enigmáticos, como el caso de un congoleño el pasado 2 de marzo, esta violencia puede tener dos orígenes. Por un lado, lo que la Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) llama en su informe sobre la libertad religiosa el “nuevo fenómeno de violencia basada en la religión que podríamos llamar ‘hiperextremismo’ islamista”, sobre todo en África y particularmente en la región de Nigeria. Por otro lado, los cárteles criminales, contra los cuales la Iglesia se expone enormemente.

En México, por ejemplo, uno de los países más peligrosos para los sacerdotes, el crimen organizado, el tráfico y la corrupción son fenómenos masivos contra los cuales la Iglesia está en primera línea. Así, por noveno año consecutivo, este país es donde más religiosos son asesinados.

Decía el santo cura de Ars: “Cuando se quiere destruir la religión, se comienza por atacar al sacerdote, porque allí donde no hay sacerdote, no hay sacrificio, y donde no hay sacrificio, no hay religión”.

Esta es sin duda la razón por la que, tanto hoy como ayer, los sacerdotes son objetivos preferentes. Sin embargo, este año resuena aún más dolorosamente porque 2018 aspira a alcanzar un triste récord. El cura de Ars añadió: “¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo! (…) Él mismo solo lo entenderá en el cielo”.

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