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Aborto en Irlanda: ¿Por qué los votantes decidieron eliminar las protecciones a la vida?

James Forde | AFP
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Observadores dicen que la confluencia de problemas prolongados condujo a que dos tercios de los votantes rechazaran la Octava Enmienda

El reciente referéndum en Irlanda para abolir la enmienda constitucional que protegía a los niños no natos sucedió debido a una “tormenta perfecta” de influencias, afirmó un líder del movimiento provida de dicho país.

Muchos factores confluyeron para que el voto del 25 de mayo rechazara la Octava Enmienda, declaró Lisa O’Hare, portavoz de Human Life International Ireland. Entre ellos está la progresiva secularización de una población que antes era firmemente católica, un cambio facilitado por el fracaso de la propia Iglesia a la hora de educar y formar adecuadamente a sus miembros más jóvenes; una jerarquía que ha sido silenciada por los medios y la cultura popular debido a escándalos recientes y debilitada por un disentimiento interno, sumado al constante impacto de la revolución sexual y de una cultura del relativismo.

“Todos estos factores han influido directamente en Irlanda”, dijo O’Hare en una entrevista.

Aproximadamente dos tercios de los que votaron en el referéndum optaron por reemplazar la Octava Enmienda por una formulación que prepare una regulación del aborto. Se espera que la legislación que permita el aborto se introduzca en el Parlamento antes del parón veraniego, afirmó Simon Harris, ministro irlandés de Sanidad.

Como el referéndum de 2015 para permitir a las parejas del mismo sexo casarse en Irlanda, el voto para derogar la Octava se considera el primero en la historia en que el pueblo de una nación vota por sí mismo para legalizar el aborto.

En opinión del sacerdote Denis Vincent Twomey, profesor emérito de teología moral en la universidad St Patrick’s College en Maynooth, la razón más profunda de este “cambio extraordinario” es que el catolicismo se ha convertido principalmente en un “fenómeno cultural ritualizado”, comentó el padre Twomey en una entrevista. “Los católicos por convicción son limitados”.

El padre Twomey explicó que celebraciones como el bautismo, la sagrada comunión, la confirmación, las bodas y los funerales “se han convertido en meros rituales. En la mayoría de los casos, son solamente excusas para montar fiestas”.

“Las personas han nacido en el catolicismo y quizás sigan la Iglesia durante los diferentes ritos de transición, pero sin duda no ha sido una comunidad católica viva durante ya cierto tiempo”, afirmó O’Hare. El referéndum ha sido una “forma dolorosa de darnos cuenta del secularismo de la nación que estamos sufriendo”.

Human Life International confiaba en que quedaba suficiente espíritu católico en Irlanda como para ganar el voto al No. Por lo visto, no lo había, pero sí quedaba suficiente de un espectro de una característica de la fe como para impulsar el voto de derogación, afirmó el padre Twomey, que fue estudiante de doctorado con el cardenal Joseph Ratzinger en Ratisbona.

“La campaña por el Sí jugó con una de las fortalezas del catolicismo irlandés tradicional como fenómeno cultural, arraigado en la fe, es decir, la compasión por el sufrimiento de los demás”, declaró el padre Twomey. Esa compasión se mostraba hacia las “desafortunadas mujeres con crisis de embarazo que, debido a la situación aquí, a la ley, tenían que ir a Inglaterra para practicar sus ‘terminaciones’”. Los medios de comunicación “no dejaban de presentar estos casos duros que llaman a la empatía”, especialmente el caso de Savita Halappanavar, que murió en un hospital irlandés después de negársele un aborto. “Incluso personas que van a misa aparecieron diciendo esto, que votarían Sí muy conscientemente, debido a la difícil situación de las mujeres. Una argumentación razonada y los hechos tuvieron poco impacto cuando el lado del Sí despertó las pasiones”.

