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Identificaron el cuerpo del soldado maestro que escribió a sus alumnos desde Malvinas

CEMETERY
Víctor Bugge - Secretaría de Derechos Humanos
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Durante todo este tiempo estuvo sepultado en el cementerio de Darwin bajo el epitafio de “Soldado argentino solo conocido por Dios”.

“Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con ustedes”

Es tradición que los niños hagan su promesa de lealtad a la bandera argentina cuando están en el cuarto año de su educación primaria. Pero al leer la carta que desde la guerra les mandó, sus alumnos de tercer grado ya estaban en condiciones de hacerlo, porque recibían de su maestro la gran lección de hasta que punto es posible amar a la patria.

Julio Rubén Cao tenía 21 años al perder la vida en las Islas Malvinas. Pero recién ahora, 36 años después, sus restos fueron identificados, tras una misión humanitaria de la que ya dimos cuenta en Aleteia.

Cuando la Argentina retomó posesión de las Islas Malvinas y se inició la Guerra, Julio era maestro del 3er grado división D de la Escuela Número 32 de Gregorio Laferrere. Cuentan que amaba su vocación, que llevaba con orgullo su guardapolvo blanco. Había nacido en Ramos Mejía el 18 de enero de 1961, segundo hijo de los cuatro de Julio y Delmira. Su familia relata que a los 8 años había escrito que “enseñar es lo más lindo que hay. Enseñar a leer, a escribir. Ser maestro”.

Fiel a esa temprana vocación, se recibió de bachiller docente, y comenzó a ejercer la docencia en las escuelas 95, 96 y 32 de La Matanza. Trabajó además en una fábrica de acero inoxidable con su padre.

Cuando se desató la guerra, Julio estaba esperando a su primer hijo. Creía que sería varón: ‘torito’ le decía al vientre. El año anterior había tomado licencia para cumplir el servicio militar. Y el 12 de abril de 1982, apenas diez días después de la recuperación de las Islas, partió hacia el archipiélago. Nadie lo obligó. Se ofreció como voluntario.

“Como maestro y como ser humano, con valores, no puedo dejar de ir. ¿Cómo me siento después detrás de un escritorio si ahora me escondo debajo de la cama?”, le dijo a su madre. Veía a sus compañeros partir a las Islas, y sentía que no debía dejarlos solos, pese a ser un pacifista, como lo recuerda su madre.

Ya en Malvinas, el 24 de abril de 1982, escribió una carta a la directora del colegio, en la que pidió que se le lea a sus alumnos unas emotivas palabras que hoy es habitual se lea a los niños que harán la promesa a la bandera:

“A mis queridos alumnos de 3ro D:

No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado muchas noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado: Defender la Bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por mí porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al país de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas.

Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a perder.

Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con ustedes. Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los quiere y los extraña. Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes. Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de ustedes.”

Julio Cao falleció el 10 de junio descendiendo del Monte Longdon. No llegó a reencontrarse con sus alumnos del colegio que hoy lleva su nombre. El 14 de junio terminó la guerra. Recién este junio, 36 años después, la familia pudo confirmar el real paradero de sus restos. Durante todo este tiempo estuvo sepultado en el cementerio de Darwin bajo el epitafio de “Soldado argentino solo conocido por Dios”. Su hija Julia, a quien no llegó a conocer, su “torito”, podrá ahora visitar el cementerio y saber bajo en qué tumba está su padre, el soldado maestro.

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