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El mundo se debe a sí mismo 225 por ciento más de lo que se puede pagar

BUDŻET DOMOWY
Shutterstock
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Los “tres grandes”, es decir, China, Japón y Estados Unidos son los líderes indiscutibles del endeudamiento global

La economía de mercado, el modelo occidental, el capitalismo liberal o como quiera llamársele al sistema financiero global, tiene sus rarezas. Pero, quizá, la más rara de todas las rarezas es que si un particular vive endeudado por encima de lo que puede pagarle a los bancos, está muy mal; pero si las grandes economías lo hacen –y muy por encima de lo que pueden pagarse entre sí y a los bancos—están en lo correcto.

En su último reporte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que la deuda mundial asciende a 164 billones de dólares estadounidenses, un monto que equivale a 225 por ciento (más) del Producto Interno Bruto (PIB) global, una cifra mayor que la máxima anterior de 213 por ciento alcanzada en el 2009, después de la crisis del capitalismo global de 2018, que puso al sistema en un predicamento del cual muchos pueblos salieron raspados.

Los “tres grandes”, es decir, China, Japón y Estados Unidos son los líderes indiscutibles del endeudamiento global, con más de la mitad de la deuda en su poder. Tan solo China ha crecido 43 por ciento en su apalancamiento a partir de 2007. Esto explica el enorme crecimiento de este país en etapa de recesión mundial y, al mismo tiempo, el tratamiento tan delicado que tienen que tener instituciones como el FMI con China: una declaración de impago del gigante asiático y el mundo queda peor parado que si hubiera impactado un meteorito en su superficie.

Lo curioso es que el FMI, que aplica recetas restrictivas a los que llama “países en desarrollo” o “economías emergentes”, contempla a China, Japón y Estados Unidos como “economías avanzadas”, en un juego de conceptos que no puede entrañar más que una enorme paradoja: deber sin poder pagar, poniendo como aval al resto del planeta es, ahora, sinónimo de “avance”. Para los países ricos hay una vara muy diferente con la que se mide a los pobres. Las recetas del FMI han sido, en países como México, durísimas.

Cambio de vías

Los terrenos del endeudamiento global han cambiado. Mientras que en América Latina, en la década de los ochenta del siglo pasado, el monto de la deuda ascendía a poco más de cien por ciento por encima del PIB de economías como la mexicana o la brasileña (lo que le ganó el mote de “década perdida” latinoamericana), ahora se encuentra alrededor de 50 por ciento del PIB. Los países avanzados han tomado la estafeta de quienes antes criticaban con crudeza y en la actualidad su deuda ronda 105 por ciento –en promedio– con respecto a su productividad.

La razón que aduce el FMI a este aumento tiene que ver, directamente, con la receta que los organismos financieros multilaterales y el gobierno de Estados Unidos siguió tras la crisis global de 2008: bajar las tasas de interés (en Estados Unidos, prácticamente a cero). Así las cosas, el FMI señala en su informe que “el período prolongado de bajas de tasas de interés propició el crecimiento de la deuda global”. Y advierte que de persistir esta tendencia (cosa que es un hecho) se fortalecerá la vulnerabilidad (otra paradoja, al menos lingüística) a mediano plazo “por la acumulación de activos de deuda vinculados a las empresas”.

El organismo que dirige Christine Lagarde sostiene, en su informe, que los mercados emergentes y los países de ingresos bajos podrían enfrentar “un ajuste repentino en las condiciones financieras mundiales”, lo cual “podría conducir a una reducción en los flujos de capital”. Dicho de otra forma: el endeudamiento de las economías avanzadas y de sus empresas, las restricciones en las tasas de interés y la indisposición para frenar el sobre endeudamiento de China, Japón y Estados Unidos, volverá a hacer víctimas a los países pobres.

En ese sentido, indica que la sustentabilidad de la deuda de los países de bajos ingresos se ha deteriorado. El FMI también destacó que el sector de mercados emergentes “ha ganado en fortaleza desde la crisis financiera internacional”, pero subrayó la importancia de culminar el plan de reformas reguladoras. Para tal objetivo, dijo que algunos bancos más débiles aún tienen que fortalecer los balances, mientras algunas instituciones que operan a escala internacional mantienen desajustes de liquidez en dólares.

Recetas financieras, Hegel, Dostoyevsky

Mil vueltas para decir lo mismo: que la voracidad de los “grandes” de la economía global seguirá afectando a los “emergentes” y, más aún, a los descartados del panorama mundial. Esto recuerda el pequeño y hermoso ensayo filosófico del húngaro László Földényi: “Dostoyevski lee a Hegel en Siberia y rompe a llorar” (“Dostoïevski lit Hegel en Sibérie et fond en larmes”). Lo que importa en esta idea de historia universal o de economía global son las potencias mundiales, no las periferias. Para Hegel, Siberia no existía como parte de la historia. Y Dostoyevski, que cumplía condena en Siberia, al leerlo y contemplar su cautiverio real, no tuvo otro remedio que estallar en llanto.

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