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El obispo Murry lucha contra dos enemigos: el cáncer y el racismo

RACISM
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"Me gustaría ver el mismo nivel de pasión por la justicia racial que los católicos han tenido por la santidad de la vida a lo largo de las décadas", afirma

Hace diez meses, el obispo George V. Murry, SJ, de Youngstown, Ohio, fue nombrado presidente de un nuevo Comité Ad Hoc contra el Racismo, establecido por la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés).

La semana pasada ha tenido que renunciar. ¿La razón? Tener que someterse a duras sesiones de quimioterapia para enfrenta una leucemia aguda.

Antes de dejar su cargo en manos del obispo Shelton J. Fabre de Houma-Thibodaux, Luisiana, el obispo Murry criticó la falta de pasión en la respuesta de la Iglesia católica ante el tema del racismo, en una conferencia que envió para ser leída en su nombre el pasado 25 de abril en la Universidad de San Luis Missouri.

Dos tipos de racismo

El obispo Murry es uno de los seis obispos afroamericanos que encabezan una diócesis en Estados Unidos. En su papel como presidente del Comité contra el racismo de la USCCB, Murry preparó un documento sobre racismo dentro y fuera de la Iglesia católica que será emitido por la Conferencia el próximo otoño.

En su participación en la Universidad de San Luis, Murry señaló que, aunque los obispos de Estados Unidos han escrito cuatro documentos que abordan el racismo y la discriminación en los últimos sesenta años, estos documentos han tenido poco impacto en la vida de los católicos y menos en la disminución de la conciencia racista.

Para el prelado, hay dos tipos de racismo: el consciente y el inconsciente. El primero es el más fácil de identificar porque “se centra en los comportamientos y las reacciones de una persona o grupo que intencionalmente elige actuar de forma negativa hacia una persona por ninguna otra razón que no sea de una raza diferente”.

Pero, en contraste, el racismo inconsciente es más difícil de señalar, porque es “siniestro y complejo”. Sin embargo, para Murry, se ha metido en el tejido mismo de las instituciones sociales de Estados Unidos y en varias estructuras de la Iglesia.

“En Estados Unidos, el racismo funciona como una creencia cultural que a menudo subyace en las disparidades sociales, económicas y políticas experimentadas por un grupo en particular. El racismo inconsciente se presenta como una lente cultural por la cual vemos la sociedad y nuestro lugar en ella”.

Falta de pasión

Tras examinar las cartas pastorales de la USCCB emitidas en 1958, en 1968 y en 1979, el obispo Murry apunta que si bien en estos tres documentos se abordan los males del racismo, la condena que se encuentra en las páginas de estos textos tuvo un “mínimo impacto” en la erradicación del racismo entre los católicos.

Para Murry, “gran parte de la enseñanza (de la Iglesia) sobre el racismo adolece de falta de pasión, una pasión que, por ejemplo, se encuentra en el movimiento pro vida en la Iglesia de Estados Unidos. Y agrega: “Me gustaría ver el mismo nivel de pasión por la justicia racial que los católicos han tenido por la santidad de la vida a lo largo de las décadas”.

En ese espíritu, la próxima carta pastoral sobre el racismo incluirá guías de estudio y el llamado para que cada organización de la Iglesia, escuela y centro de salud facilite o continúe la conversación en asuntos de raza. Durante el próximo año, los líderes de la Iglesia también realizarán sesiones de escucha sobre cuestiones de raza en diócesis seleccionadas en todo el país.

“A partir de ahí, otras actividades crecerán”, dijo el obispo Murry. “La clave será que nos mantengamos enfocados y consistentes en nuestro trabajo”. Mientras tanto, él se mantendrá enfocado en su lucha contra el cáncer. La lucha contra el racismo, si bien no ha terminado (apenas comienza) ya tiene un primer adalid: el obispo Murry.

Con información de OSV

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