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La universidad jesuita de Nicaragua fue atacada por individuos enmascarados

NICARAGUA
AFP PHOTO / INTI OCON
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Las protestas han continuado y han crecido en intensidad debido a una crisis que tiene a la Iglesia como mediadora en la búsqueda de una solución

Lejos de disiparse la violencia en Nicaragua, a poco más de un mes que iniciaron las protestas estudiantiles contra el gobierno sandinista de Daniel Ortega, pareciera no tener límite.

Con la Iglesia católica fuera de la acción mediadora, por imposibilidad de consolidar el diálogo nacional, las fuerzas paramilitares adheridas al sandinismo, principalmente las llamadas juventudes sandinistas, han arremetido contra los grupos juveniles que protestan contra Ortega y exigen que abandone la presidencia del país.

Toca el turno a la Universidad Centroamericana (UCA) con sede en Managua, una casa de estudios administrada por los jesuitas. Como centro de activismo estudiantil ha sido objetivo de violencia. El domingo último, el padre José Alberto Idiaquez, SJ, rector de la UCA, informó y condenó un ataque a su universidad al tiempo que lamentaba que éste hubiese sido patrocinado por el gobierno nicaragüense.

 

 

El padre Idiaquez confirmó, en una rueda de prensa, que el campus de la UCA en la capital de Nicaragua, fue atacado el 27 de mayo a las 12:45 a. m. por un grupo de hombres enmascarados que viajaban en furgonetas. Los atacantes dispararon un mortero contra dos guardias del campus.

“A pesar de que no lograron herir o matar a nuestros vigilantes, esta era su intención, basada en la carga de pólvora utilizada y la cercanía del disparo”, dijo el padre Idiaquez en su declaración.  El sacerdote jesuita describió el ataque a la UCA como “cobarde” y dijo que los atacantes estaban “armados (y actuaron) con la impunidad garantizada por el gobierno actual”.

 

La protesta crece

“La UCA fiel a sus principios cristianos, continuará impulsando lo que ha estado instando a nuestro pueblo: justicia para las docenas asesinadas [por el gobierno] y una democracia que garantice a toda la ciudadanía de nuestro país la verdadera paz y desarrollo”, dijo Idiaquez.  Hasta el momento, fuentes no oficiales del gobierno sandinista hablan ya de 93 personas muertas, la mayor parte de ellos jóvenes estudiantes.

Las protestas, que iniciaron en abril por los recortes propuestos a la seguridad social por parte del gobierno de Ortega, han continuado y han crecido en intensidad.  Las fuerzas aliadas al sandinismo y policía tanto como Ejército han respondido duramente con actos de represión y con ataques intimidatorios como los del domingo pasado en el campus de la UCA.  En el marco de las protestas hay ya 900 heridos.

Entre los muertos se encuentra Álvaro Manuel Conrado Dávila , de apenas 15 años de edad, estudiante de la escuela secundaria jesuita, quien murió el 20 de abril, después de recibir un disparo en la garganta con una bala de goma a corta distancia por la policía.  Enterado de este y de otros crímenes, el Papa Francisco ha pedido, con insistencia el fin del “derramamiento de sangre innecesario” en Nicaragua

La Iglesia Católica ha intentado mediar en la crisis reuniendo a representantes de los manifestantes estudiantiles y el gobierno. Sin embargo, el 23 de mayo, el cardenal Leopoldo Brenes anunció la suspensión de las conversaciones patrocinadas por la iglesia, citando una falta de progreso y la imposibilidad de poner a los actores del diálogo en colaboración para resolver la crisis.

Con información de America

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