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“Si me vas a matar, mátame”, le dijo a la policía… Y la agente le disparó en el pecho

Jaime Septién - publicado el 04/06/18

Nicaragua en vilo tras los acontecimientos de este fin de semana; la Iglesia denunció que una de las cinco víctimas del sábado pasado en Masaya “fue ejecutada” por una agente de la Policía

Muy lejos de bajar la violencia en Nicaragua, este fin de semana cierra con más muerte, más heridos y más incertidumbre en todo el territorio del país centroamericano.

La crisis, que comenzó a mediados de abril con protestas estudiantiles y populares por el corte a las pensiones de los jubilados, ha derivado en una verdadera crisis humanitaria, sobre todo por la represión de grupos aliados al régimen sandinista que comandan Daniel Ortega Saavedra y su esposa, Rosario Murillo, presidente y vicepresidente de la República, respectivamente.

Hasta el momento, la información oficial es de 110 personas muertas.  Pero hay muchos más.  Tan solo este domingo hubo dos nuevos fallecimientos en acciones violentas y treinta heridos, entre ellos ocho agentes.  Las protestas del pueblo nicaragüense ya no son por el recorte a las pensiones; son por la democratización del país y para que Ortega y Murillo salgan de inmediato del poder.

La escalada de violencia en las calles de Managua y en otras ciudades como Masaya, van tomando tintes de guerra civil.  En este último sitio, al menos cinco personas (cuatro civiles y un antimotín) murieron ayer por la noche y este lunes por la madrugada, durante un ataque armado,

De las 11:00 de la noche del domingo a la 8 a.m. de este lunes, Álvaro Leiva, secretario ejecutivo de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), dijo que “en el despliegue que acaba de hacerse hace aproximadamente una hora de nuestros promotores de derechos humanos preliminarmente manejamos cinco ciudadanos masayenses muertos, asesinados”.

Según la versión oficial, las muertes del domingo fueron atribuidas a «actos terroristas» del «crimen organizado, que alteraron el orden público, la paz y tranquilidad de las personas, familias y comunidades».  Desde el inicio de la crisis nicaragüense, tal es el estribillo que se utiliza, a través de medios oficiales, para justificar la respuesta de grupos policiacos y paramilitares en contra de la población civil.

La Iglesia católica de Nicaragua, que se ha convertido en la voz de la sociedad agraviada, denunció que una de las cinco víctimas del sábado pasado en Masaya “fue ejecutada” por una agente de la policía.  Así lo dijo es padre Edwin Román, párroco de la iglesia San Miguel, quien informó a los periodistas que un joven identificado como Donald López «fue ejecutado» por una mujer oficial que le disparó al pecho cuando estaba detenido e indefenso.

«El joven le dijo: ‘Si me vas a matar, mátame’, y la mujer policía lo ejecutó. Cayó enfrente de la parroquia San Miguel», afirmó el padre Román.  La víctima ejecutada, que no apareció en el informe policial del sábado en Masaya, en efecto, fue identificada como Donald Ariel López, según la ANPDH.

A 48 día de iniciada la crisis más sangrienta de Nicaragua tras la guerra civil que acabó con la dictadura de los Somoza a principios de 1980, Daniel Ortega, quien en esta segunda versión de su mandato ya lleva once años y ha extendido éste por tiempo indeterminado (garantizando que a su muerte le sucedería la vicepresidenta Murillo), pidió de nuevo diálogo.

El mandatario sandinista –en una carta que se hizo pública con motivo del fallecimiento del cardenal emérito de Managua, Miguel Obando y Bravo, quien muriera el pasado domingo a la edad de 92 años– volvió a decir que el diálogo es la única vía para «retomar la paz y el bien común en Nicaragua».

Sin embargo, los caminos del diálogo están cerrados y pareciera ser que el sandinismo es lo último que desea, a juzgar por las balas disparadas en contra de los jóvenes que quieren elecciones adelantadas.

Obando ha muerto

La Iglesia ya no es mediadora y la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia -que aglutina al sector privado, sociedad civil, estudiantes y campesinos- lo congeló tras la renuencia del régimen de Ortega de escuchar las demandas de la sociedad civil.

Monseñor Obando y Bravo había sido declarado “Prócer de la Paz y de la Reconciliación” de Nicaragua por la Asamblea Nacional en 2016, falleció a los 92 años la madrugada de este domingo 3 de junio. Presidia la Comisión de Verificación, Reconciliación, Paz y Justicia del gobierno de Ortega quien lo había condecorado con la orden Rubén Darío hacia 2012.

En esa ocasión, el presidente Ortega destacó que el cardenal emérito «es uno de los personajes más importantes de la historia contemporánea de Nicaragua» y «artífice de la paz» e «inspiración para todo el pueblo nicaragüense por su vocación de servicio y amor». Sus últimos años, ya como cardenal emérito de Managua, tuvo cercanía con el régimen de Ortega, lo que valió que muchos nicaragüenses vieran en eso un apoyo al sandinismo.

Pero toda su historia está basada, justamente, en el logro de la paz en su país, sobre todo durante la dictadura de Anastasio Somoza y el primer mandato del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Una posición de pastor y líder espiritual que ejerció de la mano de Pablo VI y Juan Pablo II.

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