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El Salvador: La voz de la Justicia se escucha de nuevo

EL SALVADOR;
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En el tapete el caso “Ellacuría” y un jesuita venezolano aporta interesantes detalles

En abril de este año, el juez Tercero de Paz de San Salvador, José Alberto Campos Orellana, ordenó la reapertura de la investigación judicial contra los presuntos autores intelectuales detrás de la matanza de seis sacerdotes jesuitas, una adolescente y su madre, ocurrida en noviembre de 1989 en las instalaciones de la Universidad Centroamericana.

Una decisión judicial del año 2000 había sobreseído a los acusados pero ahora, en virtud de esta decisión, es nula y la Fiscalía debe presentar una nueva acusación contra los presuntos autores intelectuales del crimen.

El nuevo requerimiento fiscal debe –y así se ha ordenado- estar “a la altura de los estándares internacionales de Derechos Humanos y de Derecho Humanitario” contra el expresidente Alfredo Cristiani Burkard, y a los miembro del Alto Mando del Ejército: René Emilio Ponce, exjefe del Estado Mayor Conjunto (ya fallecido); Juan Rafael Bustillo, excomandante general de la Fuerza Aérea; Juan Orlando Zepeda, exviceministro de Defensa; Inocente Orlando Montano, exviceministro de Seguridad; Francisco Elena Fuentes, excomandante de la Primera Brigada de Infantería; y Rafael Humberto Larios, exministro de Defensa.

Los antecedentes se remontan al año 1989 cuando un escuadrón del Ejército salvadoreño asesinó a los jesuitas españoles Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López y Juan Ramón Moreno y al salvadoreño Joaquín López. También mataron a Elba Ramos y su hija Celina, colaboradoras de los religiosos.

El Salvador y su cruenta historia reciente ha sido escenario de diversos asesinatos políticos contra sacerdotes católicos. El caso harto conocido de Mons Oscar Arnulfo Romero,  es uno de ellos. El más reciente, ocurrido en Jueves Santo del año en curso cuando fue asesinado el  P. Walter Osmir Vásquez, en el municipio de Lolitique, San Miguel, cuando iba a bordo de su automóvil a un acto religioso en la diócesis de Santiago de María, donde se desempeñaba.

Dos meses después de ser asesinado, sigue sin resolverse el crimen. La situación ha llevado a la Conferencia Episcopal de El Salvador instó a las autoridades del Gobierno a cumplir con su obligación e investigar el asesinato del religioso “así como el de «los demás crímenes» que se comenten a diario en el país”. La impunidad, en El Salvador,

El caso toma un nuevo giro al replantear el proceso contra los supuestos autores intelectuales de la masacre de los seis sacerdotes jesuitas, cinco de ellos de origen español, y dos de sus colaboradoras.

El P. Luis Ugalde (sj), comentó el caso con Aleteia y contextualizó los hechos situando la época. El exrector de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas conocía bien a esos jesuitas, incluso estuvo con algunos de ellos poco antes de la masacre.

“Entre el asesinato de los jesuitas y el de Mons Romero median unos 10 años”, recordó para comenzar. Antes de ambos hubo un intento -en medio de aquél ambiente de derecha recalcitrante, dura- del coronel Majano y la democracia cristiana de hacer un gobierno de centro abierto, con militares y civiles. Fue un gobierno que intentó una transición sin ultras, ni derecha ni izquierda, lo cual fracasó y muchos tuvieron que salir al exilio. Entre ellos ministros que eran profesores de la universidad católica. El proceso se endurece y se llega a la conclusión de que no hay nada que hacer para evitar una guerra.

“Y la guerra se desata –recuerda el P Ugalde-. Ellacuría, si viviera, tendría unos 90 años de edad. Era un hombre muy agudo y dialéctico, de lengua afilada. Como rector de la universidad tenía peso. Ellos no eran ingenuos y eran críticos, incluso de nuestra universidad, la UCA de Managua y decía que estaban en una postura muy sandinista y que la universidad no podía ser de esa manera. No eran de tendencia izquierdista y mucho menos partidarios de la guerrilla, pero había una realidad allí que no se podía ignorar”.

