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La belleza de los jardines monásticos

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La imagen del jardín de los monasterios de la Edad Media no es una simple admiración de la naturaleza. Traduce una visión del mundo propia del universo medieval donde Dios está en el centro

Este mundo de aquí abajo no es más que el reflejo imperfecto de las realidades divinas, una imagen del Cielo. Por lo tanto, es necesario elevarse hacia lo divino. Hay que contemplar la naturaleza no por su valor estético sino por su contenido simbólico. La naturaleza es espiritual, su realidad no es exclusivamente material.

En el siglo XIII, san Francisco de Asís y sus hermanos menores evocaron en su Cántico de las criaturas una naturaleza visible, benevolente para el hombre, inocente y no culpable del pecado original. Con este espíritu, ¿cómo organizaban los monjes sus jardines? ¿Qué símbolos quisieron asociarles?

San Fiacro, patrón de los jardineros

Los primeros jardines monásticos se organizaron en los monasterios irlandeses donde la cultura grecolatina encontró refugio durante las invasiones bárbaras. Un monje irlandés, san Fiacro, es el patrón de los jardineros en Francia. En cuanto a la ciencia hortícola, fue en las grandes abadías suizas, que aplicaron la regla irlandesa de san Columbano, donde levantó el vuelo.

En la Edad Media, los jardines evocaban para algunos el paraíso perdido. Aparece así como un lugar sagrado circular, donde el círculo revela lo celestial y lo infinito mientras que el cuadrado expresa la tierra y lo finito. Se integra así en el simbolismo medieval donde los números cuentan mucho: los 4 elementos, los 4 ríos del paraíso, los 4 evangelios, las 4 estaciones… El 4 o el cuadrado, es el símbolo de la perfección terrenal en la Edad Media. Sirve así de base para la realización de los jardines.

GARDEN WANDRILLE
Isamiga76 I CC BY 2.0

Hortulus — o huerto

Tiene una función económica: debe abastecer la cocina, ya que alimentación monástica es principalmente vegetariana. Pero la comida de los monjes también constaba de tres elementos de valor espiritual: pan y vino (símbolos de la Eucaristía) así como hortalizas. Comer raíces y hierbas crudas, que a menudo eran el centro del menú de ermitaños y monjes, era un símbolo de humildad.

Las verduras y las hierbas se plantaban en cuadrículas delimitadas por vallas hechas de mimbre o ramas. Debido a que el simbolismo bíblico era omnipresente, estos cuadrados se encontraban generalmente multiplicados por tres: representaban la Santísima Trinidad.

Pomarius — o vergel

Alberto Magno, nacido en 1198, era a la vez filósofo, teólogo y naturalista. Fue maestro de santo Tomás de Aquino. A este dominico debemos quizás la definición más hermosa de vergel: “El vergel consta primero de un césped de fina hierba (…) un auténtico tapiz de verdor en donde nada debe sobrepasar la superficie uniforme. En uno de sus extremos, en el lado sur, se erguirán árboles: perales, manzanos, granados, laureles, cipreses (…), donde se entrelazarán las vides, cuyo follaje protegerá el césped y proporcionará una agradable y fresca sombra. (…) Detrás del césped, se plantarán hierbas aromáticas y medicinales, por ejemplo, ruda, salvia, albahaca (…), luego flores como la violeta, la aguileña, el lirio, la rosa (…). Convendrá levantar el suelo para formar allí un asiento verde y florido donde se pueda venir a sentarse y descansar suavemente el espíritu”.

Las flores también estaban destinadas a adornar los altares y la flor cortada se ofrecía así como sacrificio. Simbolizaba el sacrificio de Cristo, la Virgen, los mártires y los santos.

Bois Richeux © CDT 28

Herbularius – o jardín medicinal, último elemento del tríptico

Los monjes poseían un conocimiento empírico de las virtudes medicinales de las plantas. El herbolario era a la vez médico y boticario. La farmacia de los monjes ya se dividía entonces en seis registros: plantas contra la fiebre, plantas para mujeres, plantas cicatrizantes, purgas, plantas contra dolores de tripa y plantas antiveneno.

Los monjes veían en cada planta medicinal una manifestación de Dios que distribuía los recursos vegetales al alcance de los hombres. Tenían esta visión del mundo en la que no son las cosas en sí mismas las que son importantes, sino la realidad espiritual a la que refieren.

Jardines monásticos para visitar en Francia

Algunos jardines han conservado la armonía y el diseño de su origen medieval. Este es el caso particular de la abadía de Notre-Dame d’Évron en Maine. Otras han sido reconstruidas, como la abadía de Saint-Georges en Boscherville, Normandía. Los jardines monásticos contemporáneos de Solesmes y Saint-Wandrille son también magníficos ejemplos que perpetúan esta gran tradición.

Haz clic sobre la galería de imágenes para ver nuestra selección de los jardines monásticos franceses más bellos:

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