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5 ideas para que los niños tengan ganas de aprender

CHILD IN THE GARDEN
By Juliya Shangarey | Shutterstock
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La motivación es la clave

Muchos padres están preocupados porque sus hijos no hacen las tareas, tienden a no restar atención en clase, no tienen ningún interés en sacar buenas notas. Parece que a sus hijos, todo lo que tiene que ver con los estudios les resulta indiferente y se muestran apáticos, con desánimo y desinteresados.

Sin embargo, cuando un niño está motivado encuentra sentido a lo que hace. Si en casa aprende algo nuevo cada día se le estimula a seguir aprendiendo y a crecer poco a poco en autonomía. Aquí unas ideas:

1. Planear objetivos de corto a largo plazo

Motivarles puede ser más fácil cuando se les propone cumplir un objetivo en pocos días. ordenar la habitación;  sacar la basura… Es importante que sea algo concreto pues les ayuda a lograrlo.

A medida se van haciendo mayores conviene incentivarles cumplir objetivos a largo plazo: alcanzar cierto nivel de inglés, por ejemplo.

2. Sentido de la competencia

Inculcarle que fijarse metas le permitirá conseguir lo que se proponga en la vida le aportará muchísima motivación y autoestima.

3. Es esfuerzo importa más que el triunfo

No es lo mismo elogiar el trabajo de su hijo que alentarlo. Cuando elogiamos lo hacemos por el triunfo logrado, sin embargo cuando alentamos reconocemos el gran esfuerzo que está haciendo. Para ello será importantísimo emplear un lenguaje positivo. 

4. Lo que le gusta

Identificar las actividades y objetos que más le atraen para captar su interés.

5. Jugar con amigos

Jugar con otras personas anima al niño a aplicarse y facilita su aprendizaje. Además, le enseña el compartir y le ayuda a potenciar la empatía. Apostar por juegos y deportes que requieran interactuar con otros le permitirán también aprender a respetar las reglas del juego.

CHILDREN PLAYING
Rain0975 | Flickr CC by ND 2.0

Educar en positivo 

Cuando nos ponemos a hablar con nuestro hijo, debemos adoptar una actitud positiva frente a lo que nos está contando, haciéndole ver que nos interesa lo que nos dice y mostrarle nuestro agrado por sus intentos de contarnos cosas.

Los niños, cuanto más pequeños, son menos capaces de posponer aquellas cosas que le impresionan o quieren saber. Por ello lo mejor que podemos hacer es tener todos los días un tiempo destinado a jugar o hablar directa y exclusivamente con el niño mediante actividades compartidas: jugar a la pelota, ver los dibujos animados, dibujar, bailar… Estas interacciones son una buena ocasión para asegurar y aumentar las comunicación y estimularles a la acción y crecimiento gradual en la autonomía.

Hay que organizar el ambiente de modo que se multipliquen los momentos o situaciones en las que el niño necesita o se siente motivado a comunicar; no se trata de imponerle que hable sino de crear el ambiente para que sientan la necesidad de expresar verbalmente lo que quieren o necesitan.

 Todo lo que se siembra en los primeros años de vida se transformará en recursos indispensables para su futuro crecimiento y los años de la adolescencia. Nunca es tarde para sembrar, pero cuanto antes se empiece más beneficios se recogerán.

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