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¿Qué te atrae del estilo de vida del campo?

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¡Cuántos aspectos positivos nos puede aportar la vida del campo!

Después de 35 años en la ciudad, una amiga mía decidió mudarse al pueblo a finales del años pasado. Lo conoce bien, puesto que de pequeña vivió ahí. Ha de ser un poco sorprendente -al menos al principio- no disponer de metro ni de una propuesta amplia de cultura y ocio ni de supermercados…

Sin embargo, a mi amiga no parece importarle demasiado la pérdida (teniendo en cuenta además que por internet hoy se puede conseguir casi todo).

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En cambio, en estos 5 meses de vida en el campo, ha podido explicarme algunas de las ventajas que ha encontrado (y que no son pasajeras). Son más bien reflexiones, que pueden ayudar a muchas personas a plantearse qué estilo de vida prefieren tomar:

  1. Viviendo en el campo vuelves a la Naturaleza. Sigues el sol, el amanecer y el atardecer. Mejoras tu ritmo de sueño porque comienzas a funcionar según el ciclo circadiano. Por la noche, descubres la luna y las constelaciones.
  2. Te sumerges en las gamas de colores. Descubres la infinidad de tonos azules en el cielo, de blancos en las nubes, de verdes y marrones en la tierra. Ves lo beneficiosa que es la lluvia abundante.
Children Looking Through Binoculars
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3. Hay un contacto mucho mayor con las plantas y los animales. Por la mañana, uno se despierta y desayuna con el sonido de los pájaros. Ve el paso de un tallo de invierno al nacimiento de las hojas y la floración.

4. Aprendes a “leer” el cielo: nubes de tormenta, de viento, de llovizna, de paso…

5. Sigues el ritmo de las estaciones: Tu cuerpo agradece volver a sentir el frío del invierno y el calor del fuego hecho con leña, y poco a poco pasar a las temperaturas de la primavera.

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Stefanolunardi | Shutterstock

6. El campo es cultivo y, por tanto, es esperanza. De que llegarán los frutos, de que vale la pena sacrificarse. Porque el campo es mucho sacrificio: todos los días hay que cuidarlo, hay que trabajarlo con todo el cuerpo, sobre todo las manos y la espalda. Hay que mirarlo de cerca. Y hay que estudiar para conocer qué cosas nuevas pueden ser de utilidad. Hay que estar pendiente de la siembra, el abono, sacar las malas hierbas, el riego (a veces de madrugada), la siega o la recogida de la fruta.

7. Con las frutas y las verduras puede llevarse una alimentación más acorde con la ecología. Hay más calidad en el producto agrícola, menos procesados, más proximidad, menos consumo de combustibles para el transporte… y algo también importante: regresa el sabor de los alimentos.

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Lenetstan - Shutterstock

8. Vivir en el campo mueve a la contemplación. En un instante, puedes quedar admirado al ver cómo se mueve una bandada de pájaros que vuela bajo antes de un chubasco o cómo atiende un pájaro a sus polluelos en el nido. Ves orden, armonía, leyes, ritmos… Y transmite paz. Eso lleva la mente a Dios, a contemplar la obra de la Creación y a entrar en diálogo con Él.

9. Al vivir en el campo, uno es más consciente de todo el ruido interior que lleva. Y comienza un proceso de desprendimiento: de preocupaciones innecesarias, de nervios…

10. Eres más consciente del paso del tiempo. Cada día ves cómo nace el sol y se pone. Ves los procesos de las plantas: en un mes, de una estación a otra… Tú no estás exento de ese avance en el tiempo. Es una coordenada que nos asiste y a la vez nos limita. Y, desde dentro, uno se pregunta qué sentido quiere dar a su existencia.

MAMMA, FIGLIO, STELLE
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11. Al contemplar la grandeza de lo natural, que puede ser minúsculo o infinito, uno aprende a ser más humilde. Lecciones una detrás de otra las que nos dan las abejas o las hormigas pero también las sierras, la nieve, la fuerza de los ríos.

12. Para conversar con Dios hay quien se va al desierto. Ese “lugar apartado”· del que habla la Biblia, para adentrarse en el corazón de uno mismo, puede ser también el campo. Porque ahí resulta más fácil tomar conciencia de quién es uno (y de lo poco que es uno). Nos lleva a esa acción tan atávica como es la adoración en su sentido más primordial.

13. La meditación en el campo es proactiva. Lleva a tomar decisiones, igual que no hay día de calma sin que se oiga el ruido del tractor o la bicicleta.

Mi amiga no sabe cuánto tiempo va a residir en el campo, pero el estilo de vida que propone atrae como para quedarse allí definitivamente. Para quien esto le parezca ahora algo sugerente, les recomiendo dos lecturas: “Laudato Sì” del Papa Francisco y “Mi familia y otros animales” de Gerald Durrel.

 

 

 

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