Michael J. New, profesor asociado de economía en la Universidad Ave María de Florida e investigador asociado en el Instituto Charlotte Lozier, escribió en National Review que “escenarios excepcionales con violaciones, anormalidades fetales y riesgos para la salud de la mujer destacaron en la mente de muchos votantes irlandeses que votaron en favor de la abolición”.

“Ante la pregunta de qué influyó en su voto”, escribió New comentando un sondeo a pie de urna realizado por RTÉ, la televisión nacional y emisora de radio irlandesa, “el 77 por ciento citó historias de personas que conocían o historias personales de gentes que se cubrieron en los medios de comunicación, que tendían a enfatizar escenarios excepcionales que incluían riesgos para la salud y deformidades fetales. Además, cuando se preguntó por factores específicos que influyeran su voto, tres de los cuatro primeros factores eran riesgo para la salud o la vida de la mujer, embarazo resultado de violación o incesto y anormalidades fetales fatales”.

“Lo que escuchamos es que muchas personas votaban por esos casos difíciles y que no estaban a favor del aborto por encargo en sí, pero consideraban que la Octava Enmienda de alguna forma dificultaba la atención médica de las embarazadas”, afirmó O’Hare. “Y los otros casos duros de condiciones que limitan la vida y de violación e incesto eran ámbitos que las personas creían necesario que se trataran. (…) Hemos perdido nuestra total capacidad para el valor redentor del sufrimiento en este país, igual que el resto del mundo Occidental, parece que hemos caído en esta noción de que de alguna forma podemos movernos por este mundo sin sufrir y que todo lo que sea necesario para eliminar el sufrimiento ha de hacerse”.

“Eso nos devuelve a enseñar toda la extensión del auténtico catolicismo”, continuó O’Hara. “Lo que las personas ven del catolicismo en Irlanda es un catolicismo muy supersticioso. (…) [El catolicismo] es mucho más que una devoción supersticiosa a estatuas o santos. Es una relación real y amorosa con Jesucristo y cómo nos ayuda Él a superar todas las dificultades y tribulaciones del mundo en que nos encontramos”.

Los sondeos a pie de urna también mostraron que casi un 90 por ciento de los votantes entre 18 y 24 años votaron por la derogación.

“Este es otro indicativo del fracaso de la Iglesia católica en Irlanda a nivel de educación religiosa básica, de formar a jóvenes hombres y mujeres de convicción”, comentó el padre Twomey. “Prácticamente no ha habido educación religiosa seria en Irlanda durante los últimos 40 años, si no más. Irlanda, debemos recordar, aunque orgullosa de su independencia y su cultura distintiva, sigue siendo parte del mundo anglosajón, y lo que sucede en Estados Unidos e Inglaterra es tan relevante como lo que sucede en Irlanda. Todo el movimiento por la libertad de elección, la liberación de las mujeres —el feminismo desempeñó un papel muy grande en esto— también ha sido muy fuerte aquí en Irlanda.  Y eso es lo que atrae a los jóvenes. La juventud es fácilmente manipulable por la propaganda”.

El padre Twomey afirma que tiene “pruebas anecdóticas” de que los votantes jóvenes “a menudo convencieron a sus padres” para votar por la derogación: “padres que estaban indecisos, que estaban confusos —la confusión era bastante extensa—, así que los jóvenes persuadieron a sus padres de que votaran como ellos. Los padres en Irlanda se han vuelto inseguros en relación a sus hijos jóvenes. No quieren perderles, no quieren molestarles y están muy orgullosos de sus logros, intelectualmente, que muy a menudo van más allá de lo que sus mismos padres podrían conseguir, debido a sus circunstancias anteriores”.

El sacerdote coincidió con que la Iglesia efectivamente no tuvo voz en la campaña debido a una historia reciente de escándalos, algunos de los cuales fueron minuciosamente retomados en los medios en las vísperas de la votación.

