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La OMS planea eliminar las grasas trans de la producción industrial de alimentos para 2023

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Shutterstock-Elena Fedorina
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Una iniciativa que puede salvar millones de vidas en todo el planeta

Son las causantes de, al menos, medio millón de muertes cada año por enfermedades cardiovasculares. Y pueden ser substituidas por alternativas más saludables que no afectan al sabor ni al costo de los alimentos.

Se trata de las grasas trans, unos ácidos grasos nocivos, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) pretende eliminar de ahora y hasta el año 2023 de la producción industrial del suministro mundial de alimentos.

Para ello la OMS ha publicado una guía (denominada REPLACE por su acrónimo en inglés) en la que se indican los pasos que hay que seguir para eliminar los ácidos grasos trans, proteger la salud (especialmente de los niños) y salvar vidas.

Las grasas trans de producción industrial están contenidas en grasas vegetales endurecidas como la margarina y suelen estar presentes en tentempiés y alimentos horneados o fritos. Los fabricantes las usan porque tienen un tiempo de conservación más largo que otras grasas.

La iniciativa REPLACE consiste en seis acciones estratégicas para eliminar de manera rápida, completa y sostenida las grasas trans de producción industrial del suministro de alimentos. La guía completa contiene los siguientes apartados:

· Examen de las fuentes dietéticas de grasas trans de producción industrial y de los cambios de política necesarios.

· Fomento de la sustitución de las grasas trans de producción industrial por grasas y aceites más saludables.

· Legislación o aprobación de medidas reguladoras para eliminar las grasas trans de producción industrial.

· Evaluación y seguimiento del contenido de grasas trans en los alimentos y de los cambios del consumo de grasas trans por la población.

· Concienciación de los planificadores de políticas, los productores, los proveedores y la población sobre los efectos negativos de las grasas trans en la salud.

· Obligación de cumplimiento de las políticas y regulaciones.

Varios países de ingresos altos han eliminado prácticamente las grasas trans de producción industrial mediante la imposición de límites legales a la cantidad de este tipo de grasas que pueden contener los alimentos envasados.

Algunos gobiernos han impuesto prohibiciones a nivel nacional para los aceites parcialmente hidrogenados, que son la principal fuente de grasas trans de producción industrial.

En Dinamarca, el primer país que impuso restricciones a las grasas trans de producción industrial, el contenido de grasas trans de los productos alimenticios disminuyó drásticamente y las muertes por enfermedades cardiovasculares se redujeron más rápidamente que en países comparables de la OCDE.

También lo ha hecho así la ciudad de Nueva York, desde hace ya más de una década, lo que ha ayudado a reducir el número de ataques cardíacos y de muertes prematuras, sin cambiar el sabor o el costo de los alimentos.

Como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, la comunidad mundial se ha comprometido a reducir la muerte prematura por enfermedades no transmisibles en un tercio para el año 2030. La eliminación mundial de las grasas trans de producción industrial puede ayudar a lograr este objetivo.

Existen dos fuentes principales de grasas trans: las fuentes naturales (productos lácteos y carne de rumiantes como vacas y ovejas) y las fuentes de producción industrial (aceites parcialmente hidrogenados).

Los aceites parcialmente hidrogenados se introdujeron por primera vez en el suministro de alimentos a principios del siglo XX como sustituto de la mantequilla, y se hicieron más populares en los años cincuenta, sesenta y setenta con el descubrimiento de los efectos negativos de los ácidos grasos saturados sobre la salud.

Los aceites parcialmente hidrogenados se utilizan principalmente para freír y como ingrediente en productos horneados; pueden ser reemplazados en ambos casos.

La OMS recomienda que la ingesta total de grasas trans se limite a menos del uno por ciento de la ingesta energética total, lo que se traduce en menos de 2,2 g/día con una dieta de 2000 calorías.

Las grasas trans aumentan los niveles de colesterol LDL, un biomarcador comúnmente aceptado para el riesgo de enfermedades cardiovasculares, y disminuye los niveles de colesterol HDL, que desplaza el colesterol desde las arterias hasta el hígado, el cual a su vez lo segrega a la bilis.

Las dietas ricas en grasas trans aumentan el riesgo de cardiopatía en 21 por ciento y de muerte en 28 por ciento. La sustitución de las grasas trans por ácidos grasos insaturados disminuye el riesgo de cardiopatía, en parte porque mejora los efectos negativos de las grasas trans sobre los lípidos sanguíneos.

Si se implementa este proyecto, dice la OMS, en cinco años se habrán salvado diez millones de vidas. Lo cual es muy importante, como lo ha sido la restricción mundial del uso del tabaco.

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