Influyeron mucho los sermones de Mons Romero pues él también vio, una vez desatada la guerra, cómo mataban a muchos sacerdotes que ni siquiera tenían algo que ver con el conflicto. Mons Romero quedó sumamente impactado con el asesinato de Rutilio Grande pues lo conocía. “Era, en verdad, un santo varón –cuenta el P. Ugalde- y lo mataron a él, a dos monaguillos que lo acompañaban y a otras personas”.

Esa polarización ocurrió y en la Iglesia hubo algunos que creían que la guerrilla podía ganar el enfrentamiento armado.

“Yo me encontré con Ellacuría en Madrid –rememora- unos dos meses antes de que lo asesinaran. Fue por casualidad. Yo iba de Madrid a Bilbao y él también tenía su familia en Bilbao. Al llegar, mi familia me estaba esperando. Él y yo nos saludamos y cambiamos impresiones sobre el gobierno que comenzaba en El Salvador. El nuevo presidente era de ARENA y conservador. Él me dijo:‘¿Sabes?, estoy optimista, Creo que se va a dar el diálogo porque este nuevo mandatario es de derecha pero es muy inteligente. Fue alumno nuestro’. Era Alfredo Cristiani. Me contó que lo había llamado -estando Ellacuría en El Escorial en una reunión- porque quería hablar con él”.

En eso basaba el jesuita sus esperanzas de que el diálogo operaría y que ello abriría una solución a la guerra que estaba trancada en un empate. No había más salida.

El FFMLN (*1), al completo, se planteó ir adelante con las conversaciones. Entre sus jefes estaba Villalobos, quien ahora asesora a organismos internacionales en materia de negociación de conflictos. Se le consideraba un gran estratega y sabían que, de no prosperar un diálogo para lograr acuerdos, la guerra iba para largo y habría que tomar la capital con las consecuentes derivaciones violentas. De hecho, fueron acumulando tropas alrededor de San Salvador. Por su parte, la derecha sabía igualmente que tenían que transitar el camino de las negociaciones.

En el gobierno había también sus radicales. “Así como hoy –prosigue Luis Ugalde- están los que hablan de que el Papa es comunista y el General de los jesuitas también, lo mismo decían de Mons Romero. Decían que estaba “drogado” por los jesuitas, decían que era comunista. Una mentalidad absurda pero que prospera en entornos de extremismos. Ya Mons Romero, por cierto, había muerto. Pero la culpa era de los jesuitas. Estaban convencidos de que el autor intelectual de la guerrilla era Ellacuría”.

-¿Por qué Ellacuría, si él más bien quería mediar y el propio presidente solicitaba su colaboración?

En esa polarización él no hablaba a favor del gobierno ni a favor de la guerrilla. Su propósito era contribuir con el diálogo y favorecer el encuentro. Estaba claro en que no había más remedio que conversar.

Dado su prestigio intelectual y su denuncia de la situación del país, se había granjeado la enemistad de algunos sectores financieros y militares que le amenazaron con insistencia para acallar su voz.

Ellacuría debe ser eliminado y no quiero testigos. Fue la orden que dio el coronel René Emilio Ponce al batallón Atlacatl, el más sanguinario del ejército salvadoreño. La orden se cumplió la noche del 16 de noviembre de 1989 en que fueron asesinados con premeditación, nocturnidad y alevosía seis jesuitas y dos colaboradoras, madre e hija.