“Creo que los obispos sí se expresaron tanto como pudieron, con pastorales cuidadosamente redactadas, unas pastorales muy poderosas”, manifestó. “Pero al final, todo lo que los obispos tendían a decir era: ‘Por estos motivos voy a votar No’. Luego la gente decía: ‘Pues vale, tú votarás No, es tu elección; nosotros votaremos Sí’. Así que no tuvieron esa agudeza que sería necesaria. Pero habría sido contraproducente si hubieran salido con una gran declaración”.

Muchos de los escándalos de la Iglesia —como los relativos a las casas de acogida para madres y bebés y las lavanderías de las Magdalenas—, continúa el padre Twomey, están “históricamente condicionados, pero no hubo ningún intento de balance de cuentas. Cuando se mencionan, buscan la reacción: ‘Sí, la Iglesia tiene la culpa de todos los horrores del pasado’. Y se repite el mantra: ‘Nos ocupamos mal de las mujeres en el pasado, en el oscuro pasado de la Irlanda católica. Ahora es momento de una libertad de elección más liberada, en la que las mujeres pueden hacer todo lo que quieran, sin interferencia de la Iglesia’”.

Sin embargo, hasta que la legislación esté lista, el público irlandés probablemente seguirá escuchando hablar de ese “oscuro pasado”.

“En este preciso momento, los medios de comunicación están introduciendo un nuevo escándalo”, declaró el padre Twomey. “Es relativo a la historia de los niños nacidos fuera del matrimonio, cuyos certificados de nacimiento al ser adoptados no contenían los nombres verdaderos de los padres biológicos, sino los de los padres de adopción. Esta práctica, históricamente condicionada y de lo más lamentable, lleva en conocimiento de las autoridades durante los últimos 50 años. Solamente ahora se está poniendo en el centro de la atención del público general, algo que no deja de ser interesante.

“El motivo, con toda probabilidad”, prosiguió Twomey, “es contrarrestar cualquier intento de los líderes de la Iglesia o, especialmente, de los legisladores que votaron No al referéndum, para oponerse a la propuesta legislación radical del aborto, que pronto se introducirá en el Parlamento, o intentar restringir su alcance”.

O’Hare añadió que habrá debate sobre cuánta protección de conciencia, si hubiere alguna, se concederá a los médicos y si se permitirá a los manifestantes provida rezar delante de las instalaciones donde se realicen abortos.

El ministro de Sanidad Simon Harris dijo pocos días después de la votación que los médicos que se opongan al aborto tendrán que derivar a sus pacientes a otro lugar, según ha informado el periódico irlandés The Journal.

Debido a los escándalos, el comprensible dolor que han sufrido algunas personas se ha transformado en un “feroz rechazo” a la Iglesia, afirmó O’Hare. “Las personas parecen recordar la Iglesia de los últimos 20 años, pero no nuestra historia de cientos de años de lo que la Iglesia ha hecho en Irlanda, cómo ha construido este país, como ha construido la civilización occidental y dado forma a gran parte del mundo”, defendió.

Sin embargo, ni O’Hare ni el padre Twomey se dan por vencidos.

“A no ser que tengas un diagnóstico que no puedas tratar, muchísimos de nosotros en la comunidad católica consideramos esto como un regalo de Dios para ver exactamente en qué situación estamos y ser capaces de tratarlo totalmente, cosa que no habría pasado si hubiéramos tenido un voto por el No, cuando quizás habríamos remendado las grietas y pensado que la situación no era tan mala como temíamos”, consideró O’Hare.

“Lo que yo espero que suceda es que los fieles en general, laicos y clérigos, empiecen a reflexionar sobre las implicaciones de este cambio sísmico en valores cuando empieza a filtrarse en la conciencia pública”, afirmó el padre Twomey, autor de The End of Irish Catholicism? [¿El fin del catolicismo?]. “Podría ser el comienzo del renacimiento de un catolicismo genuino en Irlanda desde la base”.

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