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¿Qué tiene que ver la botánica con la religión? Descubre el bello simbolismo espiritual de las flores

KOBIETA ZA KWIATAMI
Pexels | CC0
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En los jardines monásticos de la Edad Media, las plantas, las hierbas y las flores no se cultivaban solo por sus propiedades curativas, sino también por su belleza, su perfume y su simbolismo espiritual

El simbolismo cristiano medieval exalta las rosas. Son el símbolo del sufrimiento y del martirio. Los lirios blancos curan bien las mordeduras de serpiente, según Walafrid Strabo, un monje benedictino del siglo IX que describió las virtudes curativas de las flores. Pero sobre todo representan la imagen de la virginidad y la pureza. Con la violeta y la colombina, todas estas variedades de flores están destinadas a decorar los altares.

A las diversas virtudes de la vegetación les corresponden unos símbolos religiosos que revelan hasta qué punto la botánica está ligada a la religión. Traduce una visión del mundo propia del universo medieval donde Dios está en el centro. La naturaleza no es un mundo puramente material, también tiene una dimensión espiritual.

Descubre las flores de los jardines monásticos y su hermoso simbolismo: 

Contemplar las flores y descansar suavemente el espíritu

Alberto Magno, nacido en 1198, era a la vez filósofo, teólogo y naturalista. Fue maestro de santo Tomás de Aquino, uno de los mayores filósofos de la historia. A este dominico debemos quizás la definición más hermosa de vergel. Así es como debería ser un jardín medieval monástico: “El vergel consta primero de un césped de fina hierba (…) un auténtico tapiz de verdor en donde nada debe sobrepasar la superficie uniforme. En uno de sus extremos, en el lado sur, se erguirán árboles: perales, manzanos, granados, laureles, cipreses (…), donde se entrelazarán las vides, cuyo follaje protegerá el césped y proporcionará una agradable y fresca sombra. (…) Detrás del césped, se plantarán hierbas aromáticas y medicinales, por ejemplo, ruda, salvia, albahaca (…), luego flores como la violeta, la aguileña, el lirio, la rosa (…). Convendrá levantar el suelo para formar allí un asiento verde y florido donde se pueda venir a sentarse y descansar suavemente el espíritu”.

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