Ellacuría defendía la paz, quería el cese de la guerra. Su personalidad era, como te digo, muy fuerte. Entre los que mataron estaba uno que vivía allí, pertenecía a Fe y Alegría, no tenía nada que ver con la universidad. Era el mayor de todos, más bien conservador y tampoco tenía vinculación alguna con el conflicto. Pero, igualmente, tenían que matar a todos para no dejar testigos. El más joven –sigue relatando Ugalde- era Martín Baró, menor que todos nosotros. Lo conocí en Bogotá, yo terminaba Filosofía en la Javeriana y ellos vinieron de Ecuador. Yo le llevaría tres años. Era inteligente, muy vehemente y emotivo, psicólogo. Muy creativo. Varias veces vino a Caracas, a la UCV (*2) a impartir seminarios sobre Psicología Social. Lo volví a ver cuando lo enviaron a Alemania a hacer la Teología.

-¿Cómo fue a parar a El Salvador?

_ No aguantó a los alemanes –responde jocoso el P Ugalde- , su disciplina, su rigidez y rigurosidad. Al mes, estaba en Lovaina, Bélgica y estudió allá. Otro de ellos era Amando López, quien era rector de la universidad en Nicaragua cuando triunfó el sandinismo. Yo  impartí ejercicios espirituales a los jesuitas allí y él estaba entre ellos. Así lo conocí. Esa fue la gente que liquidaron. El Alto Mando lo resolvió así cuando se dio la batalla final por ser “los intelectuales detrás de la guerrilla.

-Al principio dijeron que la guerrilla los había asesinado…

_ Sí, pretendieron que se creyera que era zona de guerrilla y por ello los habían matado. Puro invento y eso ya está más que probado. Los matan en la comunidad de la universidad. Estaban dormidos todos. Llegó el comando militar, los sacó de las habitaciones hasta un jardincito que había y allí mismo los acribillaron a todos. Bajando la cuesta había una habitación que usaban algunos trabajadores. Algunos se quedaron allí pues vista la situación de guerra –la guerrilla trataba de tomar la ciudad- se quedaron esa noche para no andar tarde por las calles. Estaban allí por casualidad y también fueron ametrallados. Un dato interesante: Se salvó un padre llamado Rodolfo Cardenal –emparentado con los Cardenal de Nicaragua, de los más jóvenes, sobrino de Ernesto Cardenal- quien también estaba allí y, corriéndose ya el rumor de que podían irrumpir en la universidad para matarlos, Ellacuría les dijo “Por qué? Cómo nos van a matar? Eso no serviría de nada al gobierno. Ese disparate no lo pueden hacer. Nosotros nos quedamos. Pero Rodolfo Cardenal dijo: “Bueno, ustedes se quedarán pero yo me voy. Yo no duermo aquí esta noche”. Y se fue a Santa Tecla donde teníamos una casa. Por eso se salvó de la masacre”.

-¿Sirvió de algo al gobierno o tuvo razón Ellacuría?

No. Pero sí sirvió para hacer evidente lo que Ellacuría proponía: el diálogo llegó poco tiempo después. Él insistía en que había que negociar. El escándalo de ese crimen fue tan grande que los países presionaron para que ocurriera la negociación. La guerra se detuvo y hubo elecciones. A partir de ese momento se ha producido la alternancia: a veces ha ganado ARENA y otras el FFMLN. La izquierda acaba de perder la alcaldía de la capital, la cual han ganado varias veces. El Salvador no tiene la violencia de aquellos tiempos pero es un desastre por la acción de las maras y otros factores de conflicto social.

Ignacio Ellacuría era un reconocido filósofo y teólogo. “Revertir la historia, subvertirla y lanzarla en otra dirección”, “sanar la civilización enferma”, “superar la civilización del capital”, “evitar un desenlace fatídico y fatal”, “bajar a los crucificados de la cruz” (son expresiones suyas) fueron los desafíos a los que quiso responder con la palabra y la escritura, el compromiso político y la vivencia religiosa. Y lo pagó con su vida.

En la actualidad, el cuerpo de Ignacio Ellacuría yace enterrado en la capilla de la UCA. Tienen una capilla donde han edificado un testimonio de los mártires de aquellos horrendos hechos que hoy se rememoran para hacer justicia.

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(*1)  Frente -guerrillero- Farabundo Martí de Liberación Nacional

(*2)   Universidad Central de Venezuela

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