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“Historia de Sistema Musical Occidental”, un increíble trabajo sobre sus orígenes

MUSIC
Shutterstock-Thoom
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Sus raíces no están, como se creía, en Grecia, sino en la Palestina bíblica

Es ambicioso el proyecto que el maestro Jesús Ignacio Pérez Perazzo – violinista, gran estudioso de la música y escritor venezolano- culmina después de tres décadas de investigación que hubo de combinar con sus presentaciones como Director de Orquestas Sinfónicas en Europa y América. El primer tomo está a punto de llegar a las librerías y él adelantó para Aleteia singulares descubrimientos a lo largo de sus acuciosos trabajos.

 “Los orígenes del sistema musical occidental están en al Palestina bíblica y no en Grecia como se ha dicho”, comienza precisando.

En su investigación, se remontó al inicio del proceso histórico que comenzó en Galilea “cuando un grupo de seguidores de un líder que se llamaba Jesucristo deciden, en un momento específico, dejar de ser una Sinagoga judía más para convertirse, al principio en una secta, pero luego en un grupo que comenzó a tomar cuerpo” –indica Pérez Perazzo-. “Ese cuerpo comenzó a organizar un canto que eral, tal cual, el canto de la Sinagoga pero que se vio precisado a hacer aperturas”.

La razón era obvia, pues empezaron a militar en esa pequeña secta personas que no tenían ascendencia hebraica y no conocían el arameo, sino que hablaban el latín, el griego u otros idiomas como el copto-egipcio, o el sirio. “Así se fue ampliando el sistema musical –continúa el Maestro-, en otras palabras, a medida que fueron creciendo las necesidades musicales de esa religión que se llamó cristiana, en ese proceso, se comenzó a incorporar elementos de otras maneras de pensar”.

 

BOOK
Libros EL NACIONAL

 

Es allí cuando se vieron forzados a producir aperturas. Fue de esa forma como aquél pequeño canto de la Sinagoga, que se interpretaba en arameo, inmediatamente tuvo que ser llevado al latín y al griego, asumiendo lenguas y costumbres de otros pueblos y ganando universalidad.

Explica el autor que esa riqueza se expresó no solo en lenguas, también en ritmos, en formas. “Y eso es lo más hermoso. ¿Por qué se llama sistema? –se pregunta él mismo- porque inmediatamente empieza a recibir una serie de normas y principios para garantizar una unidad o manera de expresión, en este caso, intrínsecamente ligada a la religión y a la cultura”.

Esa unidad creaba nexos, amalgamaba, alimentaba un cuerpo con sentido de pertenencia. “Eso es! –exclama Pérez Perazzo-  el cristianismo, la Iglesia Católica, siempre tuvo la necesidad de imponer normas, principios, con el fin de lograr una misma manera de cantar y evitar la división”. Esto es particularmente interesante, pues existían costumbres distintas. Había, por ejemplo, el canto egipcio-copto que incluía danzas en la religión, danzas exóticas donde participaba la mujer como componente estético.

Es a partir del siglo IV, cuando comienzan a entrar los primeros elementos de ascendencia griega y los Padres de la Iglesia comienzan a traducir a los clásicos griegos, del griego, “en aquél punto –sigue diciendo el autor de Historia del Sistema Musical Occidental– cuando comienzan a encontrarse parecidos entre ciertos principios filosóficos tradicionales de la filosofía clásica y, ajustados a la religión cristiana, toma forma un cuerpo filosófico doctrinario, mucho más adelante del siglo I”.

Confiesa que el trabajo, que le llevó treinta años de investigación, lo emprendió para llenar lagunas en su propia formación y disipar inconformidades que se planteaba al leer los textos de historia de la música. “Mi esposa –reconoce agradecido- tiene un gran mérito en esto, pues por décadas me ha soportado con paciencia y me ha apoyado en constantes viajes, metido entre conventos, iglesias y  bibliotecas”.

Todo ello tuvo que alternarlo trabajando arduamente, al frente de orquestas, dirigiendo conciertos por el mundo entero. “Necesitaba una actividad que produjera aplausos -revela- pues de lo contrario no conseguía respaldos para investigar. La investigación –se lamenta- no produce aplausos por ella misma”.

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