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La importancia de recuperar el “arte” de curar a los demás

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Es necesario recuperar la figura del médico de familia, capaz de crear relaciones profundamente humanas con sus pacientes y de convertirse en estímulo positivo de la vida comunitaria

En 1996, el prestigioso doctor Bernard Lown, profesor emérito de cardiología en Harvard , entre otras cosas, fundador del Grupo Cardiovascular Lown, publicó “La pérdida del arte de sanar”. Este libro puede tener más de veinte años, pero su mensaje es más actual que nunca, y bien podemos asegurar que es más urgente hoy su lectura que en 1996.

El New York Times sacó recientemente a la luz el mensaje del doctor Lown al publicar una página de opinión escrita por un médico del Hospital para Mujeres Brigham de Boston, quien se encontró allí al venerable médico, mientras era atendido por neumonía en ese mismo hospital.

En “La pérdida del arte de sanar”, el doctor Lown señala que “los médicos ya no atienden a una persona con nombre y apellidos, sino que se preocupan sólo por partes fragmentadas, enfermas” del cuerpo humano. La relación médico-paciente se ha vuelto impersonal, mecánica, remota y fría. “La pérdida del arte de sanar” urgía a recuperar “la tradición de tres mil años que vinculaba al médico y al paciente mediante una afinidad especial de confianza mutua”.

Como médico, Rich Joseph escribió en su columna  que el doctor Lown con su obra ha hecho un llamamiento “retornar a los cimientos de la profesión médica: saber escuchar para conocer al paciente más allá de los síntomas; tocarlo con cuidado durante el examen médico para transmitirle atención; usar palabras que reafirmen su vitalidad; y atender las situaciones de estrés de sus circunstancias vitales”.

A sus 96 años, el doctor Lown dejó clara su preocupación por los mismos problemas sobre los que había alertado durante todos esos años, que hoy califica como “la industrialización de la profesión médica”.

Vale la pena citar ampliamente el artículo del Times porque describe atinadamente el estado actual de la atención médica en los Estados Unidos, tanto en su forma comercial como en la financiada con recursos públicos. Esta situación se vive también en otros países.

La situación ha empeorado últimamente en Norteamérica. Por una parte, el Medicaid tradicional es particularmente  propenso a una atención médica impersonal; por otra, se ha dado cada vez más importancia a tratamientos fruto de una transacción económica, bajo la modalidad de exámenes y citas superficiales en el consultorio; fórmula que es proclive al desperdicio y al fraude, y que ofrece poquísimas —por no decir nulas— posibilidades de establecer un vínculo entre el paciente y el médico.

Ofrecer una auténtica atención médica de calidad significa que los médicos y su personal deben realizar un esfuerzo extraordinario, no sólo para evaluar integralmente la salud física del paciente, así como su salud mental; sino también para conocer a su familia, las condiciones de vida de la familia, y tomar conciencia de los factores ambientales y sociales que afectan a la vida de ese hogar: los llamados determinantes sociales de la salud,  que el doctor Lown describe sucintamente como “las situaciones de estrés de las circunstancias vitales [del paciente]”.

Sólo por medio de esta modalidad, persistente, paciente y exigente, los médicos pueden convertirse de nuevo en sanadores genuinos, confidentes de los pacientes, y al mismo tiempo en líderes confiables y admirables de su comunidad.

Pongamos el caso de Nueva York: donde la gran mayoría de los servicios de salud operan desde hospitales, casi todos en enormes sistemas corporativos, donde es más difícil establecer un encuentro personal y genuino con los pacientes.

La atención médica basada en el valor real es la nueva ola de la reforma del sistema de salud pública. Además, podrá ofrecer una atención médica superior gracias, en parte, a su énfasis en la medicina preventiva, fruto de la relación entre el médico y el paciente. Esto se traduce en costos médicos menores al mantener más sanas a las personas, lejos de los hospitales, etc.

Por este motivo, los responsables de las políticas de salud deberían comenzar a analizar con mayor cuidado la atención médica basada en el valor real, en la atención médico-paciente. Este sería un complemento sumamente necesario a la financiación masiva de los sistemas hospitalarios, inevitablemente más impersonales, que actualmente dominan el ámbito de la salud financiado con fondos públicos. Sería una manera concreta de avanzar por el buen camino del “arte de sanar”.

Mario J. Paredes es CEO de SOMOS, red de médicos y personal sanitario, extendida en el área de Nueva York y Puerto Rico.

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