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La perfumería de 600 años que empezaron los frailes dominicanos

SANTA MARIA NOVELLA,PERFUME STORE
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Santa Maria Novella atiende a una clientela exclusiva hoy igual que cuando sus clientes eran miembros de la nobleza florentina

Santa Maria Novella, una iglesia gótica situada al otro lado de la calle de la principal estación de trenes de Florencia, es uno de los tesoros culturales más ignorados de la ciudad toscana. Antes conocida como Santa Maria delle Vigne, en 1221 la iglesia fue entregada a la entonces recién fundada Orden de los dominicos, que la reconstruyó y expandió, convirtiéndola en priorato y enfermería.

Por entonces, Florencia era una ciudad estado en auge y su vibrante vida urbana solía atraer a artistas, comerciantes y figuras religiosas de toda Italia y Europa. Los dominicos pronto empezaron a sentir la competencia de la Orden franciscana —que inició san Francisco en la cercana ciudad de Asís en 1209—, situada en la basílica de Santa Croce. Los sermones dominicales del predicador dominico Pedro de Verona, más tarde conocido como san Pedro Mártir, ayudaron a atraer enormes multitudes a la recién establecida iglesia. Sin embargo, lo que más ayudó a poner a Santa Maria Novella en el mapa de la vida cívica de Florencia fue el establecimiento de una farmacia en el claustro junto a la iglesia.

Allí los frailes dominicos empezaron a convertir las hierbas medicinales cultivadas en el huerto del priorato en bálsamos, pociones, aguas de colonia y jabones. Al principio, gran parte de los remedios herbales estaban destinados a la enfermería comunitaria, establecida como parte de la misión dominica de servir a los enfermos. Sin embargo, sus productos no tardaron ser empleados como remedios caseros también. Durante la peste negra, que acabó con el 70% de la población florentina a mediados del siglo XIV, el Acqua di Rosa  de Santa Maria Novella, una poción hecha de agua de rosa destilada, era un popular antiséptico para desinfectar los hogares.

En el siglo XVII, los productos herbales de los frailes empezaron a ser artículos demandados por gran parte de los habitantes de la ciudad estado, incluyendo la nobleza florentina. Catalina de Médici, hija del gobernante Lorenzo de Médici II, era una de las clientas más fieles de la botica dominica. Cuando se casó con el rey de Francia Enrique II, los herboristas dominicos crearon una fragancia especial en su honor utilizando bergamota y otras especias aromáticas. El perfume, llamado Acqua Della Regina (agua de la reina), sigue produciéndose hoy con el nombre de Acqua di Santa Maria Novella.

En buena medida, el éxito de los frailes se debía a su técnica innovadora en la elaboración de perfumes. En vez de usar aceite de oliva o vinagre, la base más común para los perfumes de entonces, los dominicos usaban alcohol, que permitía que el aroma durara más tiempo.

Después de una breve suspensión de sus actividades a principios de 1600, la farmacia siguió creciendo y diversificando su producción en medicamentos, perfumes y licores que, a partir del siglo XIX, se vendían ya por toda Europa y Estados Unidos. Durante la Ley seca de EE.UU., el licor Alkermes de Santa Maria Novella, hecho a partir de la mezcla de licores naturales con canela, clavo, nuez moscada y vainilla, era uno de los productos mejor vendidos en EE.UU.

En la actualidad, este negocio herbolario de 600 años sigue vivito y coleando, aunque ya no lo gestionan los dominicos. Cuando en 1886 el Estado de Italia empezó a confiscar propiedades eclesiásticas, Damiano Beni, el último fraile encargado de la farmacia, pidió a su sobrino laico que asumiera la gestión de la botica para salvarla de su confiscación.

Sus descendientes han expandido la farmacia hasta convertirla en un negocio herbolario mundial, con tiendas en Nueva York, Los Ángeles y Tokio. La naturaleza internacional de su distribución viene pareja de un proceso de artesanía estrictamente tradicional: la mayoría de jabones, destilados y fragancias elaborados por la “Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella” se basan en las recetas dominicas originales y son manufacturados empleando hierbas y flores recolectadas del propio huerto de la farmacia.

Solo con un rápido pedido por Internet se puede probar su famosa “Acqua di Rose” o la “Acqua di Santa Maria Novella” de Catalina de Médici. Sin embargo, la mejor forma de aprender más sobre las raíces dominicas de la farmacia es visitar la iglesia donde empezó todo. Allí los visitantes pueden aprender sobre la historia de la “Officina Profumo-Farmaceutica” visitando el museo interior gratuito que incluye antiguos instrumentos de destilación, ilustraciones de recetas e incluso empaquetado original de los siglos XVI y XVII.

Officina Profumo-Farmaceutica di Santa Maria Novella, en Via della Scala, 16 50123 Florencia. Abre a diario de 9 a.m.- 8 p.m. Entrada gratuita.

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